Unas 150 mil personas llegaron a Windsor, una pequeña localidad a 34 kilómetros de Londres, para participar de la boda de este sábado entre el príncipe Harry, sexto en la línea de sucesión de su abuela, la Reina Isabel, con la actriz estadounidense Meghan Markle.
El casamiento pondrá fin a la soltería de Harry, de 33 años y el más rebelde de los hijos de Lady Dy. El príncipe dará el sí luego de haber dejado atrás un historial de novias y fotos en las que aparece borracho, fumando marihuana y hasta portando un esvástica en una fiesta de disfraces.

También marca la llegada a la realeza de una mujer que poco tiene que ver con ella. Si la futura cuñada de Meghan, Kate Middleton, esposa de William, representó el arribo a la realeza de la clase media, Meghan trae un poco de respiro en un Reino Unido marcado por la diversidad racial pero también por los prejuicios. A poco de empezar la relación, el propio Harry tuvo que sacar un comunicado en la que se quejaba de los medios británicos por tener «una actitud de acoso y abuso racista» hacia su novia.

Para Meghan, actriz, hija de madre afroamericana que se gana la vida como profesora de yoga, este no será el primer matrimonio. Pero la futura esposa no sólo llegará al altar habiendo estado casada. Sus opiniones también marcan una diferencia: apoyó abiertamente a Hillary Clinton, en su cuenta de Instagram criticó el Brexit, y calificó a Donald Trump como un «misógino» que «provoca divisiones».

El príncipe Harry, sexto en la línea de sucesión de la corona británica, se casó pasadas las 12.30 (8.30 en Argentina) con la actriz estadounidense Meghan Markle en la Capilla de San Jorge del Castillo de Windsor, en cuyos alrededores se apostaron decenas de miles de personas que siguieron la ceremonia a través de pantallas gigantes.

La novia llegó al altar de la mano del príncipe Carlos, padre de Harry y William, y ofició la boda el reverendo David Conner, decano de Windsor, aunque antes brindó un encendido discurso el obispo afroamericano Michael Bruce Curry, de la Iglesia Episcopal de Estados Unidos, que habló de la pareja y el «poder del amor».
Tras las palabras de Bruce Curry, el coro de gospel The Kingdom Choir interpretó una versión del clásico «Stand by me», que en 1961​ cantó por primera vez el norteamericano Benjamin E. King.

Luego, la pareja dio el «sí» frente al altar, intercambiaron los anillos y Conner «los proclamó marido y mujer. Lo que ha unido dios nadie podrá separarlo», cerró el reverendo en la Capilla de San Jorge, ante unos 600 invitados.
Las decenas de miles de asistentes presenciaron la ceremonia en un silencio sepulcral, sentados en el pasto y a lo largo de la avenida The Long Road, que se extiende por unos 4 kilómetros y finaliza en el ingreso principal del lugar de la ceremonia.

La llegada de Doria Ragland, madre de Meghan, despertó fuertes aplausos del público, que también vivó el arribo de su hija y del resto de los integrantes de la monarquía, incluso la reina Isabel II, de 92 años.

Tras la ceremonia, la pareja participará de una procesión de carruajes y saludará a los asistentes a la pequeña localidad de Windsor, ubicada a 34 kilómetros de Londres.

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