El signo concreto que es amar y perdonar como Dios ama y perdona, se transforma en muchos otros signos como el atravesar la Puerta Santa, dijo Francisco el 16 de diciembre de 2015. “La Puerta simboliza al mismo Jesús –dijo-. Cuando pasamos por ella manifestamos nuestra confianza en él y el deseo de una verdadera conversión. Jesús nos anima a salir al encuentro de los demás para llevarles su amor. La confesión es también un signo importante del Jubileo. Acercarse al Sacramento de la Reconciliación es recibir directamente la misericordia divina y, si nos abrimos a ella, también nosotros seremos capaces de perdonar a los demás”. jesuita Guillermo Ortiz

Texto completo del Resumen de la catequesis en español

Queridos hermanos y hermanas: El Año Santo de la Misericordia ha comenzado en toda la Iglesia y se celebra en cada diócesis, como un signo visible del amor misericordioso del Padre y de la comunión universal. La Iglesia, que es “una”, vive la comunión con Dios mismo. Este misterio de comunión hace crecer y madurar en nuestro corazón el amor de Dios, que se manifiesta en la misericordia y el perdón. Amar y perdonar son el signo concreto y visible de que la fe ha cambiado nuestros corazones. Este gran signo de la vida cristiana se transforma después en muchos otros signos que son característicos del Jubileo, como el atravesar la Puerta Santa. La Puerta simboliza al mismo Jesús. Cuando pasamos por ella manifestamos nuestra confianza en él y el deseo de una verdadera conversión. Jesús nos anima a salir al encuentro de los demás para llevarles su amor. La confesión es también un signo importante del Jubileo. Acercarse al Sacramento de la Reconciliación es recibir directamente la misericordia divina y, si nos abrimos a ella, también nosotros seremos capaces de perdonar a los demás.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. Hermanos y hermanas, les animo a abrir la puerta del corazón para dejar entrar a Cristo y ser portadores de su misericordia. Les deseo también una buena preparación y una santa celebración de la Navidad. Muchas gracias.

“Un signo de la vida cristiana y de la Misericordia es amar y perdonar”, el Papa en la catequesis

En la Audiencia General del tercer miércoles de diciembre en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco recordó “la apertura de la Puerta Santa de la Misericordia de la Catedral de Roma, en la Basílica de San Juan de Letrán y de todas las diócesis del mundo, así como de los santuarios y las iglesias en las cuales los Obispos indicaron hacerlo”.

Así mismo, el Pontífice subrayó el inicio del Jubileo Extraordinario de la Misericordia con la celebración de los 50 años de la conclusión del Concilio Vaticano II. “La Iglesia Una – dijo el Papa – que vive de la comunión misma de Dios. De este misterio que hace de la Iglesia signo del amor del Padre, crece y madura en nuestro corazón, cuando el amor, que reconocemos en la Cruz de Cristo y en la cual nos sumergimos, nos hace amor como nosotros mismos somos amados por Él”.

Texto completo de la catequesis del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

El domingo pasado ha sido abierta la Puerta Santa de la Catedral de Roma, la Basílica de San Juan de Letrán, y se ha abierto una Puerta de la Misericordia en la Catedral de cada diócesis del mundo, también en los Santuarios y en las Iglesias que los Obispos han dicho hacerlo. El Jubileo es en todo el mundo no solamente en Roma.

He deseado que este signo de la Puerta Santa estuviera presente en cada Iglesia particular, para que el Jubileo de la Misericordia pueda ser una experiencia compartida por cada persona. El Año Santo, en este modo, ha comenzado en toda la Iglesia y viene celebrado en cada diócesis como en Roma, también la primera Puerta Santa ha sido abierta en el corazón de África y Roma es aquel signo visible de la comunión universal. Que esta comunión eclesial sea cada vez más intensa, para que la Iglesia sea en el mundo el signo vivo del amor y de la misericordia del Padre. Que la Iglesia sea signo vivo del amor y de misericordia.

También la fecha del 8 de diciembre ha querido subrayar esta exigencia, vinculando, a 50 años de distancia, el inicio del Jubileo con la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II. En efecto, el Concilio ha contemplado y presentado la Iglesia a la luz del misterio, del misterio de la comunión. Extendida en todo el mundo y articulada en tantas Iglesias particulares, es siempre y sólo la única Iglesia que Jesucristo ha querido y por la cual se ha ofrecido Él mismo. La Iglesia “una” que vive de la comunión misma de Dios.

Este misterio de comunión, que hace de la Iglesia signo del amor del Padre, crece y madura en nuestro corazón, cuando el amor, que reconocemos en la Cruz de Cristo y en cual nos sumergimos, nos hace amar como nosotros mismos somos amados por Él. Se trata de un Amor sin fin, que tiene el rostro del perdón y de la misericordia.

Pero el perdón y la misericordia no deben permanecer como bellas palabras, sino realizarse en la vida cotidiana. Amar y perdonar son el signo concreto y visible que la fe ha transformado nuestros corazones y nos permite expresar en nosotros la vida misma de Dios. Amar y perdonar como Dios ama y perdona. Este es un programa de vida que no puede conocer interrupciones o excepciones, sino que nos empuja a andar siempre más allá sin cansarnos nunca, con la certeza de ser sostenidos por la presencia paterna de Dios.

Este gran signo de la vida cristiana se transforma después en tantos otros signos que son característicos del Jubileo. Pienso en cuantos atravesarán una de las Puertas Santas, que en este Año son verdaderas Puertas de la Misericordia, Puertas de la Misericordia. La Puerta indica a Jesús mismo que ha dicho: «Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento» (Jn 10,9). Atravesar la Puerta Santa es el signo de nuestra confianza en el Señor Jesús que no ha venido para juzgar, sino para salvar (cfr Jn 12,47). Estén atentos eh, que no haya alguno más despierto, demasiado astuto que les diga que se tiene que pagar, no, la salvación no se paga, la salvación no se compra, la Puerta es Jesús y Jesús es gratis. Y la Puerta, Él mismo, hemos escuchado, que habla de aquellos que dejan entrar no como se debe y simplemente dice que son ladrones, estén atentos, la salvación es gratis.

Atravesar la Puerta Santa es signo de una verdadera conversión de nuestro corazón. Cuando atravesamos aquella Puerta es bueno recordar que debemos tener abierta también la puerta de nuestro corazón. Estoy delante de la Puerta Santa y pido al Señor ayúdame a abrir la puerta de mi corazón. No tendría mucha eficacia el Año Santo si la puerta de nuestro corazón no dejará pasar a Cristo que nos empuja a andar hacia los otros, para llevarlo a Él y a su amor. Por lo tanto, como la Puerta Santa permanece abierta, porque es el signo de la acogida que Dios mismo nos reserva, así también nuestra puerta, aquella del corazón, esté siempre abierta para no excluir a ninguno. Ni siquiera aquella o aquel que me molestan. Ninguno.

Un signo importante del Jubileo es también la Confesión. Acercarse al Sacramento con el cual somos reconciliados con Dios equivale a tener experiencia directa de su misericordia. Es encontrar el Padre que perdona. Dios perdona todo. Dios nos comprende también en nuestras limitaciones nos comprende también en nuestras contradicciones. No solo, Él con su amor nos dice que cuando reconocemos nuestros pecados nos es todavía más cercano y nos anima a mirar hacia adelante. Dice más, que cuando reconocemos nuestros pecados, pedimos perdón, hay fiesta en el cielo, Jesús hace fiesta en el cielo y esta es su misericordia. No se desanimen. Adelante, adelante con esto.

Cuántas veces me han dicho: “Padre, no consigo perdonar”, el vecino, el colega de trabajo, la vecina, la suegra, la cuñada, todos hemos escuchado eso: no consigo perdonar. Pero ¿cómo se puede pedir a Dios que nos perdone, si después nosotros no somos capaces del perdón? Perdonar es una cosa grande, no es fácil perdonar, porque nuestro corazón es pobre y con sus fuerzas no lo puede hacer. Pero si nos abrimos a acoger la misericordia de Dios para nosotros, a su vez somos capaces de perdón. Y tantas veces he escuchado decir: pero a esa persona yo no podía verla, la odiaba, un día me he acercado al Señor, he pedido perdón de mis pecados, y también he perdonado aquella persona. Estas cosas de todos los días, y tenemos cerca de nosotros esta posibilidad.

Por lo tanto, ¡ánimo! Vivamos el Jubileo iniciando con estos signos que llevan consigo una gran fuerza de amor. El Señor nos acompañará para conducirnos a tener experiencia de otros signos importantes para nuestra vida. ¡Ánimo y hacia adelante!

(Traducción del italiano, Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

María, la Luz de la Paz de Belén y la Misericordia en la audiencia del Papa

El Papa bendijo la Luz de la Paz de Belén

También este año la Luz de la Paz de la Gruta del Nacimiento de Jesús llegó a la audiencia general del Papa, en la tercera semana de Adviento.

Al acercarse la Navidad, el Papa Francisco encomendó a los peregrinos de tantas partes del mundo a la intercesión de la Madre de Jesús, e invitó a preparar el corazón para recibir al Señor en nuestras vidas, celebrando el sacramento de la reconciliación.

Con sus mejores deseos para que el Jubileo de la Misericordia, que estamos celebrando, sea para todos un tiempo de gracia y de renovación espiritual, el Obispo de Roma invocó sobre todos la alegría y la paz del Señor Jesús y saludó de forma especial a la delegación austriaca, que llevó a la Plaza de San Pedro la Luz de la Paz de Belén. Renovándose así la peregrinación de esta luz, que comenzó en 1986. Desde entonces, en el Adviento, un niño enciende la llama, en la lámpara que arde perennemente, donde nació el Niño Dios en Belén, para ser traslada a Viena, para una celebración ecuménica:

«Saludo cordialmente a los peregrinos provenientes de los países de habla alemana, en particular a la delegación de la Alta Austria que nos ha traído la Luz de la Paz de Belén. Preparémonos a la Fiesta de la Navidad abriendo de par en par la puerta de nuestro corazón para no excluir a nadie. ¡Que el Señor los bendiga a ustedes y a sus familias!»

Recordamos que la historia de la Luz de la Paz de Belén, original de los Scouts y Guías de Austria, lleva muchos kilómetros recorridos peregrinando e irradiando un mensaje de paz, amor y esperanza, símbolo de unidad y compromiso en la construcción de un mundo mejor.

En el clima de expectación y alegría que precede la Navidad, que en el 2015 lleva el sello del Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco reiteró su anhelo de que los corazones se abran a la ternura del Niño Jesús:

«Les deseo que experimenten la inmensa alegría e inextinguible misericordia que el Padre nos ha dado con su Hijo hecho Niño. Puedan vuestros corazones y vuestras familias alegrarse con la presencia de este Dios hecho Hombre, con el ejemplo de la Virgen María que lo concibió por obra del Espíritu Santo ¡Feliz Navidad!»

El Santo Padre renovó su exhortación a la oración y a las obras de misericordia y saludando a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados invitó a invocar el amparo de la Madre Dios:

«Exhorto a todos a intensificar en estos días la oración y las obras de bien, para que el encuentro con el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios colme los corazones de aquella alegría, que solo Él sabe donar.

Dirijo un saludo especial a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Encomendémonos a María, maestra de fe y modelo de obediencia al Señor. Queridos jóvenes, sepan vivir la Navidad con la misma fe con la que María acogió el anuncio del Ángel Gabriel. Queridos enfermos, pídanle a Ella poder obtener esa paz íntima que Jesús ha traído al mundo. Queridos recién casados, imiten el ejemplo de la Madre de Jesús con la oración y las virtudes».

Saludando a los peregrinos de Eslovenia, el Papa Francisco alentó asimismo a la Iglesia en este país en su compromiso en favor de la familia y a los responsables de la sociedad:

«Dirijo un cordial saludo a los peregrinos eslovenos. A través de ellos, deseo hacer llegar mi aprecio a toda la Iglesia eslovena por su compromiso en favor de la familia, alentando a todos, en especial a cuantos tienen responsabilidades públicas, a sostener a la familia, estructura de referencia del vivir social»

Después de la Bendición en la Plaza de San Pedro se elevaron cantos de felicitaciones en la víspera del cumpleaños del Papa Francisco.

(CdM – RV)