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Vivir muy cerca del lugar al que se acude a trabajar a diario es algo que casi toda la gente valora muy positivamente. También es evidente que la situación contraria, la de vivir lejos del lugar del trabajo, con el tiempo extra consumido en los trayectos que ello conlleva, tiende a hacer más dura la jornada laboral. Pero ¿hasta qué punto la distancia entre la vivienda de una persona y el sitio donde trabaja influye en sus probabilidades de sufrir una depresión?

El tiempo que se tarda en ir de casa al trabajo y viceversa puede servir para ayudar a la persona a prepararse para el cambio entre su jornada laboral y su vida personal fuera de ella. Pero cuando ese tiempo es largo, provoca más efectos psicológicos negativos que positivos, tal como ya intuía la sabiduría popular y ahora corrobora una investigación.

El equipo de la profesora Margo Hilbrecht, de la Universidad de Waterloo en Canadá, ha constatado que cuanto más tiempo pasemos yendo y volviendo del trabajo, menos probable será que estemos satisfechos con la vida. Es casi como una relación matemática.

Por tanto, sabiendo ahora que la distancia entre el hogar y el lugar de trabajo es una influencia tan clara en el grado de felicidad que podemos experimentar, valdría la pena reflexionar, tal como plantea Hilbrecht, si quizá, si se tiene la oportunidad de escoger, sería mejor escoger un puesto de trabajo en el que nos paguen un poco menos pero que esté más cerca de casa.