culpa

No te esfuerces en decir que no te apetece o pensar en lo que engorda. Cuando un comensal pide un trozo de esa deliciosa bomba de chocolate ‘para compartir’, el resto de la mesa termina acompañándole sin rechistar. Lo mismo ocurriría si tu madre te la pusiera directamente en el plato. Si alguien decide por nosotros, nos soltamos la melena y comemos sin remordimientos.

Esta es la conclusión de un estudio publicado en el ‘Journal of Consumer Research’, que ha demostrado que las personas se sienten mucho más felices cuando otra prácticamente le obliga a tomar ese manjar que tiene prohibido. O a comprar ese reloj tan caro que se le ha antojado.

“La libertad para tomar nuestras propias decisiones es lo que nos hace pensar con sentido común y preocuparnos por nuestro bienestar”, explican los autores de la Universidad de Hong Kong. Sin embargo, cuando una opción nos produce un sentimiento de culpa (como la que sentimos al pensar en una tableta de chocolate) preferimos que sean otros los que elijan por nosotros. Que nos obliguen sirve de excusa para olvidarnos de las calorías.

Los investigadores realizaron varias pruebas, una de ellas con dos libros: uno educativo y uno de entretenimiento. A un grupo de participantes en el estudio les entregaban uno de los dos ejemplares, mientras que al resto les dejaban elegir. En el caso de los contenidos educativos, no hubo diferencia si se lo daban específicamente o lo elegían ellos mismos: lo leían con la misma actitud. Cuando se trataba del libro de ocio, los que lo recibían directamente lo disfrutaban mucho más que quienes lo habían escogido, que se sentían culpables por su elección.