escuchando música haciendo ejercicios

Para su investigación, los científicos analizaron a 39.805 personas de entre 20 a 90 años de edad sin insuficiencia cardiaca en 1997 y evaluaron su actividad física total, incluida tanto la actividad en su tiempo de ocio como la relacionada con su trabajo. El ejercicio físico de los participantes fue dividido en tres categorías: leve, en el caso de paseos o caminatas casuales; moderada, en el caso de actividades como correr o nadar; y fuerte, como por ejemplo, deportes competitivos.

Los investigadores descubrieron que cuanto más activa era una persona, menor era su riesgo de insuficiencia cardiaca. De la misma forma, advirtieron que las personas que registraban más de una hora de actividad física moderada o media hora de ejercicio intenso al día, mostraban un riesgo de un 46% menos de desarrollar insuficiencia cardíaca que el resto de participantes.

No hace falta correr un maratón para obtener beneficios de la actividad física, puesto que incluso niveles muy bajos de actividad pueden tener efectos positivos. La actividad física disminuye los muchos factores de riesgo de enfermedades del corazón, que a su vez reducen el riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca, así como otras enfermedades del corazón”, afirma Kasper Andersen, coautor del estudio.