Al Baghdadi, jefe del Estado Islámico

Si Estados Unidos ha matado o herido de gravedad en un bombardeo al líder del Estado Islámico (EI), Abu Bakr al Bagdadi, que se presenta ante el mundo como el califa Ibrahim, no es probable que esto signifique el fin de la organización yihadista. Tan solo es de esperar que, al menos, sirva a Estados Unidos para ganar tiempo en su nueva estrategia en Iraq. El presidente Barack Obama anunció la semana pasada que duplicará el número de asesores militares en Iraq, hasta unos 3.000, y ha solicitado cinco millardos de dólares al Congreso para financiar al campaña contra el EI.

El antecesor de Al Bagdadi en la organización –cuando ésta aún se llamaba tan solo Estado Islámico de Iraq-, Abu Musab al Zarkaui, fue muerto en un bombardeo de EE.UU. en junio del 2006. Y el que estaba llamado a ser su sucesor, Abu Hamza al Muhajir, pereció en un ataque conjunto iraquí-estadounidense en el 2010. Aunque para entonces Al Muhajir ya no era el líder máximo, pues había jurado fidelidad a Abu Omar al Qurashi al Bagdadi. Este, a su vez, fue liquidado de la misma manera. Y Abu Bakr el Bagdadi ocupó su lugar en abril del 2010.

EE.UU. puso –como en el caso de Al Zarkaui, precio a la cabeza de Al Bagdadi: 10 millones de dólares. Pero a estas alturas Washington sabe que en el yihadismo los líderes son reemplazados con facilidad. Según Ali Jedery, que fue asesor del Mando Central estadounidense entre el 2003 y el 2009, “los movimientos yihdistas transnacionales no pueden ser destruidos simplemente derrocando a su líder”. De hecho, la persecución y muerte de Osama bin Laden lo dice todo…

Hay dos versiones sobre el bombardeo que habría alcanzado a Al Bagdadi: viajaba en un convoy de diez vehículos, cerca de Mosul, o estaba en una casa en la localidad de Al Qaim (al parecer, se movía entre uno y otro sitio recientemente) reunido con una treintena o más de cabecillas. Si, como dice el Gobierno iraquí, muchos o todos ellos han muerto, no resultaría fácil el relevo del líder del EI. Bagdad da por muerto a uno de sus hombres de confianza, Auf Abdulrahman Elefery (Abu Suja). En cualquier caso, si Al Bagdadi hubiera muerto, ¿su sucesor se declarará también califa y comendador de los creyentes?

El hecho de que el Gobierno iraquí insista todavía hoy en que el bombardeo ha sido efectivo, mientras Washington sigue sin confirmarlo abre dudas sobre la eficiencia en la cadena de información de inteligencia iraquí-estadounidense. Pero hay que tener en cuenta que el Estado Islámico se apoya en Iraq en tribus suníes de regiones anteriormente muy castigadas por las tropas estadounidenses en los años de la ocupación del país. Y se supone que el mando militar de EE.UU. pone esta vez buen cuidado en evitar víctimas civiles en sus bombardeos para no alimentar aún más las filas yihadistas. Precisamente porque se están registrando señales positivas: tribus suníes, milicias chiíes y tropas del Gobierno iraquí luchan ahora juntas para arrebatar al Estado Islámico la localidad de Hit, a unos 180 kilómetros de Bagdad.