Papa Francisco en Filipinas, misa en Tacloban

En Ciudad Tacloban, Isla de Leyte, lugar más azotado por el último tifón, el Obispo de Roma dijo en una homilía improvisada, bajo el viento y la lluvia, desde el altar junto al mar en el que rezó la misa:

En los momentos de dolor nos surge la pregunta: ¿Por qué Señor? Y el Señor responde al corazón de cada uno y desde el corazón, porque el pasó lo mismo que nosotros en la cruz. Y como junto a la cruz, donde estaba María, en los momentos de dolor, de pena, que queremos revelarnos, como ese niño que está ahí abajo, solo nos viene estirar la mano y agarrarnos de la pollera de la madre y decirle: “Mamá”. Es la única palabra en los momentos de dolor.

Perdónenme pero yo no tengo otra palabra para decirles. Miremos al Señor, él puede comprendernos porque pasó por todas las cosas… Miremos a la Madre y digámosle “Mamá”. En silencio cada uno dígale lo que siente…

No estamos solos –continuó el Papa-, tenemos una madre, tenemos a Jesús nuestro hermano mayor. Y también tenemos muchos hermanos que, en el momento de la catástrofe, vinieron a ayudarnos. Y también nosotros nos sentimos más hermanos ayudándonos entre nosotros.

Después de la comunión, en la mañana del sábado 17 de enero, el Sucesor de Pedro rezó en voz alta:

Acabamos de celebrar la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Jesús nos precedió en este camino y nos acompaña en cada momento que nos reunimos a orar y celebrar. Gracias Señor por estar hoy con nosotros. Gracias Señor por compartir nuestros dolores. Gracias Señor por ayudarnos. Gracias Señor por darnos esperanza. Gracias Señor por tu gran misericordia. Gracias Señor porque quisiste ser como uno de nosotros. Gracias Señor porque siempre estas cercano a nosotros aún en los momentos de cruz. Gracias por darnos la esperanza. Señor que no nos roben la esperanza. Gracias Señor porque en el momento más oscuro de tu vida, en la cruz, te acordaste de nosotros y nos dejaste una madre, tu madre. Gracias Señor por no dejarnos huérfanos. Amén.