Día de los Fieles Difuntos

La reflexionar sobre la conmemoración de los fieles difuntos, que la Iglesia recuerda este domingo, el arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, señaló que “la fe no es algo ajeno a la vida del hombre, sino una luz que le da un sentido y lo acompaña en su caminar. Esto nos ayuda a comprender por qué celebramos a los fieles difuntos”.

El prelado reconoció que “podría parecer que no habría motivos para celebrar algo que nos ha entristecido”, pero destacó, sin embargo, que es una celebración que tiene un profundo sentido humano y espiritual”.

“San Pablo, cuando les habla a los cristianos de Tesalónica, les dice: ‘No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como quienes no tienen esperanza’. Les habla de no estar tristes, como quienes no tienen esperanza, por no conocer el sentido pleno de la verdad del hombre como hijo de Dios. Esto es lo propio de la fe”, sostuvo.

El arzobispo santafesino explicó que “Dios no nos ha creado para la muerte sino para la vida, que hoy ya la estamos viviendo y va en camino a una plenitud. La muerte es un momento de nuestra vida, pero no la última palabra. Desde la resurrección de Jesucristo podemos decir con la confianza de san Pablo: ‘La muerte ha sido vencida. E interrogarla desde la certeza de la fe: ¿Dónde está muerte, tu victoria? ¡Demos gracias a Dios, concluye Pablo, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo!”

“Esta dimensión teológica y espiritual no nos debe hacer indiferentes frente a la realidad humana del dolor, al que debemos asumir y acompañar con nuestra presencia y oraciones. Es un signo de fe en este día acercarnos a rezar por nuestros fieles difuntos, tal vez yendo a un cementerio, visitando o llamando a los familiares que han perdido un ser querido”, sugirió.

Por último, monseñor Arancedo aseguró que “la fe no nos encierra en el dolor, nos hace partícipes de él, pero nos abre a una esperanza que se apoya en la certeza del amor de Dios que hemos conocido por Jesucristo. ¡Qué importante, por ello, es conservar la sabia costumbre de poner un crucifijo como señal de nuestra esperanza!”.