En su última catequesis de 2015, el Papa Francisco invitó a los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro a besar la estatua del Niño Jesús del pesebre y a aprender de la infancia de Jesús, con el ejemplo de santa Teresita de Lisieux y otros santos.

“Como se ve, sabemos poco del Niño Jesús, pero podemos aprender mucho de Él si miramos la vida de los niños. Es una bella costumbre, que los padres, los abuelos tienen que es aquella de mirar a los niños, que hacen”.

“Es una enseñanza para nosotros. Delante a Jesús estamos llamados a abandonar nuestro reclamo de autonomía, y este es el centro del problema, el reclamo de autonomía para acoger en cambio la verdadera forma de libertad, que consiste en el conocer a quien tenemos delante y servirlo. Él es el Hijo de Dios que viene a salvarnos. Ha venido entre nosotros para mostrarnos el rostro del Padre rico de amor y de misericordia”.

“Abracemos, entonces, entre nuestros brazos al Niño Jesús, pongámonos a su servicio: Él es fuente de amor y de serenidad. Y será una bella cosa hoy cuando volvemos a casa ir cerca del pesebre y besar al Niño Jesús y decirle: “Jesús, yo quiero ser humilde como Tú, humilde como Dios” y pedirle esta gracia”.

(Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

Texto completo de la catequesis del Papa Francisco:

Hermanos y hermanas ¡buenos días!

Un día un poco frío ¿eh?

En estos días navideños se nos coloca frente a nosotros el Niño Jesús. Estoy seguro que en nuestras casas todavía tantas familias han hecho el pesebre, llevando hacia adelante esta bella tradición que se remonta a San Francisco de Asís y que mantiene vivo en nuestros corazones el misterio de Dios que se hace hombre.

La devoción al Niño Jesús está muy difundida. Tantos santos y santas la han cultivada en su oración cotidiana, y han deseado modelar su vida a aquella del Niño Jesús. Pienso en particular a Teresa de Lisieux que como monja carmelita ha llevado el nombre de Teresa del Niño Jesús y del Rostro Santo. Ella -quien es también Doctora de la Iglesia- ha sabido vivir y testimoniar aquella “infancia espiritual” que se asimila propio meditando, en la escuela de la Virgen María, la humildad de Dios que por nosotros se ha hecho pequeño.

Y esto es un misterio grande, Dios es humilde, nosotros que somos orgullosos, llenos de vanidad y que nos creemos grandes cosas, somos nada, Él es grande, es humilde y se hace Niño, esto es un gran misterio, Dios es humilde ¡es hermoso!

Hubo un momento en que, en la Persona divino-humana de Cristo, Dios ha sido un niño, y esto tiene que tener un significado peculiar para nuestra fe. Es verdad que su muerte en la cruz y su resurrección son la máxima expresión de su amor redentor, pero no olvidemos que toda su vida terrena es revelación y enseñanza. En el período navideño recordamos su infancia. Para crecer en la fe tendremos necesidad de contemplar más a menudo al Niño Jesús. Cierto, no conocemos nada de este período. Las raras indicaciones que poseemos hacen referencia a la imposición del nombre después de ocho días de su nacimiento y a la presentación en el Templo (cfr Lc 2,21-28); por otra parte la visita de los Magos con la consecuente fuga en Egipto (cfr Mt 2,1-23). Después, hay un gran salto hasta los doce años, cuando con María y José, va en peregrinación a Jerusalén para la Pascua, y en lugar de volver con sus padres se detiene en el Templo a hablar con los doctores de la ley.

Como se ve, sabemos poco del Niño Jesús, pero podemos aprender mucho de Él si miramos la vida de los niños. Es una bella costumbre, que los padres, los abuelos tienen, que es aquella de mirar a los niños, ver qué hacen.

Descubrimos, sobre todo, que los niños quieren nuestra atención. Ellos deben estar al centro ¿por qué? ¿Porque son orgullosos? No, porque tienen necesidad de sentirse protegidos. Es necesario también para nosotros poner al centro de nuestra vida a Jesús y saber, incluso si puede parecer paradójico, que tenemos la responsabilidad de protegerlo. Quiere estar entre nuestros brazos, desea ser cuidado y poder fijar su mirada en la nuestra. Por otra parte, hacer sonreír al Niño Jesús para demostrarle nuestro amor y nuestra alegría porque Él está en medio de nosotros. Su sonrisa es signo del amor que nos da certeza de ser amados. Los niños, finalmente, aman jugar. Pero hacer jugar a un niño, significa abandonar nuestra lógica para entrar en la suya. Si queremos que se divierta es necesario entender qué le gusta a él. Y no ser egoístas y hacerles hacer las cosas que nos gustan a nosotros.

Es una enseñanza para nosotros. Delante a Jesús estamos llamados a abandonar nuestro reclamo de autonomía, y este es el centro del problema, el reclamo de autonomía para acoger en cambio la verdadera forma de libertad, que consiste en el conocer a quien tenemos delante y servirlo. Él es el Hijo de Dios que viene a salvarnos. Ha venido entre nosotros para mostrarnos el rostro del Padre rico de amor y de misericordia.

Abracemos, entonces, entre nuestros brazos al Niño Jesús, pongámonos a su servicio: Él es fuente de amor y de serenidad. Y será una bella cosa hoy cuando volvemos a casa ir cerca del pesebre y besar al Niño Jesús y decirle: “Jesús, yo quiero ser humilde como Tú, humilde como Dios” y pedirle esta gracia.

(Traducción por Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

Texto del saludo del Papa Francisco en español:

Queridos hermanos y hermanas:

En estos días de Navidad, contemplamos al Niño Jesús, reviviendo en nuestros corazones el misterio de la Encarnación con gestos sencillos y tradicionales, como poner el belén en nuestras casas. Esta devoción al Niño Jesús nos permite meditar, siguiendo el ejemplo de la Virgen María, la humildad de Dios, que se hace pequeño por nosotros. A pesar de que sabemos poco de la infancia de Jesús, podemos aprender mucho de Él mirando a los niños. También Jesús quiere que lo estrechemos en nuestros brazos, que le demostremos nuestro amor, nuestro interés. Que abandonemos nuestra pretensión de autonomía y acojamos la verdadera forma de la libertad, que consiste en reconocer y servir a quien tenemos delante. Él ha venido a revelarnos el rostro del Padre, rico en misericordia.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Acojamos al Señor en nuestros corazones, demostrémosle nuestro amor y el gozo de saber que Él siempre está en medio de nosotros. Muchas gracias.

Oración y apremiante llamamiento por las inundaciones

El Obispo de Roma expresó su cercanía a los numerosísimos afectados por las trágicas inundaciones que se han producido en varios países del mundo, asolando extensas zonas también del cono sur americano. Como en Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay. Así como a las poblaciones del noroeste de Inglaterra y Galles y a las del suroeste estadounidense.

En su audiencia general, en la que alentó a los peregrinos de tantas partes del mundo a «difundir en lo cotidiano la luz de Cristo, que ha brillado sobre la humanidad en la Noche de la Navidad», con su llamamiento a la oración, el Papa exhortó a la solidaridad fraterna para socorrer a los damnificados:

«Invito a rezar por las víctimas de las calamidades que en los últimos días han afectado a los Estados Unidos, Gran Bretaña y América del Sur, en especial en Paraguay, causando lamentablemente víctimas mortales, numerosos evacuados  y cuantiosos daños materiales. Que el Señor dé consolación a esas poblaciones y que la solidaridad fraterna las socorra en sus necesidades».

(CdM – RV)

Feliz 2016 con el amor y la paz del Niño Dios recién nacido

Con el Niño Dios recién nacido – en su audiencia general después de laNavidad del Jubileo de la Misericordia – el Papa Francisco reiteró que el Niño Jesús quiere estar en nuestros brazos y anhela ser acogido y, agradeciendo las felicitaciones navideñas y para el Año Nuevo que le han llegado de tantas partes del mundo, deseó a todos de corazón sus mejores parabienes para el 2016, acompañados por el amor, la paz y la alegría delNiño Jesús:

«¡Abrámosle nuestros corazones y nuestros hogares, dispensando los dones de su amor en el mundo! Agradezco a cuantos me han mostrado su cercanía espiritual y me han expresado sus felicitaciones para la Navidad y el Año Nuevo. Yo también de corazón les deseo a todos, a sus familias, en especial a los que se sienten solos, que en la fe puedan experimentar profundamente la presencia del recién nacido Hijo de Dios en sus vidas y gozar su amor, su paz y su alegría ¡Feliz Año Nuevo!»

Contemplar la infancia de Jesús nos hace comprender mejor el amor misericordioso de Dios para con la humanidad, señaló una vez más el Santo Padre y alentó a amar al Niño Jesús y a servirlo con nuestra vida.

Deseando que el Jubileo de la Misericordia sea para todos un tiempo de gracia y de renovación espiritual, invocó la alegría y la paz del Señor Jesús. Conespecial ternura, el Papa Francisco saludó a un grupo de pequeños enfermos de lengua francesa:

«Con gusto doy la bienvenida a los fieles de lengua francesa, en particular a los niños enfermos y a cuantos les están cerca, así como a los otros peregrinos venidos de Francia. Deseo que en este tiempo de Navidad, cada uno de ustedes pueda ponerse al servicio de los más pequeños y a descubrir en ellos el rostro de Jesús, fuente de amor y de serenidad».

Y antes de su Bendición Apostólica, el Obispo de Roma se dirigió a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:

«Que el icono del Nacimiento que contemplamos en estos días los ayude a ustedes, queridos jóvenes, a imitar a la Sagrada Familia, modelo del amor verdadero. Que los sostenga a ustedes, queridos enfermos, a ofrecer sus sufrimientos, en unión con los de Jesús, por la salvación del mundo. Que los aliente a ustedes, queridos recién casados, a edificar su hogar en la roca de la Palabra de Dios, haciendo que sea, con el ejemplo del hogar de Nazaret, un lugar acogedor, lleno de amor, de comprensión y de perdón».

(CdM – RV)