secretaria de cultura de Catamarca

A puro talento y mucha emoción se despidió la edición 21° del Festival Internacional de Títeres Don Quike que hasta el domingo tuvo lugar en la capital catamarqueña.

El espíritu del gran maestro titiritero Quike Sánchez Vera seguramente estuvo sobrevolando, feliz, la colmada sala Ezequiel Soria donde el grupo misionero de Kruvikas primero y sus discípulos del Barco de Papel después hicieron gala del oficio y le dedicaron sus funciones.

Oscar González y Luis Alberto López, herederos del arte de manipular las marionetas de hilo, deslumbraron a un auditorio de grandes y chicos dándole vida a los muñecos, personajes entrañables que robaron risa y también algunas lágrimas.

Detrás de un biombo que hacía las veces de escenografía, los marionetistas propusieron un desfile musical primero, con una banda de jazz, una pareja de bailarines cariocas y una familia de ñandúes, entre otros personajes, que cobraban vida por esa magia de tensar y soltar hilos que Sánchez Vera supo manejar con tanta maestría.

Después llegó el turno de “El gran circo más pequeño del mundo” donde un presentador – domador fue introduciendo a los payasos, malabaristas, trapecistas y animales mientras se escuchaba la banda sonora y el audio original grabados por Quike Sánchez Vera.

Aplausos y homenaje

Concluidas las funciones, se entregaron certificados a los grupos titiriteros del país y Latinoamérica que participaron del festival y a los ganadores de los concursos de dibujos y de dramaturgia, entre ellos a Ramón Alejandro Morra por “Corazón de títere” y a Renzo Barros, de solo 14 años, por “El mago distraído”.

Tras eso, se realizó el homenaje al titiritero catamarqueño, fundador de El Barco de Papel.

Un video con fotos que recorrían su historia y luego el testimonio de amigos, familiares y herederos de su arte sirvió para recordar al versátil artista que además de dramaturgo y maestro titiritero fue poeta, músico y artista gráfico.

Miguel Sagripanti recordó algunas de las aventuras vividas cuando Quike aún vivía en Catamarca y juntos llevaban la magia de los títeres a las escuelas catamarqueñas. Blanca Gaete también evocó sus enseñanzas y hasta una amiga de su juventud, Rina Romero, lo recordó como un joven alegre, simple y muy creativo.

También su sobrina, Esperanza Bazán y uno de sus discípulos, Oscar González hablaron de ese hombre que, todos coincidieron, conservó hasta el final su alma de niño, la que le permitió dar vida a tantas historias y a tantos personajes que hoy siguen alegrando a grandes y chicos.

Esta edición del Festival de Títeres Don Quike se realizó con organización de los grupos Cachalahueca, Chincho Poroto y la Secretaría de Cultura de la Provincia.