En su audiencia general del último miércoles de enero, celebrada en la Plaza de San Pedro, ante varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países, el Papa Francisco propuso a la atención de los fieles el tema de la misericordia de Dios en la Sagrada Escritura, presente a lo largo de toda la historia de Israel, tal como se deduce del relato del libro del Éxodo escogido como introducción.

Hablando en italiano el Papa recordó que el Señor, con su misericordia, acompañó el camino de los Patriarcas para conducirlos por sendas de gracia y reconciliación, tl como lo demuestra la historia de José y de sus hermanos.

En efecto Francisco destacó que Dios intervino con su salvación cuando los israelitas estaban a punto de sucumbir en Egipto porque escuchó el lamento de su pueblo, lo que demuestra – dijo – que la misericordia no puede permanecer indiferente ante los sufrimientos de los oprimidos, ante el grito de quien está sometido por la violencia, reducido a la esclavitud, o condenado a muerte.

Y añadió que se trata de una dolorosa realidad que aflige a los hombres de todas las épocas, incluida la nuestra, por lo que se sienten con frecuencia impotentes, con la tentación de que se les endurezca el corazón y de pensar en otra cosa.

Mientras Dios – afirmó el Santo Padre recordando cuanto él mismo ha escrito en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año – no es indiferente. Dios jamás quita la mirada del dolor humano. Sino que Dios, que es misericordioso, atiende a los pobres y a quienes  gritan su desesperación. Es más – dijo Francisco – Dios escucha e interviene para salvar, suscitando hombres capaces de sentir el gemido del sufrimiento y de obrar en favor de los oprimidos.

Hacia el final de su reflexión el Pontífice afirmó que la misericordia del Señor vuelve precioso al hombre, lo que representa una de las maravillas de la misericordia divina que llega a su complimiento pleno en el Señor Jesús, en aquella “nueva y eterna alianza” en la que con su perdón destruye nuestro pecado, haciéndonos, definitivamente, hijos de Dios.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Año de la Misericordia nos apremia a testimoniar al mundo la caridad de Cristo

Conversión, perdón de los pecados, renovación del espíritu, amor, paz, obras de misericordia

Que el Jubileo de la Misericordia que estamos viviendo sea para todos un tiempo de gracia y de renovación espiritual y que nos invite a salir del egoísmo y promueva en cada uno el ejercicio de las obras de misericordia, fue el ferviente deseo del Papa Francisco a los numerosos peregrinos de tantas partes del mundo, que participaron en su audiencia general, en la Plaza de San Pedro.

La Caridad de Cristo nos apremia

Encuentro que culminó con su invitación a la jornada de retiro espiritual para todos los agentes de la caridad, que el mismo Obispo de Roma encargó organizar al Pontificio Consejo Cor Unum, que sigue a nivel universal el servicio de caridad de la Iglesia, en el tiempo de la Cuaresma 2016, con el lema: «Caritas Christi urget nos»:

«El Pontificio Consejo Cor Unum, en ocasión del Jubileo de la Misericordia, ha promovido una jornada de retiro espiritual para las personas y grupos comprometidos en el servicio de la caridad. La jornada, que se desarrollará en las diócesis durante la próxima Cuaresma, será ocasión para reflexionar sobre la llamada a ser misericordiosos como el Padre. Invito a acoger esta propuesta, utilizando los subsidios preparados por Cor Unum».

Invocando sobre todos la alegría y la paz del Señor Jesús, que nunca nos abandona, el Santo Padre reiteró su exhortación a «dejarnos transformar por su amor misericordioso para ser verdaderos hijos de Dios»:

«Cada uno de nosotros es precioso y único ante los ojos de Dios. Que el Señor, a través de su misericordia, nos done la gracia de profundizar cada día en la relación que él instaura con nosotros y de responder a su llamada con todo nuestro corazón.

Les deseo que nada ni nadie pueda impedirles vivir y crecer en la amistad de Dios Padre. Más bien, dejen que su amor los regenere siempre como hijos y los reconcilie con Él y con los hermanos».

Con su cordial bienvenida a los peregrinos de lengua árabe, en particular a los provenientes de Irak y de Oriente Medio, el Sucesor de Pedro reiteró que «Dios no permanece en silencio ante los sufrimientos y el grito de sus hijos, o ante la injusticia y la persecución, sino que interviene y dona, con su Misericordia, salvación y socorro».

Testimoniemos en el mundo el amor de Dios, fue también la exhortación del Papa, en particular en el año jubilar:

«El Jubileo extraordinario nos invita a abrir los corazones a los dones de la Divina misericordia: conversión, perdón de los pecados, renovación del espíritu, amor y paz. Confirmados por estos dones, recordemos que Dios nos ama constantemente, nos escucha, espera nuestra fidelidad a la alianza estrechada con nosotros el día del Bautismo. Para nuestro prójimo y para el mundo entero, seamos testimonio de su amor».

En sus palabras a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, el Papa recordó el ejemplo de Santo Tomás de Aquino, sacerdote dominico, Doctor de la Iglesia y patrono de las escuelas católicas, en la víspera de su  memoria litúrgica:

«Mañana se celebra la memoria litúrgica de Santo Tomás de Aquino, patrono de las escuelas católicas. Que su ejemplo los impulse a ustedes, queridos jóvenes, a ver en Jesús misericordioso el único maestro de vida: Que su intercesión obtenga para ustedes, queridos enfermos, la serenidad y la paz presentes en el misterio de la cruz. Y que su doctrina sea un aliento para ustedes, queridos recién casados, a encomendarse a la sabiduría del corazón para cumplir su misión».

El Santo Padre saludó asimismo cordialmente a un grupo de circenses, que ofreció un número acrobático en la audiencia y los alentó en su trabajo al servicio de la belleza, que hace bien al alma y acerca a Dios y que requiere tanto sacrificio y entrenamiento.

(CdM – RV)

El Papa en la Catequesis: “estamos llamados a ser mediadores de misericordia”

“La misericordia obtiene el perdón de nuestros pecados y nos convierte en hijos de Dios, joyas preciosas en las manos del Padre bueno y misericordioso”, con estas palabras el Papa Francisco explicó como la misericordia divina ha estado siempre presente en la historia del Pueblo de Israel.

Continuando su ciclo de catequesis sobre la misericordia en la Sagrada Escritura, el Obispo de Roma recordó que la misericordia de Dios Padre ha acompañado a los Patriarcas, por caminos de gracia y reconciliación. Incluso, cuando el Pueblo fue esclavizado en Egipto, la misericordia divina no es indiferente. “La misericordia no puede permanecer indiferente delante del sufrimiento de los oprimidos, del grito de quien padece la violencia, reducido a la esclavitud, condenado a muerte, dijo el Papa. Es una dolorosa realidad que aflige toda poca, incluida la nuestra, y que muchas veces nos hace sentir impotentes”.

Ante este sufrimiento, Dios suscita siempre mediadores de misericordia, señaló el Pontífice, es así que comienza la historia de Moisés como mediador de liberación para el pueblo. “La misericordia de Dios actúa siempre para salvar. El Señor, afirmó el Papa, mediante su siervo Moisés, guía a Israel en el desierto como si fuera un hijo, lo educa en la fe y realiza la alianza con él, creando una relación de amor fuerte, como aquel del padre con el hijo y el del esposo con la esposa”.

Antes de concluir su catequesis, el Sucesor de Pedro dijo que “la misericordia divina, llega a pleno cumplimiento en el Señor Jesús, en aquella nueva y eterna alianza consumada con su sangre, que con el perdón destruye nuestro pecado y nos hace definitivamente hijos de Dios, joyas preciosas en las manos del Padre bueno y misericordioso”.

Texto completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la Sagrada Escritura, la misericordia de Dios está presente a lo largo de toda la historia del Pueblo de Israel.

Con su misericordia, el Señor acompaña el camino de los Patriarcas, a ellos les dona hijos no obstante su condición de esterilidad, los conduce por caminos de gracia y de reconciliación, como demuestra la historia de José y de sus hermanos (Cfr. Gen 37-50). Y pienso en tantos hermanos que están alejados dentro de una familia y no se hablan. Pero este Año de la Misericordia es una buena ocasión para reencontrarse, abrazarse y perdonarse, ¡eh! Olvidar las cosas feas. Pero, como sabemos, en Egipto la vida para el pueblo se hace dura. Y es ahí cuando los Israelitas están por perecer, que el Señor interviene y realiza la salvación.

Se lee en el libro del Éxodo: «Pasó mucho tiempo y, mientras tanto, murió el rey de Egipto. Los israelitas, que gemían en la esclavitud, hicieron oír su clamor, y ese clamor llegó hasta Dios, desde el fondo de su esclavitud. Dios escuchó sus gemidos y se acordó de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob. Entonces dirigió su mirada hacia los israelitas y los tuvo en cuenta» (2,23-25). La misericordia no puede permanecer indiferente delante del sufrimiento de los oprimidos, del grito de quien padece la violencia, reducido a la esclavitud, condenado a muerte. Es una dolorosa realidad que aflige toda época, incluida la nuestra, y que muchas veces nos hace sentir impotentes, tentados a endurecer el corazón y pensar en otra cosa. Dios en cambio «no es indiferente» (Mensaje para la Jornada Mundial de la paz 2016, 1), no desvía jamás la mirada del dolor humano. El Dios de misericordia responde y cuida de los pobres, de aquellos que gritan su desesperación. Dios escucha e interviene para salvar, suscitando hombres capaces de oír el gemido del sufrimiento y de obrar en favor de los oprimidos.

Es así que comienza la historia de Moisés como mediador de liberación para el pueblo. Él afronta al Faraón para convencerlo en dejar salir a Israel; y luego guiará al pueblo, a través del Mar Rojo y el desierto, hacia la libertad. Moisés, que la misericordia divina ha salvado a penas nacido de la muerte en las aguas del Nilo, se hace mediador de aquella misma misericordia, permitiendo al pueblo nacer a la libertad salvado de las aguas del Mar Rojo. Y también nosotros en este Año de la Misericordia podemos hacer este trabajo de ser mediadores de misericordia con las obras de misericordia para acercarnos, para dar alivio, para hacer unidad. Tantas cosas buenas se pueden hacer.

La misericordia de Dios actúa siempre para salvar. Es todo lo contrario de las obras de aquellos que actúan siempre para matar: por ejemplo aquellos que hacen las guerras. El Señor, mediante su siervo Moisés, guía a Israel en el desierto como si fuera un hijo, lo educa en la fe y realiza la alianza con él, creando una relación de amor fuerte, como aquel del padre con el hijo y el del esposo con la esposa.

A tanto llega la misericordia divina. Dios propone una relación de amor particular, exclusiva, privilegiada. Cuando da instrucciones a Moisés a cerca de la alianza, dice: «Ahora, si escuchan mi voz y observan mi alianza, serán mi propiedad exclusiva entre todos los pueblos, porque toda la tierra me pertenece. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación que me está consagrada» (Ex 19,5-6).

Cierto, Dios posee ya toda la tierra porque lo ha creado; pero el pueblo se convierte para Él en una posesión diversa, especial: su personal “reserva de oro y plata” como aquella que el rey David afirmaba haber donado para la construcción del Templo.

Por lo tanto, esto nos hacemos para Dios acogiendo su alianza y dejándonos salvar por Él. La misericordia del Señor hace al hombre precioso, como una riqueza personal que le pertenece, que Él custodia y en la cual se complace.

Son estas las maravillas de la misericordia divina, que llega a pleno cumplimiento en el Señor Jesús, en aquella “nueva y eterna alianza” consumada con su sangre, que con el perdón destruye nuestro pecado y nos hace definitivamente hijos de Dios (Cfr. 1 Jn 3,1), joyas preciosas en las manos del Padre bueno y misericordioso. Y si nosotros somos hijos de Dios y tenemos la posibilidad de tener esta herencia – aquella de la bondad y de la misericordia – en relación con los demás, pidamos al Señor que en este Año de la Misericordia también nosotros hagamos cosas de misericordia; abramos nuestro corazón para llegar a todos con las obras de misericordia, la herencia misericordiosa que Dios Padre ha tenido con nosotros. Gracias.

(Traducción del italiano: Renato Martinez – Radio Vaticano)

Dios nos ofrece su misericordia en Jesús que nos obtiene el perdón y nos hace hijos de Dios, el Papa en Catequesis

La misericordia de Dios no es indiferente al dolor del oprimido, al grito de quien sufre violencia, esclavitud, o es condenado a muerte, afirmó Francisco en su Catequesis del 27 de enero de 2016. «El sufrimiento es una triste realidad que aflige a toda época, también a la nuestra. Nos hace sentir impotentes y tentados de endurecer el corazón. Dios, en cambio, “no es indiferente», no abandona, sino que actúa y salva”.

El Sucesor en la Cátedra de Pedro explicó que «también a nosotros nos ofrece las maravillas de su misericordia, que llega a su pleno cumplimiento en Jesucristo, que con su Sacrificio Pascual inaugura la “Alianza nueva y eterna”, nos obtiene el perdón de nuestros pecados y nos convierte definitivamente en hijos de Dios». jesuita Guillermo Ortiz

FRANCISCO EN ESPAÑOL con el Resumen de la Catequesis

Queridos hermanos y hermanas: El relato del libro del Éxodo que hemos escuchado nos muestra como la misericordia de Dios ha estado siempre presente en toda la historia del Pueblo de Israel. Por esto, cuando su vida se vuelve dura por la esclavitud en Egipto, Dios no permanece indiferente ante su sufrimiento. Lo salva del Faraón por medio de Moisés, a quien escoge como mediador de liberación. Lo saca de Egipto, lo conduce a través del Mar Rojo y del desierto, hacia la tierra prometida, hacia la libertad.

La misericordia de Dios no es indiferente al dolor del oprimido, al grito de quien sufre violencia, esclavitud, o es condenado a muerte. El sufrimiento es una triste realidad que aflige a toda época, también a la nuestra. Nos hace sentir impotentes y tentados a endurecer el corazón. Dios, en cambio, «no es indiferente», no abandona, sino que actúa y salva.

El ejemplo de Israel nos consuela y aviva nuestra esperanza en la salvación de Dios. Él elige a Israel, lo educa como un padre a su hijo, y le propone una relación de amor particular que lo convierte en “pueblo de su propiedad”.

También a nosotros nos ofrece las maravillas de su misericordia, que llega a su pleno cumplimiento en Jesucristo, que con su Sacrificio Pascual inaugura la “Alianza nueva y eterna”, nos obtiene el perdón de nuestros pecados y nos convierte definitivamente en hijos de Dios.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Que el Señor Jesús nos conceda experimentar siempre en nuestra vida el amor y la misericordia de Dios, nuestro Padre. Muchas gracias.