Iban apenas 11 minutos cuando Iñaki Williams entró solito en busca de la pelota que filtró de manera frontal y sencilla a la defensa del Barcelona. El moreno encaró a Ter Stegen, lo gambeteó con un toque hacia el izquierda y definió con la cara externa del pie derecho para el 1-0. Sorpresa en el Camp Nou.

Barcelona, con todas sus estrellas, con el tridente ofensivo otra vez en cancha y con la ventaja conseguida de visitante (2-1 en el choque de ida) parecía dispuesto a completar el trámite para pasar a las semifinales de la Copa del Rey, pero de arranque se dio cuenta que no iba a ser tan fácil.

El gol del Athletic le dio otro color al partido. El equipo visitante, si bien necesitaba otro tanto para clasificarse, retrocedió en la cancha y le pasó la presión al local, que lucía llamativamente nervioso y hasta impreciso con la pelota. En el primer tiempo solo contó con un par de arremetidas de Neymar, que fueron cortadas con infracciones.

Hasta que en el arranque del segundo tiempo llegó la tranquilidad. Más por la inventiva individual del tridente de ataque que por el habitual juego colectivo que muestra el equipo. Comandó Messi por izquierda a toda velocidad, sacó el centro cruzado, la dejó pasar Rakitic en el punto penal y por derecha entró Suárez para tocar al gol.

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