El Principito

Un piloto que se estrelló en el desierto del Sahara. Un chico, o quizás un niño proveniente de un asteroide lejano. Una rosa, un zorro y una serpiente. Estos son los ingredientes mezclados por Antoine de Saint-Exupéry en las páginas del «Principito».

El Principito ha sido traducido a 240 idiomas y dialectos, y 71 años después de su publicación, ha vendido 145 millones de ejemplares en el mundo.

Ahora la novela de Antoine de Saint-Exupéry se convertirá en una película de animación. Realizado en animación CGI y stop motion con un presupuesto de di 80 millones de dólares, será una de las películas presentadas en el próximo Festival de cine de Cannes. A las salas francesas llegará en octubre de 2015. La El director es Mark Osborne, creador de Bob Esponja y director de la película Kung Fu Panda.

La historia, narrada en forma de cuento para niños por su autor, es un relato poético sobre el significado de la vida, sobre el amor y la amistad.

El autor iba a comunicar a su amigo que, de forma inesperada, había conseguido  reparar el motor de su aeroplano pero, precisamente en ese momento, el Principito le anuncia que ha decidido marcharse. El diálogo entre ambos es conmovedor: el autor sabe que algo irreparable va a suceder de un momento a otro, y que él no puede hacer nada para impedirlo.

El Principito le repite una vez más que “lo importante es lo que no se ve”, y después le hace un regalo: ríe por última vez, diciéndole que cuando mire las estrellas le oirá reír de la misma forma. Entonces, esas estrellas se volverán únicas e irrepetibles a sus ojos, pues tras ellas se esconde el Principito. Como el zorro ve al Principito en el campo de trigo, así el autor lo verá en las estrellas.

“Los hombres tienen estrellas que no son las mismas. Para unos, los que viajan, las estrellas son guías. Para otros no son sino pequeñas luces. Para otros, que son sabios, son problemas, Para mi hombre de negocios eran de oro. Pero todas estas estrellas están calladas. Tu, tu tendrás estrellas como nadie tiene… Cuando tu mires al cielo, la noche, dado que yo reiré en una de ellas, será para ti como si todas las estrellas rieran. ¡Tu tendrás, tu solo, estrellas que saben reír!”

El Principito le explica que la serpiente le morderá: él aparentemente morirá, pero en realidad dejará solo su cuerpo en la Tierra (“será como una vieja corteza abandonada. No están tristes las cortezas viejas…”), porque es demasiado pesado para poder ser transportado, mientras que su espíritu volverá al asteroide B612.

La noche siguiente, el Principito se puso en camino hacia el lugar convenido con la serpiente. El autor, que no se resigna a la idea de la separación, le sigue, hasta el definitivo adiós, cuando la serpiente aparece de repente y le muerde en el talón. No es la muerte del Principito, sino su vuelta a casa.