idioma

Cuando niños aprendemos el idioma materno en un proceso maravilloso llamado Adquisición del Lenguaje. Estamos inmersos en un mundo de sonidos y poco a poco los asociamos a un significado particular. Lo primero que aprendemos son las palabras de «contenido»; sustantivos, verbos, adjetivos y adverbios.

La persona que nos cuida incorpora las palabras «funcionales» y así generamos oraciones. «Papá llegó casa» pasa a ser «El papá llegó a casa».

En el aprendizaje de un idioma extranjero el contexto es diferente y requiere esfuerzo.

El grado de dificultad está dado por la relación que existe entre la lengua materna y el lenguaje por aprender. Si no existen raíces comunes será más difícil.

El nivel de dominio esperado en L 2 es proporcional al dominio de L1. Así, si hablas bien tu propio idioma tienes la posibilidad de hablar bien el idioma extranjero. Todo dependerá de tu esfuerzo y práctica constante.

El entrenamiento de escucha requiere de un sofisticado aparato llamado Oído Electrónico cuya estimulación sonora permite que el estudiante pase de la percepción auditiva habitual, a la requerida por el idioma que va a ser aprendido. 

Al entrenar el oído para la recepción e interpretación de los sonidos del idioma por aprender, el estudiante reduce en un 50% la dificultad de este aprendizaje según han comprobado estudios europeos y japoneses.

“Solo hablamos bien un idioma si lo escuchamos bien, es decir, cuando podemos analizar los sonidos y reconocer el ritmo de la melodía lingüística”.

Estudiar una lengua extranjera implica dos cosas: 
1. Poder sobrepasar la barrera auditiva impuesta por la propia lengua madre, y 
2. Aprender a escucharla, antes que aprender a hablarla, ya que sólo cuando nuestro oído está sensible a ella, es cuando podemos integrarla y estudiar correctamente su gramática.