Lucía Corpacci en el Colegio Nacional

“Para mí es un honor poder estar festejando con ustedes estos 150 años. El Colegio Nacional tiene para mí una implicancia muy especial, porque mi madre fue docente de este Colegio. Fue docente también de la Normal de Mujeres, de la Escuela de Comercio, del Liceo, pero por algún motivo ella tenía puesto su corazón acá, en este Colegio Nacional y los niños del Colegio Nacional eran siempre sus preferidos. Yo recuerdo haber venido de muy chica cuando mi mamá no tenía con quién dejarnos, a acompañarla un ratito en el horario de clases, y recuerdo haberle dicho: ‘Ah! Estos son tus niñitos del Colegio Nacional, ¿y qué tienen de distinto?’. Y ella decía algo que le escuché decir a usted doctor, ‘Son críticos no son indiferentes, son jóvenes que se involucran, son jóvenes que están con ganas de participar en cuanto actividad uno les propone’. Y recuerdo también el amor que tenían todos por su colegio que, llámese como se llame, siempre va a ser el Colegio Nacional y no hay modo de cambiarle el nombre y lo seguirá siendo, aunque algo podremos hacer para garantizar que nunca más se lo cambie. Pero creo que en este Colegio Nacional y los alumnos que están hoy acá -ya no son todos varones, ahora hay niñas, hay jóvenes y está bueno que sea así- tienen que saber que pertenecen a una escuela que tiene antiquísima historia, que efectivamente ha dado grandes hombres, hombres que se dedicaron a la política, hombres que pudieron seguir con mucho esfuerzo, porque creo que también ése es otro mérito del Colegio Nacional: un colegio donde estaba el hijo del médico pero también el hijo del más humilde, de cualquier trabajador catamarqueño, en una simbiosis y de una solidaridad pocas veces vista. Hacía que tuviera una característica especial y que espero que la siga teniendo: este colegio dio grandes hombres de las letras, de las artes, pero por sobre todo dio gente de bien, buenas personas, siendo político, carpintero, albañil, industrial, médico pero que tenía esto que dan la escuela y el hogar, que es el sentir que tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos, y creo que este colegio se lo dio a todos los que pasaron por acá.

Paso épocas buenas, malas, recuerdo un colegio deteriorado, recuerdo haber venido como médica a dar charlas acá y me daba pena ver la biblioteca preciosa que tenía con libros llenos de tierra, y después se recuperó el colegio… pero aun en las peores condiciones siempre conservó la esencia, siempre conservó esas ganas de aprender, esas ganas de enseñar de los docentes. Creo que también en eso este colegio es un modelo y también es bueno hacer una reflexión. Las instituciones educativas son lo que son sus directivos, y son lo que son sus docentes, y este colegio sigue teniendo excelentes docentes que entendieron que ser docente no es solo impartir contenidos curriculares; para mí la esencia de un docente es poder transmitir el saber ser, el saber ser buena persona, el saber ser solidario, el saber ser crítico, el saber ser observador… sobre todo a ser buena persona.

Los veía emocionados y a todos nos pasa cuando volvemos a nuestro colegio… los que pronto egresan van a sentir después, como todos, la nostalgia del colegio que nos formó. Y como todos alguna vez volverán de acá, en 20 ó 25 años y se acordarán que estuvieron en los 150 años y que veían como los ex alumnos se emocionaban… y van a entender por qué nos emocionamos cuando volvemos a nuestro colegio. ¡Feliz cumpleaños querido Colegio Nacional!”.