Durante su audiencia general en el Aula Pablo VI del Vaticano, el Papa Francisco recordó que del 18 al 25 de enero se celebra la Semana de Oración por la unidad de los cristianos.

En su catequesis semanal el Papa explicó que “compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y tenemos necesidad de ser salvados, redimidos, liberados del mal”.

“Cuando nosotros cristianos decimos que compartimos un solo Bautismo, afirmamos que todos nosotros -católicos, protestantes y ortodoxos-compartimos la experiencia de estar llamados de las tinieblas feroces y alienantes al encuentro con el Dios vivo, pleno de misericordia”.

Asimismo, el Obispo de Roma dijo que “la Primera Carta de Pedro está dirigida a la primera generación de los cristianos para hacerlos conscientes del don recibido con el Bautismo y de las exigencias que implica” y agregó que “también nosotros, en esta Semana de Oración, estamos invitados a redescubrir todo esto, y a hacerlo juntos, yendo más allá de nuestras divisiones”.

Además, el Pontífice afirmó que “volver a partir del Bautismo quiere decir reencontrar la fuente de la misericordia, fuente de esperanza para todos, porque ninguno está excluido de la misericordia de Dios”.

“Nosotros cristianos podemos anunciar a todos la fuerza del Evangelio comprometiéndonos a compartir las obras de misericordia corporales y espirituales. Este es un testimonio concreto de unidad”.

Al finalizar, el Papa Francisco afirmó que “durante esta Semana de Oración, rezamos para que todos nosotros discípulos de Cristo encontremos el modo de colaborar juntos para llevar la misericordia del Padre a cada parte de la tierra”.

(Mercedes De La Torre – Radio Vaticana).

Texto completo de la catequesis del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hemos estuchado el texto bíblico que este año guía la reflexión en la Semana de Oración para la unidad de los cristianos, que se celebra del 18 al 25 de enero. Esta semana. Tal pasaje de la Primera Carta de san Pedro ha sido elegido por un grupo ecuménico de Letonia, encargado por el Consejo Ecuménico de las Iglesias y por el Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos.

Al centro de la catedral luterana de Riga hay una fuente bautismal del siglo XII, el tiempo en que Letonia fue evangelizada por san Meinardo. Aquella fuente es un signo elocuente de un sólo origen de la fe reconocida por todos los cristianos de Letonia, católicos, luteranos y ortodoxos. Tal origen es nuestro Bautismo común. El Concilio Vaticano II afirma que «el Bautismo constituye el vínculo sacramental de la unidad vigente entre todos aquellos que por medio de él han sido regenerados» (Unitatis redintegratio, 22). La Primera Carta de Pedro está dirigida a la primera generación de los cristianos para hacerlos conscientes del don recibido con el Bautismo y de las exigencias que implica. También nosotros, en esta Semana de Oración, estamos invitados a redescubrir todo esto, y a hacerlo juntos, yendo más allá de nuestras divisiones.

En primer lugar, compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y tenemos necesidad de ser salvados, redimidos, liberados del mal. Es este el aspecto negativo, que la Primera Carta de Pedro llama «tinieblas» cuando dice: «[Dios] los ha llamado fuera de las tinieblas para conducirlos a su admirable luz». Esta es la experiencia de la muerte, que Cristo ha hecho propia, y que es simbolizada en el Bautismo al ser sumergidos en el agua, y a la cual sigue el resurgir, símbolo de la resurrección a la nueva vida en Cristo. Cuando nosotros cristianos decimos que compartimos un solo Bautismo, afirmamos que todos nosotros –católicos, protestantes y ortodoxos- compartimos la experiencia de estar llamados de las tinieblas feroces y alienantes al encuentro con el Dios vivo, pleno de misericordia. Todos de hecho, lamentablemente, tenemos experiencia del egoísmo, que genera división, cerrazón, desprecio. Volver a partir del Bautismo quiere decir reencontrar la fuente de la misericordia, fuente de esperanza para todos, porque ninguno está excluido de la misericordia de Dios, ninguno está excluido de la misericordia de Dios.

El compartir esta gracia crea un vínculo indisoluble entre nosotros los cristianos, así que, en virtud del Bautismo, podamos considerarnos todos realmente hermanos. Somos realmente pueblo santo de Dios, aunque si, a causa de nuestros pecados, no somos todavía un pueblo plenamente unido. La misericordia de Dios, que actúa en el Bautismo, es más fuerte de nuestras divisiones, es más fuerte. En la medida en que recibimos la gracia de la misericordia, nosotros nos transformamos siempre más plenamente en pueblo de Dios, y nos transformamos también en capaces de anunciar a todos sus obras maravillosas, precisamente a partir de un simple y fraterno testimonio de unidad. Nosotros cristianos podemos anunciar a todos la fuerza del Evangelio comprometiéndonos a compartir las obras de misericordia corporales y espirituales. Este es un testimonio concreto de unidad.

En conclusión, queridos hermanos y hermanas, todos nosotros cristianos, por la gracia del Bautismo, hemos obtenido misericordia de Dios y hemos sido recibidos en su pueblo. Todos, católicos, ortodoxos y protestantes, formamos un sacerdocio real y una nación santa. Esto significa que tenemos una misión común, que es aquella de transmitir la misericordia recibida a los otros, comenzando por los más pobres y abandonados. Durante esta Semana de Oración, rezamos para que todos nosotros discípulos de Cristo encontremos el modo de colaborar juntos para llevar la misericordia del Padre a cada parte de la tierra. Gracias.

(Traducción por Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

Redescubrir el Bautismo más allá de nuestras divisiones

 En su audiencia general del tercer miércoles de enero, celebrada en el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano, el Papa Francisco propuso a la atención de los fieles el tema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que en numerosos países se celebra del 18 al 25 de enero. Como introducción a esta catequesis – la segunda del 2016 – se leyó un pasaje bíblico tomado de la Primera Carta de Pedro (1 Pt 2, 9-10) que guía precisamente este año la reflexión de esta iniciativa de oración que concluye en la Fiesta de la Conversión de San Pablo, Apóstol.

Hablando en italiano el Papa explicó ante todo que este pasaje bíblico fue elegido por un grupo ecuménico de Letonia, encargado por el Consejo Ecuménico de las Iglesias y por el Consejo Pontificio para la promoción de la Unidad de los Cristianos. Y recordó que en el centro de la catedral luterana de Riga hay una fuente bautismal, que se remonta al siglo XII, en tiempos en que esta nación fue evangelizada por san Meinardo, fuente que es signo elocuente de un origen de fe que reconocen todos los cristianos de Letonia, católicos, luteranos y ortodoxos, origen que es nuestro Bautismo común.

Tras citar el Decreto sobre el ecumenismo Unitatis redintegrati del Concilio Vaticano II que afirma que el Bautismo “constituye un poderoso vínculo sacramental de unidad entre todos los que con él se han regenerado” (22), el Santo Padre destacó que la Prima Carta de Pedro está dirigida a la primera generación de cristianos para hacerlos conscientes del don recibido con el Bautismo así como de las exigencias que comporta.

De ahí que el Obispo de Roma haya afirmado que también nosotros, en esta Semana de oración, estamos invitados a redescubrir todo esto, y a hacerlo juntos, yendo más allá de nuestras divisiones.

Después de afirmar que compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y tenemos necesidad de ser salvados, redimidos y liberados del mal, Francisco explicó que cuando los cristianos decimos que compartimos un solo Bautismo, afirmamos que todos nosotros – católicos, protestantes y ortodoxos – compartimos la experiencia de ser llamados de las tinieblas despiadadas y alienantes al encuentro con Dios vivo, lleno de misericordia.

Hacia el final de su reflexión el Papa constató que lamentablemente todos experimentamos el egoísmo que genera división, cerrazón y desprecio. Por eso volver a partir desde el Bautismo quiere decir reencontrar la fuente de la misericordia, fuente de esperanza para todos, puesto que nadie está excluido de la misericordia de Dios.

Todos – dijo el Pontífice – católicos, ortodoxos y protestantes, formamos un sacerdocio real y una nación santa, lo que significa que tenemos una misión común, a saber: transmitir la misericordia recibida a los demás, partiendo de los más pobres y abandonados.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Texto de la catequesis que el Santo Padre Francisco pronunció en nuestro idioma:

Queridos hermanos y hermanas:

El texto de la primera carta de san Pedro que hemos escuchado, centra la reflexión de la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos. En él, el Apóstol se dirige a la primera generación de fieles para que tomen conciencia del don que han recibido por el bautismo. Del mismo modo, todos nosotros, durante esta Semana de Oración, estamos llamados a redescubrir nuestro bautismo, y a hacerlo juntos todos los cristianos, católicos, protestantes y ortodoxos, dejando atrás lo que nos divide.

Compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y que necesitamos la salvación que Dios nos ofrece, todos experimentamos la misma llamada a salir de las tinieblas e ir al encuentro de Dios lleno de misericordia. Precisamente en el bautismo, nos sumergimos en la fuente de la misericordia y de la esperanza, de la que nadie está excluido, esta experiencia de gracia crea un vínculo indisoluble entre los bautizados, de modo que nos consideremos realmente hermanos y miembros de un solo pueblo de Dios, capaz de anunciar las maravillas que él ha obrado a partir del testimonio sencillo y fraterno de la unidad, así como del compromiso mutuo de poner en práctica las obras de misericordia corporales y espirituales, realizando así nuestra común misión de transmitir a los otros la misericordia recibida, empezando por los pobres y abandonados.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. En esta Semana de Oración pidamos que todos los discípulos de Cristo encontremos el modo de colaborar juntos para llevar la misericordia del Padre a cada rincón de la tierra. Que Dios los bendiga.

Cristianos unidos en oración y obras de caridad

Impulsar el ecumenismo, la oración y la caridad

Afianzados en la «misericordia de Dios, que obra en el Bautismo y es más fuerte que la división» entre los cristianos.

«Vayamos adelante junto con todos los cristianos por el camino hacia la unidad plena, uniéndonos en la oración y en las obras de caridad», invitó el Papa Francisco a los peregrinos de tantas partes del mundo, en su audiencia general, dedicada a la oración por la unidad de los cristianos.

En la Semana – que concluye el 25 de enero, solemnidad de la Conversión de San Pablo Apóstol, y que también en 2016, culmina en Roma, en la basílica papal de San Pablo extramuros, con la celebración de las segundas vísperas presididas por el Sucesor de Pedro – el Santo Padre renovó su invitación a invocar la gracia, misericordia, paz y esperanza que mana de Jesús, arraigados en su amor y en el Bautismo, que católicos, ortodoxos y protestantes compartimos como hermanos:

«En esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, invoquemos la gracia de vivir nuestros compromisos bautismales en una adhesión más profunda al Rostro de la Misericordia divina que es Jesús, nuestra esperanza y nuestra paz.

Pidamos a Cristo, que todos nosotros sus discípulos, conscientes de que estamos arraigados en su amor a través del sacramento del Bautismo, encontremos la forma de colaborar en llevar la misericordia del Padre hasta los confines de la tierra».

También en sus cordiales palabras a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, la exhortación del Papa a la oración por la unidad de los cristianos:

La Semana de oración por la unidad de los cristianos, nos recuerda que todos los creyentes en Cristo, a través del Bautismo, forman parte del pueblo de Dios. Queridos jóvenes, rece para que todos los cristianos sean cada vez más una única gran familia. Queridos enfermos, ofrezcan sus sufrimientos por la causa de la unidad de la Iglesia de Cristo. Y queridos recién casados, cultiven el amor misericordioso y gratuito como el que Dios nutre por nosotros».

Entre los grupos que el Santo Padre saludó con su cordial bienvenida, estaban también algunos jóvenes ugandeses del Movimiento África Mission y algunos alumnos del Instituto Ecuménico Universitario de Bossey. A todos les deseó que «la celebración del Jubileo y el pasar por la Puerta Santa convierta sus corazones y los abra al amor a Dios y a los hermanos»

(CdM – RV)