Papa Francisco en Santa Marta

El verdadero cristiano no tiene miedo de ensuciarse las manos con los pecadores, de arriesgar incluso su fama, porque tiene el corazón de Dios, que no quiere que nadie se pierda, afirmó el jueves 6 de noviembre el Papa en la Misa en la Casa Santa Marta.

En el centro de la homilía del Papa Francisco estuvieron las dos parábolas de la oveja y la moneda perdidas. Los fariseos y los escribas se escandalizan porque Jesús “acoge a los pecadores y come con ellos”.

“Era un verdadero escándalo en esa época, para esta gente”, observó el Papa, que exclamó: “¡Imaginemos que existiesen periódicos en esa época!”.

Pero Jesús vino “para esto: para ira a buscar a los que estaban lejos del Señor”. Estas dos parábolas, explica, “nos hacen ver cómo es el corazón de Dios: Dios no se detiene, Dios no va hasta cierto punto. Dios va hasta el fondo, el límite, siempre va al límite, no se detiene a mitad camino de la salvación, como si dijese: ‘He hecho todo, el problema es suyo’. Él va siempre, sale, desciende al campo”.

Los fariseos y los escribas, sin embargo, se detienen “a mitad camino; a ellos les importaba que el balance de los beneficio y de las pérdidas fuese más o menos favorable y con esto estaban tranquilos. ‘Sí, es verdad,  he perdido tres monedas, he perdido diez ovejas, pero he ganado mucho,… esto no entra en la mente de Dios, Dios no es un negociante, Dios es Padre y va a salvar hasta el final, hasta el límite”, aseguró. Y el “amor de Dios es esto”.

Pero “es triste, afirma, el pastor a mitad camino”, “es triste el pastor que abre la puerta de la Iglesia y se queda allí a esperar; es triste el cristiano que no siente dentro, en su corazón, la necesidad de ir a contar a los otros que el Señor es bueno”.

“¡Cuánta perversión hay en el corazón de los que se creen justos, como estos escribas, estos fariseos –denunció Francisco-. Ellos no quieren ensuciarse las manos con los pecadores. Recordemos eso, eso que pensaban: ‘Si este fuese profeta sabría que ella es una pecadora’. El desprecio. Usaban a la gente, después la despreciaban”.

“Ser un pastor a mitad camino -afirmó Papa Francisco- es una derrota”. “Un pastor debe tener el corazón de Dios, ir hasta el final”, porque no quiere que nadie se pierda.

“El verdadero pastor, el verdadero cristiano tiene este celo dentro: que nadie se pierda. Y por esto no teme ensuciarse las manos. No tiene miedo”, afirmó.

“Va donde debe ir. Arriesga su vida, arriesga su fama, arriesga el perder su comodidad, su estatus, también perder en la carrera eclesiástica incluso –continuó-, pero ser un buen pastor”.

“También los cristianos deben ser así. Es muy fácil condenar a los demás, como hacían estos, los publicanos, los pecadores, es muy fácil, pero no es cristiano, ¿eh? No es de hijos de Dios”, advirtió.

“El Hijo de Dios va al límite, da la vida, como la dio Jesús por los demás. No puede estar tranquilo cuidándose a sí mismo. Su comodidad, su fama, su tranquilidad –añadió-. Recordad esto: pastores a mitad camino ¡No! ¡Nunca! Cristianos a mitad camino ¡nunca!”.

“Es lo que hizo Jesús”. “El buen pastor, el buen cristiano -concluyó el Papa- sale, siempre esta en salida: de sí mismo, hacia Dios, en la oración, en la adoración; está en salida con respecto a los demás para llevarles el mensaje de la salvación”.

Y el buen pastor, el buen cristiano sabe lo que es la ternura, añadió. “Estos escribas, fariseos no sabían lo que era cargar sobre sus espaldas la oveja, con esa ternura, y llevarla con las demás a sus sitio. Esta gente no sabía lo que era la alegría”.

Según Francisco, “el cristiano y el pastor a mitad camino quizás saben de diversión, de tranquilidad, de cierta paz, pero no de alegría, de la alegría que hay en el Paraíso, esa alegría que viene de Dios, esa alegría que viene del corazón de padre que va a salvar!”.

“‘He escuchado los lamentos de los israelitas y desciendo allí’… Esto es muy bello, no tengáis miedo de que se hable de nosotros porque vamos al encuentro de los hermanos y hermanas que se han alejado del Señor –invitó-. Pidamos esta gracia para cada uno de nosotros y por nuestra Madre, la Santa Iglesia”.