El emotivo recibimiento que organizó el público colombiano en el Atanasio Girardot fue un espectáculo extra en el turbio partido que abrió el desquite de los octavos de final de la Copa Libertadores, protagonizado por Atlético Nacional y Huracán.

Un tiro libre ejecutado por Daniel Bocanegra significó la amenaza en el arco porteño. El defensor buscó por el palo de la barrera y el travesaño le ahogó el grito. Por un milagro, el Globo se salvó de estar en desventaja antes de que se cumplieran los 10 minutos.

Unos instantes después, los de Reinaldo Rueda consiguieron abrir el marcador tras una polémica decisión del venezolano José Argote. El árbitro sancionó una supuesta infracción de Mauro Bogado sobre Alejandro Guerra, y Víctor Ibarbo intercambió el penal por gol.

Las discusiones y reproches no sirvieron de nada. La muestra de carácter se basó en la triangulación que conformó el propio volante de San Martín, junto a Ramón Ábila y Cristian Espinoza. Luego de 6 partidos sin convertir, los quemeros consiguieron quebrar la valla invicta que ostentaba la entidad cafetera. El sueño de hacer historia se mantenía vigente en territorio ajeno.

De todos modos, la calidad de Andrés Ibargüen puso en jaque a la defensa argentina unos instantes previos a que se fueran al descanso. El atacante de Cali desparramó a la defensa visitante y le sirvió el tanto a Guerra, quien adentro del área chica y sin nadie que lo moleste desperdició la oportunidad por encima del travesaño. Nuevamente la fortuna se mostró del lado de Parque Patricios.

Pero en el complemento la pésima tarea del juez perjudicó sensiblemente a Huracán. La expulsión errónea de Federico Mancinelli debilitó al elenco de Eduardo Domínguez, aunque la individualidad de Wanchope le daba esperanzas al Globo.

Sueños que se evaporaron cuando Guerra construyó una exquisita pared con Orlando Berrío y resolvió entre las piernas de Marcos Díaz. Fue el golpe de la clasificación del Verdolaga, que pudo ser más agudo si Ibargüen no dilapidaba otra chance a centímetros del caño.

El tercero lo volvió a convertir el venezolano. Un intento del reemplazante de Ibarbo, desactivado por José San Román, le dio la posibilidad a Guerra de colgarla al ángulo para sellar los boletos a los cuartos de final del torneo continental. A falta de 20 minutos ya estaba todo liquidado en Colombia.

De todos modos, el amor propio le puso suspenso a la noche cafetera. Un centro de Espinoza y una tijera hermosa de la figura cordobesa instaló los deseos de que se estableciera la hazaña. Fue un cierre muy emotivo, en el que Franco Armani tuvo que revolcarse de palo a palo para evitar la sorpresa.
Más allá del broche que improvisó Jonathan Copete, el triunfo de Atlético Nacional fue opacado por el trabajo arbitral. A pesar de clasificarse entre los ocho mejores del continente, la victoria quedará bajo un manto de sospechas. En cambio, los protagonistas quemeros deben saber que en su regreso a la Argentina serán bien recibidos en Parque Patricios por su digna actuación y las adversidades que tuvieron que afrontar en territorio colombiano. A Huracán le pincharon el Globo.

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