Racing - Independiente

El verano marcó diferencias de ideas, convicción, potencial y eficacias. Es que Racing surfea en la ola más alta. Nada tumba al campeón, que no precisa hacer demasiado equilibrio para mantenerse en pie. Lo mira Independiente , que ya tuvo varios revolcones. La arena le lastimó la piel. Aunque su problema, por ahora, es interno. Cada vez que no se de un resultado se hablará de la convivencia después de un tumultuoso comienzo de año.

A Racing se le hace agua la boca de tanta miel. Consiguió lo único que, aparentemente, le faltaba: ganarle a Independiente. Así lo habrá sentido el DT Diego Cocca, mucho más después de aquellas declaraciones que casi le cuestan el puesto en el torneo local «Prefiero perder el clásico, pero pelear el título». Aquella vez fue campeón. Y esta vez ganó el duelo de Avellaneda. Completo. No hablará de desquite, pero habrá sido una íntima satisfacción.

Racing gana porque sabe lo que quiere. La idea está inculcada y sale de memoria. El conjunto laborioso da pelea en el medio y en la ofensiva se entrega al alma del equipo: Milito y Bou. Ellos son las palabras clave. Juntos forman una lámpara mágica que concede mucho más que tres deseos. La Academia se impone porque marca el ritmo en el medio campo y porque cierra los caminos en el fondo. Mucho más ante un equipo como Independiente, con escasa profundidad y con contadas pelotas claras entre las líneas.

Tan grande es la risotada de Racing que ganó todos los partidos oficiales de 2015. En el camino quedaron Boca (4-1) y Vélez (1-0). Pero el partido de anoche lo disfrutó como al mejor café. Se dio como esperaba: fue un conjunto decidido, directo y eficaz. Casi ni pasó sobresaltos, de no haber sido por algún intento aislado de Mancuello.

Independiente todavía no tiene en claro qué quiere. Cambia de sistema, de nombres y de identidad constantemente. No le queda bien el disfraz de camaleón. Siente demasiado la falta de un atacante de área. Almirón eligió esta vez a Albertengo y a Pisano. Ninguno con vocación de faro ofensivo. Y todo le costó demasiado. De más está decir que cada partido que pasa sin victorias sobrevuela el fantasma de Rolfi Montenegro (ver aparte).

Como si fuera poco, la defensa con cinco jugadores no le da garantías. Las marcas se pierden, quedan huecos y hay errores individuales que marcan la diferencia. En el primer gol de Racing, por ejemplo, tras un córner defectuoso de Gastón Díaz, Bou tiró un centro que tomó mal parado a Papa y estático a Diego Rodríguez. Milito, solo, en la línea del arco, tocó a la red. Almirón se sentó para maldecir al aire. Todo dicho. En la segunda conquista de Racing, Milito tuvo demasiado tiempo para darse vuelta. El Ruso Rodríguez dio un rebote largo y Bou concretó con un remate fuerte y cruzado. Fueron varias desatenciones en la misma jugada.

Lo peor es que el DT sabe que cada partido, mucho más un clásico, le recortará el crédito para el futuro. Nunca entró en el corazón del hincha, ni siquiera con la buena campaña en la vuelta a primera, porque pesan las decisiones antipáticas con algunos jugadores emblemáticos. Sabe que tiene el respaldo de los dirigentes y, sobre todo, el de Hugo Moyano, pero el murmullo en la tribuna puede condicionarlo antes de tiempo. La caída con Racing se encadena con la dura derrota ante River (0-4). Ya parece lejano el festejo ante Estudiantes (1-0). Independiente la pasa mal. Para recuperarse, primero, tendrá que cicatrizar los inconvenientes internos.