Papa Francisco en Basilica de San Pedro

El acto tuvo lugar en la basílica de San Pedro y junto al papa estuvieron el cardenal vicario de Roma, Agostino Vallini, el vicegerente Filippo Iannone y 40 sacerdotes amigos de las parejas.

Entre las parejas casadas por el Sumo Pontífice estuvieron Gabriella y Guido. Ella es madre soltera de una niña. Él tiene la anulación de un matrimonio anterior. Ambos rondan los 50 años y estuvieron entre los elegidos por el Vaticano para ser una de las 20 parejas casadas por el porpio Francisco.

«No creíamos que pudiésemos responder a los requisitos de las parejas católicas que la gente imagina», reconoció días atrás la mujer al diario La Repubblica.

El papa Francisco ya impartió otros sacramentos como la confirmación o la ordenación sacerdotal pero esta fue la primera vez que presida una boda desde que fuera elegido Sumo Pontífice, en marzo del pasado año.

De este modo, puso el acento en el papel que juega en la sociedad la familia, a su juicio una célula fundamental donde «se aprende a convivir en la diversidad y a pertenecer a los otros y donde los padres transmiten la fe a sus hijos».

El acto cobra especial relevancia ya que se produjo a un mes del Sínodo extraordinario de obispos sobre la Familia que se celebrará en el Vaticano entre el 5 y el 19 de octubre y que deberá trazar la línea pastoral sobre esta institución.

Entre las veinte parejas, los prometidos más jóvenes tienen 28 y 25 años mientras que los más grandes tienen 56 y 49.

Al término de la ceremonia, después de saludar al pontífice en la sacristía, los recién casados se adentraron en los jardines vaticanos para fotografiarse en la Gruta de Lourdes.

No es la primera vez que un Papa oficia esta ceremonia ya que Juan Pablo II casó a varias parejas durante el Encuentro Mundial de la Familia de 1994 y durante el Jubileo del 2000, además de oficiar otras tantas de carácter privado.

El matrimonio es uno de los aspectos que más suele abordar el papa Francisco durante sus homilías al considerar que atraviesa «una crisis cultural profunda».

Recientemente el papa reconocía con tono socarrón que «hay que tener valor para casarse hoy en día» y en múltiples ocasiones ha restado importancia a las discusiones de pareja al recordar que «no hay que llamar a la ONU» tras una discusión.

Llegó incluso a convocar una jornada el día de San Valentín en la que participaron 20.000 comprometidos provenientes de múltiples países de todo el mundo.