Prácticamente se podría afirmar que es imposible elegir pareja que no tenga algo de los padres. Esto quiere decir que, por parecido o por opuesto, siempre se elige a la otra mitad en relación a los referentes principales que se tuvieron en la vida, sean los padres o aquellos que hayan ocupado su lugar. Y es que toda persona está “empapada” de sus progenitores y tiene, quiera o no, muchas cosas de ellos.

Por lo tanto, muchas veces la pareja termina siendo una “sucursal” de los padres, de uno o de otro, para bien y para mal.

“No sé por qué pero me gusta”, suele escucharse y ese “no sé por qué” muy probablemente está relacionado con algún aspecto de los padres de esa persona. “No siempre ese aspecto tiene que ser físico, también puede ser psicológico o algún rasgo de carácter. Si se busca bien, a conciencia, alguna similitud va a encontrarse entre la pareja y alguno de los padres”, aseguró el licenciado en Psicología Sebastián Girona (MN 44140), quien destacó que cuando alguien forma pareja llega a ella con toda su historia, con lo positivo y lo negativo que se tenga. “Entre todo esto, también llegamos al vínculo con nuestras identificaciones. Todos formamos nuestro aparato psíquico, digamos nuestra cabeza, con miles y miles de identificaciones y por supuesto que nuestros padres aportan mucho a esto, aunque no son los únicos”, insistió.

“En nuestra infancia aprendemos a querer y a ser queridos de una forma determinada, ya que no hay una sola forma de hacerlo. Y si aprendemos quiere decir que alguien que nos lo enseña cuando somos chicos. Esta enseñanza viene de nuestros padres y ellos nos enseñan lo que aprendieron ellos. El problema es que lo que aprendieron por ahí no está del todo bueno o es de otra época del mundo en donde las cosas eran diferentes a como son ahora”, explicó el especialista.

“MUCHAS PERSONAS TIENEN LA CREENCIA DE QUE ‘EL AMOR ES PARA SUFRIR’ O QUE ‘SI SE SUFRE ES MÁS INTENSO'”

Es que, según Girona, todos tienen miles y miles de creencias y entre tantas, tienen creencias que hacen bien y creencias que hacen mal. “Estas creencias también actúan a la hora del amor y de formar una pareja y tienen mucho peso. Muchas personas tienen la creencia de que ‘el amor es para sufrir’ o que ‘si se sufre es más intenso’ o ‘me hace sufrir pero me quiere’ y sus derivados. Otros tienen la creencia, inconsciente por supuesto, de que la pareja es un ring de boxeo en donde siempre tiene que haber un ganador y un perdedor. Estas son creencias disfuncionales, que imposibilitan o dificultan a esas personas formar una pareja sana”, agregó Girona.

Muchas veces estas creencias son alimentadas popularmente, por ejemplo con miles y miles de canciones donde él o la que canta cuenta cuánto sufrió por ese amor que perdió. Esto tiene que ver con que el conflicto “vende” más que lo sano. No existe una sola novela en el mundo que no tenga como protagonista a una pareja en conflicto. “Si en lugar de ésta pusieran una pareja sana, donde predomine el compañerismo, el respeto por el otro, etc, etc. esa novela no la vería nadie -consideró Girona-. El tema es que la gente se pueda preguntar qué quiere para su vida, una novela o una pareja sana”.

“A veces también, a la hora de elegir una pareja puede ser que nos atraiga más el chico que nos asegura más posibilidades de sufrir que el que parece más sencillo. Esto no es propiedad exclusiva de las mujeres, también les pasa mucho a los hombres. Elegir al canchero o al seductor supone siempre mayor adrenalina y sobre todo el desafío de poder cambiarlo y lograr de que con ‘ella’ sea diferente. Esto viene acompañado, muchas veces por el prejuicio de que el chico más sencillo es aburrido y esto, si bien puede ser, no siempre es así”, destacó el especialista.

El vínculo propio, el gran desafío

El problema surge si la referencia de pareja que tenemos es negativa o patológica
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Otro factor fundamental a la hora de formar una relación es el modelo de pareja que tenga cada uno de los integrantes.

Tras asegurar que “muchas veces armamos nuestras parejas en base a patrones que aprendimos de la pareja de nuestros padres o alguna pareja significativa de nuestra vida”, Girona se refirió a que “muchos buscan compañeros que tengan características que resulten familiares a lo que se vivió en la infancia y en base a esto se arma la propia pareja”.

“EL PROBLEMA SURGE SI LA REFERENCIA DE PAREJA QUE TENEMOS ES NEGATIVA O PATOLÓGICA”
“Todos crecemos aprendiendo que la pareja es eso que vemos de nuestros padres. Esto puede generar la creencia de que hay un único modelo de pareja. El problema surge si la referencia de pareja que tenemos es negativa o patológica. En este sentido una pareja puede padecer el síndrome de la asimetría y presentar numerosas diferencias entre sus integrantes. Es muy habitual que los integrantes de parejas asimétricas sean hijos de parejas asimétricas”, aseguró.

Pero aunque esto sea así, “tenemos la oportunidad de hacer algo con eso, de cambiar un modelo que a veces se repite por generaciones”. El desafío es construir un vínculo propio tomando los aspectos positivos de esas parejas de referencia y dejando atrás las cosas negativas. Por supuesto que esto es más fácil de escribir y de leer que de hacerlo en la vida misma pero si se toma el tiempo para pensar no tardarán en aparecer cosas buenas y cosas malas en la familia de origen. “Entonces voy a necesitar llevar y potenciar los aspectos positivos a mi familia creada y dejar atrás los aspectos que no me gustan y que detesto de mi familia de origen”, aconsejó.