Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas,

hemos concluido un ciclo de catequesis sobre la Iglesia. Damos gracias a Dios que nos ha hecho hacer este camino redescubriendo la belleza y la responsabilidad de pertenecer a la Iglesia.

Ahora comenzamos un nuevo ciclo sobre el tema de la familia, que se inserta en este tiempo intermedio entre dos Asambleas del Sínodo dedicadas a esta realidad tan importante. Por ello, antes de entrar en el recorrido sobre los diversos aspectos de la vida familiar, hoy deseo volver a partir precisamente desde la Asamblea sinodal del pasado mes de octubre, que tenía este tema: “Los retos pastorales sobre la familia en el contexto de la nueva evangelización”. Es importante recordar como se ha desarrollado y qué ha producido.

Durante el Sínodo los media hicieron su trabajo – había mucha expectativa, mucha atención – y les damos las gracias porque lo hicieron también con abundancia. Esto ha sido posible gracias a la Sala Stampa, que cada día hizo un briefing. Pero a menudo la visión de los media era un poco en el estilo de las crónicas deportivas, o políticas: se hablaba a menudo de dos equipos, pro y contra, conservadores y progresistas, etc. Hoy quisiera brevemente contar lo que ha sido el Sínodo.

Ante todo yo pedi a los padres sinodales que hablaran con franqueza y valor y que escucharan con humildad. A decir todo lo que tenían en el corazón, con valor, en el Sínodo no hubo censura previa. No hubo. Cada uno podía, es más, debía decir lo que llevaba en el corazón, sinceramente. Pero Padre, esto hará discusión. Es verdad, hemos oido cómo los Apóstoles, dice el texto, salió una fuerte discusión, se gritaban los Apostoles entre ellos, sí, porque buscaban la voluntad de Dios sobre los paganos, si podían entrar en la Iglesia o no, era una cosa nueva. Siempre, cuando se busca la voluntad de Dios, en una Asamblea sinodal hay diversos puntos de vista y hay discusión, y eso no es malo, siempre que se haga con humildad y con ánimo de servicio a la asamblea de los hermanos. Habría sido una cosa mala la censura previa. No no, cada uno tenía que decir lo que pensaba.

Tras la Relación inicial del Card. Erdö, hubo un primer momento, fundamental, en el que todos los Padres pudieron hablar, y todos escucharon. Un momento de gran libertad, en el que cada uno expuso su pensamiento con parresía y con confianza. En la base de las intervenciones estaba el “Instrumentum laboris”, fruto de la precedente consulta de toda la Iglesia. Y aquí debemos dar gracias a la Secretaría del Sínodo por el gran trabajo que hizo tanto en la parte anterior como durante la Asamblea.

Ninguna intervención puso en discusión las verdades fundamentales del Sacramento del Matrimonio: la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la apertura a la vida (cfr Conc. Ecum. Vat. II, Gaudium et spes, 48; Código de Derecho Canónico, 1055-1056).

Todas las intervenciones fueron recogidas y así se llegó al segundo momento, es decir, Relatio post disceptacionem. También esta Relatio fue realizada por el cardenal Erdö, articulada en tres puntos: la escucha del contexto y de los retos de la familia; la mirada puesta en Cristo y el Evangelio de la familia; la confrontación con las perspectivas pastorales.

Sobre esta primera propuesta de síntesis se desarrolló la discusión grupos, que fue el tercer momento. Los grupos, como siempre, estaban divididos por idiomas: italiano, inglés, español y francés. Cada grupo al final de su trabajo presentó una relación, y todas las relaciones de los grupos fueron en seguida publicadas. Todo se dio, hubo trasparencia, para que se supiera lo que sucedía.

En ese punto – es el cuarto momento – una comisión examinó todas las sugerencias surgidas de los grupos y se hizo la Relación final, que mantuvo el esquema precedente – escucha de la realidad, mirada al Evangelio y compromiso pastoral – sino que buscó recibir el fruto de las discusiones en los grupos. Como siempre, se aprobó también un Mensaje final del Sínodo, más breve y más divulgativo respecto a la Relación.

Este ha sido el desarrollo de la Asamblea sinodal. Todo sucedió “cum Petro et sub Petro”, es decir, con la presencia del Papa, que es garantía para todos de libertad y de confianza y garantía de la ortodoxia. Y al final con una intervención di una lectura sintética de la experiencia sinodal.

Por tanto, los documentos oficiales salidos del Sínodo son tres: el Mensaje final, la Relación final y el discurso final del Papa. No hay otros.

La Relación final, que fue el punto de llegada de toda la reflexión, ahora se envía a las Conferencias Episcopales, que la discutirán ante la próxima Asamblea, la Ordinaria, en octubre de 2015. Se había publicado antes, pero ayer se publicó con las preguntas que se hacen a las conferencias episcopales, con lo que se convierten en los lineamenta del próximo sínodo.

Tenemos que saber que el Sínodo no es un parlamento, donde vienen representantes de esta Iglesia, de esta Iglesia, de esta otra, . No es esto. Hay representación sí, pero la estructura es distinta, no es parlamentaria, es totalmente distinta. El Sínodo es un espacio protegido para que el Espíritu Santo pueda actuar; no hubo un enfrentamiento entre facciones, como en un parlamento, esto es legítimo en un parlamento, sino un intercambio entre los obispos, que tuvo lugar tras un largo trabajo de preparación y que proseguirá en otro trabajo, para el bien de las familias, de la Iglesia y de la sociedad. Es un proceso, es el normal camino sinodal.

Ahora continua en las Iglesias particulares el trabajo de oración, reflexión y discusión fraterna con el fin de preparar la próxima Asamblea. Este es el Sínodo de los Obispos. Lo confiamos a la protección de la Virgen Madre. Que ella nos ayude a seguir la voluntad de Dios tomando las decisiones pastorales que ayuden más y mejor a la familia. Os pido que acompañéis este trabajo con la oración.