Hartos de tiroteos y matanzas en las escuelas, cientos de miles de jóvenes, adultos, de familias con chicos en cochecitos y de gente que peinaba canas, salieron ayer a la calle en Washington y en las principales ciudades de todo Estados Unidos para medidas más duras para el acceso a las armas de fuego. En una de las movilizaciones más masivas que se recuerden, más de un millón de personas marchó en el país, pero el epicentro fue en la capital política.

Convocada por los alumnos de la secundaria Marjory Stoneman Douglas de Parkland, Florida, donde 17 personas fueron asesinadas el 14 de febrero por Nikolas Cruz, de 19 años, una multitud se agolpó en la avenida Pennsylvania, desde la Casa Blanca hasta el Capitolio y los alrededores.

Los organizadores de la llamada “Marcha por nuestras vidas”calcularon que hubo en esta ciudad cerca de medio millón de personas, en un día frío, con un cielo azul y soleado de primavera. La energía en la calle era desbordante. Las pancartas eran directas y creativas: “¿Cuántos más deben morir?”, “¿Seré yo la próxima?”, “La NRA (por la Asociación Nacional del Rifle) se beneficia con nuestra sangre”. Un chico de unos 7 años levantaba un cartel: “¿Protejamos a los niños, no las armas”.

Las cifras son alarmantes. Desde la matanza de Columbine en 1999, más de 187.000 estudiantes de unas 193 escuelas primarias o secundarias de Estados Unidos sufrieron un tiroteo en su colegio en horario escolar, según cifras que reveló anoche The Washington Post. En los tres meses que van de 2108 ya hubo 11 episodios con armas en clase. El último sucedió muy cerca de esta capital, en una escuela secundaria de Maryland, donde murió una alumna.

Los sobrevivientes de la escuela de Parkland fueron ayer los grandes protagonistas. En un escenario montado en plena avenida, los adolescentes encendieron e inundaron de emoción a la multitud con sus discursos. “No queremos tener más miedo”,bramaban. “A los líderes, a los escépticos y cínicos que nos dijeron que nos sentáramos, que nos quedáramos en silencio y que respetáramos nuestro turno les decimos: ‘Bienvenidos a la revolución’”, clamó Cameron Kasky, estudiante de Parkland.

David Hogg, sobreviviente y uno de los líderes del movimiento “Marcha por nuestras vidas”, dijo a la multitud que “podemos y vamos a cambiar este mundo”. “¡Haremos de esto una cuestión electoral!”, clamó, en vista a las legislativas de noviembre.

Uno de los momentos más electrizantes fue cuando habló Emma González, otra de las sobrevivientes y caras visibles del movimiento surgido en Parkland. Esta chica de cabeza rapada, que junto con otros líderes estudiantiles llegó a la tapa de la revista Time, dijo que el asesino había cometido la matanza en solo 6 minutos y 20 segundos.

Luego de recordar a sus compañeros fallecidos, se quedó abruptamente en silencio, mirando a la multitud. La gente no sabía muy bien qué hacer. Ella permanecía sin palabras, con lágrimas en los ojos y con los papeles de su discurso apretados en sus manos. Casi se podía escuchar su respiración. Los minutos corrían y los manifestantes secaban sus mejillas y finalmente comenzaron a aplaudir. “¡Nunca más!, ¡Nunca más!”, clamaban.

En un momento exacto sonó una alarma y Emma dijo: “Desde que salí al escenario hasta ahora, pasaron 6 minutos, 20 segundos. Pelea por tu vida antes de que otro lo haga por vos”, concluyó y se fue.

Los espectadores veían con asombro como una generación de adolescentes se había hartado y salía a pelear como nunca antes contra el descontrol de las armas y la inacción de los políticos frente a las matanzas cada vez más frecuentes.

Los estudiantes llegaron a esta ciudad desde todo el país en avión, en ómnibus, en auto y en tren. Un equipo de futbol americano de Boston puso a disposición su avión particular para que los sobrevivientes de Parkland viajaran. Centenares de familias de Washington ofrecieron su casa para alojarlos porque la mayoría de ellos son menores de edad y no podían instalarse en hoteles.

Allison Alduncin, de 26 años, es una contadora de Florida que llegó a DC a apoyar la marcha. “Sucedió en mi estado, por eso a mí me tocó personalmente. Me siento feliz de que haya mucha gente acá protestando y tratando de pedir un cambio”, dijo aClarín. Tiene un cartel en el que se ve a Donald Trump con un rifle de asalto AR-15, como el que se utilizó en varias matanzas.

El dibujo alude a la frase que el magnate dijo en la campaña, sobre que él podía disparar y matar a alguien en plena 5ta avenida de Nueva York y que igual lo votarían. Se ve una leyenda que dice: “Nadie está por encima de la ley”. Allison agrega: “Nadie debería disparar a una persona en ningún lugar. Por eso estamos acá, para que hagan algo contra las armas, que pongan más controles para que no sean tan accesibles”.

Los reclamos son varios, pero básicamente el movimiento pide que se eleve la edad de compra de armas de 18 a 21 años, que se prohíba la venta de fusiles de asalto y que se promuevan mayores controles de antecedentes penales y de salud mental para quien quiera adquirir una.

La estadounidense es la sociedad más armada del mundo. Y hay casi la misma cantidad de armas que habitantes. A pesar de la frecuencia de las matanzas, los legisladores se niegan a imponer mayores controles a las armas porque es un tema sensible para la cultura del país y también por el influyente lobby de la NRA, que suele invertir millones en las campañas electorales.

El presidente Trump ha recibido a sobrevivientes de distintos episodios e incluso dijo que iba a promover algunas medidas, pero solo propuso la polémica idea de armar a los maestros para frenar a los tiradores, que es rechazada por la mayoría de los maestros y estudiantes.

Los jóvenes esta vez quieren hacer oír su voz. Rodrigo Girón, de 19 años, estudiante de Ciencias Políticas, dice a Clarín que esta feliz. “No puedo creer que haya tanta gente aquí en Washington, que hayan venido de todas partes de país. Estoy muy contento y orgulloso de mi generación, tenemos que ser los protagonistas del cambio”.

La manifestación más grande fue en Washington, con estrellas invitadas al escenario como Arianna Grande, Miley Cyrus y Demi Lovato, que cantaron y se sacaron selfies con los chicos. Pero hubo también grandes marchas en Nueva York, Los Angeles, Boston, Chicago y en todas las ciudades importantes del país.

Además de las cantantes, otros famosos apoyaron la “Marcha por nuestras vidas”. El actor George Clooney y su esposa Amal donaron medio millón de dólares. Oprah Winfrey y Steven Spielberg también sumaron dinero, y el actor Bill Murraycomparó las marchas de hoy con las protestas contra la guerra de Vietnam en la década de 1960.

Desde el escenario, una pequeña nieta de Martin Luther King, de 9 años, evocó a su abuelo, el líder de los derechos civiles: “Tengo un sueño, que haya un mundo sin armas”. La multitud vociferaba en espejo el mensaje: “Tengo un sueño”. ¡Nunca más!”.

Fuente: Clarin