Es el tipo de violencia más naturalizado por nosotros mismos. Se trata de «piropos» que normalmente se dicen en la calle. Se convierte en acoso cuando son agresivos, denigrantes, cuando lo hacen sin nuestro consentimiento. En casos más específicos esto se puede llegar a convertir en persecución, en roces, tocamientos y así se va tejiendo el hilo de la violencia de género.

Artículo anteriorActividades por la semana del «empleado municipal»
Artículo siguienteCon el paso del Dakar, Fiambalá se ha vuelto mítico