memoria selectiva

Si se considera selectiva la memoria que sólo retiene determinadas cosas, entonces todos tenemos una memoria selectiva, sobre todo en el terreno profesional: a lo largo de los años, establecemos, desarrollamos y reforzamos unos circuitos memorísticos particulares en campos especializados. Un ebanista, por ejemplo, desarrolla una memoria táctil que le permite distinguir una madera de otra con solo tocarlas. Un contable tiene una memoria especial para los números, un jardinero es capaz de reconocer decenas de variedades de plantas, un músico aprende partituras de memoria, etc. Al ejercitarlos continuamente, estos circuitos funcionan a la perfección cada vez que se necesitan.

Salvo en el caso de accidentes que afecten a una o varias zonas del cerebro, la memoria guarda siempre todo lo que percibimos, vivimos o aprendemos. Es selectiva cuando ya no utilizamos los circuitos que nos permitirían reconstruir un determinado recuerdo. Esos circuitos pueden estar, sencillamente, oxidados, como una bicicleta abandonada a la intemperie, y un poco de entrenamiento bastará para ponerlos en marcha… Pero también puede ocurrir que seamos nosotros quienes inconscientemente evitemos utilizarlos para…