Papa Francisco con familia

Al inicio de este acontecimiento, quizás las siguientes consideraciones puedan ayudar a comprender mejor la tarea de este sínodo:

Apertura a los nuevos desafíos: los cambios culturales exigen formas nuevas de presentación del mensaje cristiano y si la Iglesia Católica subsiste desde hace veinte siglos es porque siempre ha sabido ser fiel al mensaje original que le toca custodiar y a la vez adaptar el lenguaje en el que comunica ese mensaje recibido, a fin de hacerlo más comprensible a quien lo recibe.

No debe escandalizarnos que cinco cardenales publiquen un libro en contra de la postura del cardenal Kasper

Los sínodos siempre se enmarcan en esta apertura a desafíos nuevos en el camino de la evangelización. Las nuevas situaciones familiares son para la iglesia un desafío que se debe enfrentar con valentía y creatividad para no dejar a nadie fuera del anuncio del mensaje de salvación de Jesús.

Dialogar sin polarizar: es bueno que existan tensiones y posturas distintas en el camino del sínodo, porque esa diversidad aportará una perspectiva más global de la problemática analizada. No debe escandalizarnos que cinco cardenales publiquen un libro en contra de la postura del cardenal Kasper y que luego éste responda en distintas entrevistas a la postura de aquellos. Es natural que existan opiniones distintas y las instituciones son más maduras cuando saben dejar lugar al dialogo sereno y constructivo en la búsqueda de una fidelidad mayor a la realidad en su conjunto. El sínodo no es para exponer las posturas de distintas facciones de la Iglesia sino para servir al santo pueblo fiel de Dios en la búsqueda del bien y la verdad.

Una tarea es discernir cómo puede la Iglesia manifestar mejor la «sanante» misericordia infinita de Dios en las diversas situaciones de la vida familiar

La misericordia en el núcleo del mensaje de la Iglesia: desde el inicio de su pontificado Francisco insiste en la centralidad del amor incondicional de Dios que es su misericordia. La Iglesia está llamada a expresar ese amor a través de gestos y palabras. La situación de los divorciados vueltos a casar es aquí un punto neurálgico. Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI han reiterado la cercanía y el amor de la Iglesia a las familias en esa situación por cierto tan numerosas hoy día. Hoy el Papa Francisco insiste en que la Iglesia está llamada a ser en este tiempo como un «hospital de campaña» que cure las heridas de tantos lastimados y adoloridos. El sínodo tendrá también la tarea de discernir de qué modo la Iglesia puede manifestar mejor la «sanante» misericordia infinita de Dios en las diversas situaciones de la vida familiar.

Este sínodo trasciende a la Iglesia porque la familia es una de las realidades más beneficiosas de la humanidad

La educación en la fe de los hijos surgidos en familias no sacramentales: si se piensa que en el actual contexto muchos niños y jóvenes nacidos de matrimonios no sacramentales, no podrán ver jamás a sus padres acercarse a los sacramentos, se comprende que esta situación es una urgencia y un enorme desafío para la Iglesia que en el futuro irá perdiendo fieles o verá alejarse a las jóvenes generaciones. Éste también es uno de los grandes desafíos sobre el que hay que reflexionar.

Pero cabe agregar que el sínodo de la familia es un acontecimiento cuya importancia trasciende los límites institucionales de la Iglesia porque la familia es una de las realidades más beneficiosas de la humanidad. Fortalecer la familia será esencial a la hora de enfrentar los grandes desafíos del mundo actual. La violencia de género, y cualquier tipo de violencia, las conductas criminales y por ende la inseguridad, el problema de las adicciones y por ende el narcotráfico, las conductas discriminatorias y excluyentes, la pobreza, la tristeza y la falta de horizontes, todos estos males tienen menos posibilidades de crecer si hay vínculos familiares sanos y contenedores.

Por todas estas cosas es importante que la Iglesia se tome un tiempo y reflexione, rece y estudie la situación de la familia en el mundo de hoy, porque si se puede contribuir al mejoramiento y a la profundidad de los vínculos familiares, en definitiva se contribuirá al surgimiento de un mundo mejor, más humano, más feliz.