Andahazi

Más de una hora de escucha atenta y sostenida logró el escritor Federico Andahazi en lo que fue su primera visita a Catamarca. Conocedor del manejo de los hilos de la tensión narrativa no solo en la escritura sino también en la oralidad, el reconocido autor compartió la noche del jueves 23 una entretenida charla con el público que se dio cita en la sala Ezequiel Soria.

Invitado por la Secretaría de Cultura de la Provincia para integrar la programación del Festival de la Palabra y las Artes, Andahazi tomó la iniciativa y habló por su cuenta, pero también recibió y respondió preguntas de los lectores catamarqueños y terminó firmando libros, fotografiándose y charlando mano a mano con todos los que se quedaron al término de la charla.

“Los escritores por lo general vivimos encerrados en nuestras bibliotecas, detrás de nuestros escritorios. Para nosotros el lector es una suerte de conjetura. Así que de pronto venir a una charla y ver materializarse al lector en cada uno de ustedes es muy fuerte”, dijo al inicio para romper el hielo.

Haciendo una analogía con el ajedrez, dijo que aunque en un libro el autor crea estar siempre ganando la partida –porque es quien decide cómo avanza la obra- “la última jugada siempre la tiene el lector, que es quien le termina de dar sentido al texto”.

Psicoanalista de profesión, Andahazi creyó importante desandar su historia familiar para contar de dónde viene su vínculo con la literatura. Así, los lectores catamarqueños supieron que su abuelo materno, inmigrante ucraniano, llegó a tener una editorial y que la biblioteca que acumuló tras toda una vida de trabajo terminó quemada en un baldío del frente de su casa, cuando llegó al poder la última dictadura. “Yo lo vi desde la ventana del departamento y para mí fue verlo como inmolarse. En ese momento decidí que algo quería hacer con la literatura”, contó.

Andahazi contó con humoradas las desventuras que atravesó para pasar de ser autor inédito a autor publicado, y narró una vez más el “empuje” que supuso para su carrera literaria, incipiente por entonces, cuando la Fundación Fortabat decidió retirarle el premio que el jurado había otorgado por unanimidad a su novela El Alquimista por “no contribuir a resaltar los más altos valores del espíritu humano”.

Premiada y publicada por editorial Planeta finalmente, El Anatomista terminó traducida a más de 30 idiomas y le permitió a Andahazi desarrollar una sostenida carrera literaria y también ensayística.

El autor fue develando el origen de los personajes de sus libros –muchos de existencia real y concreta- e hilvanando con destreza narrativa cómo un dato que le quedaba rondando a partir de un libro se convertía después en la punta para crear su próxima novela y así, logrando armar una cadena entre eslabones que estaban muy dispersos en tiempo y espacio.

Trazando un paralelismo con el “descubridor” de América, Andahazi contó su fascinación cuando, investigando para una de sus novelas, supo que hubo en 1559 un médico llamado Mateo Colón que “descubrió” y describió para la ciencia el clítoris. Y relató cómo descubrir a ese personaje que la historia se había encargado de ocultar fue la base de su escritura urgente de “El Anatomista”.

A partir de las preguntas del público fue dando cuenta de las razones e inspiraciones de sus distintas obras y dedicó un párrafo especial para hablar de los tres tomos de la Historia Sexual de los Argentinos, que abarca desde prácticas y personajes de la época colonial a los usos y costumbres contemporáneos. “No hay nada más difícil que escribir sobre historia y nada más difícil que escribir sobre sexo. Imagínense unir las dos cosas, fue dificilísimo”, dijo tras evocar algunas anécdotas que recogen estas obras.