adolescentes

Si tienes hijos pre adolescentes sabes que son habituales las negociaciones e incluso algunos conflictos durante la crianza. A veces, los padres caemos en el error de convertir esas discusiones en luchas de poder, algo totalmente contraproducente en la educación de los hijos.

Cuando hay conflictos por la forma en que se cría a los hijos, donde ellos quieren una cosa y los padres dictan otra, hay que buscar la manera de encontrar una solución en la que todas las partes consigan algo de lo que quieren. Las siguientes son los dos conflictos de crianza más comunes en las familias con hijos pre adolescentes, y en las que lo mejor es negociar para llegar a un acuerdo.

La hora de ir a la cama

El tener una hora para ir a dormir cada noche es importante para los pre adolescentes al igual que para los adultos; sin embargo, pueden hacerse excepciones y modificar la hora según las actividades del momento o del día siguiente. Por ejemplo, si acostumbras a enviar a tus hijos a la cama a las 20.30 hs, el que vayan un día media hora más tarde no les afectará.

Lo que realmente importa es que los hijos tengan rutinas, que sepan qué es lo que sigue a continuación de un acto. El tener una rutina los acostumbra y enseña a cumplir horarios, órdenes y secuencias, tres características que necesitarán para cumplir con sus responsabilidades cuando sean adultos.

No ver la televisión

Muchas veces me he encontrado con padres que prohíben a sus hijos ver la televisión mientras comen, pero después encienden el televisor. ¿Qué sentido tiene esto? Si quieres potenciar la comunicación en la familia, lo lógico es mantener el televisor apagado mientras comen todos juntos.

Sin embargo, no deberías estar ajena a la realidad. Hoy en día hay programas de televisión que son educativos e interesantes para los niños, y no está mal que los vean en alguna ocasión mientras comen en la mesa.

El mal hábito de la televisión se daría en caso que el niño sólo quisiera ver la televisión y dejara de lado otros quehaceres importantes de casa o de la escuela, e incluso si no quisiera salir con sus amigos por ver la televisión. Lo que importa es controlar qué es lo que ven los hijos y cuánto tiempo dedican a estar frente de la pantalla, pero prohibirle verla no sería la solución.