Habla con autoridad de los 100 años de la llegada de los catamarqueños al Sur. Considera necesario que nos conozcamos un poco más. Fue diputado provincial (FCS) entre los años 2003 y 2005.

A los 62 años escribió más de 30 libros y es uno de los escritores que gozan del reconocimiento de la sociedad.

En la banca de diputado provincial.

Escribió el tema Eulalia Ares de Vildoza, que forma parte de la obra literaria-musical “Sin olvido. Catamarqueños más allá del tiempo”, la saludable idea del periodista Carlos H. Barrionuevo.

Está casado con Irma Beatriz, tiene 4 hijos: Silvana, Fernanda, Oscar y Martín, más María Florencia (fallecida); 6 nietos: Florencia, Sofía, Julieta, Dimitri, Diego y Felipe. Nació en Cerro Negro, parte de ese interior profundo que se empeña en investigar para después escribir y compartir. El Cara a cara de este domingo propone conocer el pensamiento de Oscar Hugo Alaniz.

  -¿Con qué nos encontramos cuando abrimos el libro “Odisea de los catamarqueños en la Patagonia”, a cien años de la llegada de nuestros comprovincianos a poblar el Sur?

-La presencia de los catamarqueños en la Patagonia ameritaba su puesta en valor, porque es prácticamente desconocida la odisea y el riesgo que han corrido los primeros catamarqueños que fueron para cumplir con un plan nacional que, sin saberlo, había sido proyectado por el gobierno nacional de ese entonces –era presidente Don Hipólito Irigoyen-. Hay algo que se desconoce: los catamarqueños no fueron allá solamente para formar parte de la explotación petrolera. Fueron para argentinizar, porque en ese entonces el 93% de los habitantes del Sur era de origen extranjero. Fueron a pacificar, porque después del descubrimiento del petróleo los sindicalistas que llegaban de Europa amenazaban con incendiar  los pozos petroleros si no accedían a sus peticiones. Entonces, hacía falta poblar la zona con argentinos pacíficos. Y también, para proteger la soberanía nacional, porque el avance de países extranjeros era muy fuerte en la Patagonia y mucho más aún lo fue después del fenómeno petrolero, allá por el 13 de diciembre de 1907.

-¿Por qué la palabra odisea, tan duro fue aquello?

-Fue muy duro. Y vamos a un ejemplo puntual: imaginemos a un catamarqueño, con un español básico, llega a Comodoro Rivadavia, un lugar absolutamente desconocido en todo: su clima, el trabajo, las herramientas y a una distancia de casi 3 mil kilómetros. Y los jefes de los primeros catamarqueños que llegaron eran todos europeos de distintos países: había rusos, ingleses, franceses, yugoslavos, croatas y cada uno de ellos hablaba el español de un modo que su idioma original les permitía; es decir que para nombrar a una misma herramienta, ninguno la pronunciaba del mismo modo y el catamarqueño tenía que cumplir las órdenes que emanaban de esas voces desconocidas y poco claras. ¡Imaginemos cómo se sentiría un catamarqueño en esa situación!

  -Además, hay algo muy fuerte como es el desarraigo.

-¡Dejó todo! En pos de buscar lo mejor para él y su familia, en el marco de una situación social y económicamente mal en el Oeste provincial. Ese plan nacional al que aludí anteriormente decía que los aptos físicamente para tolerar la inclemencia climática de la Patagonia eran catamarqueños del Oeste de Catamarca. A esto lo compruebo saliendo de Tinogasta y habiendo estado un largo tiempo fuera del departamento: regresar a mi casa, a mi pueblo que tanto quiero, siento que el clima es mucho más duro que en San Fernando del Valle, por ejemplo. Ahí entiendo por qué fueron elegidos los catamarqueños del Oeste para poblar el Sur. Los tinogasteños fueron los primeros en ir.

  -Además de ir en busca del progreso en la Patagonia, ¿qué dejaban los catamarqueños del Oeste?

-El catamarqueño, como bien lo dice una amiga que hoy tiene 81 años en Comodoro Rivadavia, buscaba escapar de la miseria en la que se vivía por ese entonces en el Oeste provincial; quería dejar de vivir así. El trabajo fuerte que por esa época había era la zafra y cada vez que los catamarqueños iban a la zafra lo hacían cargados de esperanzas; y cuando volvían, eran muchos los que únicamente traían piojos y enfermedades. Al trabajo lo hacían en Tucumán, Salta y Jujuy. ¿Qué pasaba? Los “conchabadores”  (empleadores), como dice la patente municipal, tenían el derecho de conchabar, dar trabajo. El conchabador reunía a miles de trabajadores llamados “golondrinas” para llevarlos a la zafra. Cuando llegaba la época de la cosecha de la caña de azúcar, las estaciones del ferrocarril se poblaban de una manera extraordinaria de gente que viajaba para trabajar en esa actividad. Además, no iba el hombre únicamente; iba con la esposa, con los hijos, es decir con toda la familia. Un día me pasó algo muy curioso: entré a un kiosco en la capital de Salta y cuando la señora me escuchó hablar me dijo: “Usted es riojano”. Le dije que no era riojano, que era catamarqueño, a lo que me respondió: “Pero los catamarqueños no hablan así”. Tuve que explicarle que no era de la Capital catamarqueña, sino del interior de Tinogasta, de un pueblito llamado Cerro Negro. Vaya coincidencia: ella también era tinogasteña, más precisamente de Anillaco, de la familia Paredes. Ahí me contó que ella fue a Salta, a la zafra, cuando tenía 7 años y nunca más volvió.

  -¿Qué se está haciendo en el año del centenario de los catamarqueños en la Patagonia?

-Ya se hicieron muchos actos. Se presentó, por ejemplo, un libro que tiene la historia del Museo Nacional del Petróleo en Comodoro Rivadavia, que es una de las cuatro instituciones más importantes del mundo en su tipo y que, como casi todas las cosas que hay en la Patagonia, el inspirador ha sido un catamarqueño: don Salomón Nieva, un hombre oriundo de Tinogasta que era un obrero, pero que a la vez se hizo amigo de los jefes y se encargó de ir reuniendo las piezas para formar el museo. ¡Son increíbles las historias que tienen los catamarqueños en el Sur! Al catamarqueño no le importaba el lugar del Sur al que iba. Salir de la pobreza era el punto número uno. El desafío principal era escaparle a la pobreza.

  -¿Era Comodoro Rivadavia un punto de referencia para el catamarqueño?

-En un principio fue Comodoro Rivadavia porque allí se descubrió el petróleo, en el Pozo N° 2, que hoy es el B° “General Mosconi”.

  -A través de su trabajo de investigación, ¿sabe de  catamarqueños que efectivamente han salido de la pobreza y han regresado a su pueblo o se han quedado a vivir en el Sur?

-Conozco de las dos situaciones: hay gente que les ha ido muy bien y se ha quedado allá en el Sur, pensando siempre en volver. La palabra que más se escucha de los catamarqueños en la Patagonia es: volver. Pero ocurre que allá nacieron los hijos, los nietos y por uno u otro motivo nunca regresan y terminan poblando los cementerios de la Patagonia. Pero también los que han regresado y están en una muy buena posición económica. En realidad, son los menos a los que les ha ido mal. Porque sabemos que hubo época buenas y malas dentro de la explotación petrolera.
-¿Se conocen cifras aproximadas de catamarqueños que llegaron al Sur en 100 años?

-Cifras puntuales no hay. Algunos aventuran decir 50 mil, otros hablan de hasta 200 mil. En una oportunidad me reuní con el exgobernador de Chubut,  (Martín) Buzzi, con el intendente de Comodoro Rivadavia, de apellido Di Pierro y con gente de la universidad; a todos les pedí que en los próximos censos se agreguen dos preguntas: el origen del papá, el origen del abuelo y, si fuera posible, el origen del bisabuelo del censado, como para terminar un número aproximado de catamarqueños en el Sur.

  -El fenómeno de los catamarqueños en el Sur, ¿se dio de igual manera con ciudadanos de otras provincias, como por ejemplo La Rioja?

-Sí, particularmente con las provincias del Noroeste. En un principio, cuando comienza la explotación petrolera, fueron mayoría los catamarqueños, riojanos y salteños, pero sin duda que Catamarca es la provincia que más pobladores aportó al Sur.

  -El transporte también tiene su propia historia en esto de poblar el Sur con gente del Oeste catamarqueño.

-Los primeros viajes se hacían desde Tinogasta en tren hasta Buenos Aires y desde ahí viajaban al sur por mar en el buque “12 de Octubre”. Lo que ahora conocemos como el servicio de puerta a puerta, antes empezó Pocho Robledo en Tinogasta con un Chevrolet 46, auto en el cual llevaba pasajeros al Sur. Llevaba cuatro o cinco, dependía del tamaño de los pasajeros, demoraban casi dos días en llegar. Mucho se dependía del estado de la ruta, que en esa época no estaba asfaltada. Si el auto se rompía en pleno trayecto, se tardaba diez días en llegar a destino. Una pequeña historia: entrando a Chubut está la localidad de Puerto Lobos y un día le pregunté a Pocho Robledo cuál era la razón de que siempre paraba allí, un pueblito chico, un lugar que a mí no me gusta mucho. Me dijo lo siguiente: “A esta gente jamás la voy a abandonar. ¡Las veces que esa gente nos salvó la vida! Cuando íbamos en auto, a veces llegábamos al corte de nafta, sin comida y hasta sin plata y ellos nos solucionaban todos los problemas para poder llegar a destino”. Después vinieron Carlos Ortiz, los hermanos Manuel y Luis Pinto, Beto Morales, quienes llevaban pasajeros en auto. Esto ocurrió hasta casi fines de la década del ´70. El auto más famoso era el Valiant III, algo  considerado de lujo. Posteriormente apareció Don Carlos Ortiz con una empresa de transporte, que hacía el viaje directo desde Tinogasta hasta Caleta Olivia; luego vino la empresa Robledo. En la actualidad se sumó la empresa Andesmar.

  -Tiene una particular mirada a nuestro interior provincial.

-Totalmente. Y tiene su explicación: veo tres Catamarcas en el territorio provincial. Una, el Oeste hasta la Capital; otra, que viene del Este a la Capital y el Valle Central propiamente dicho. Estas tres regiones que según mi criterio existen en Catamarca, tienen muy poco contacto entre sí, salvo el Valle Central con Este y Oeste. Esto considero es un tema pendiente que tenemos los catamarqueños: la integración total de nuestro territorio y nuestros habitantes. Es necesario que nos conozcamos más; para sentirnos, para saber que existimos. Es posible hacerlo, falta la decisión de empezar.

La historia poco conocida

Queríamos conocer cuál es el punto de referencia para celebrar los 100 años de la llegada de los catamarqueños a la Patagonia. El escritor Alaniz se toma su tiempo para contarnos el resultado de su investigación:
“Tomamos como punto de referencia de los 100 años a un hecho histórico totalmente desconocido. En el proyecto de Don Hipólito Irigoyen, existió la designación de un catamarqueño como gobernador del territorio nacional de Chubut, como una manera de atraer al resto de los comprovincianos. Ese señor se llamó Rafael Robín Escalante. Era abogado y su casa estaba ubicada frente al seminario de San Fernando del Valle de Catamarca, por calle San Martín. Aquí, en la provincia, supo cumplir funciones en el gobierno: fue ministro del Dr. Emilio Molina, quien fuera gobernador entre 1908 y 1912, fue también vicepresidente de la Unión Cívica Radical y diputado en representación de Valle Viejo. En el año 1915 desapareció de la escena política de Catamarca y apareció en Río Negro ocupando un fugaz cargo de ministro-secretario del gobernador, desde donde luego pasó a Chubut, cumpliendo idénticas funciones. El 2 de febrero de 1918, quedó a cargo de la gobernación de Chubut, una historia que pocos conocen de Robín Escalante. Recuerdo que recorrí la provincia de Chubut buscando documentación sobre nuestro comprovinciano, junto con los amigos del Centro de Residentes Catamarqueños de Comodoro Rivadavia. Busqué por distintos pueblos la obra del gobierno de Escalante y llegamos a un pueblo que se llama Dolavon en Chubut, que en este año cumplió 99 años. Allí nos dimos con la sorpresa que la calle principal llevaba el nombre de Rafael Robín Escalante, lo cual me provocó una inmensa alegría. Pero en honor a la verdad, era muy poco lo que se sabía de este hombre en el pueblo. Algunos historiadores del pueblo le adjudican a Escalante la fundación del pueblo de Dolavon; por mi parte, me limito a decir que lo organizó. Es un pueblo de galeses. Lo que hizo Don Rafael Robín Escalante fue constituir el primer gobierno municipal del lugar y él le tomó el juramente al intendente y a los concejales. Además, creó la primera escuela primaria, cuyo edificio de 1919 todavía está, solamente que está ocupado por jubilados; la escuela tiene edificio nuevo. También este hombre fue intendente de Rawson, capital de Chubut, en 1922”.

El valioso aporte al Sur

Fueron muchos los catamarqueños que alcanzaron a destacarse en distintas profesiones en el extremo Sur. Más allá de los esforzados primeros obreros de los comienzos de la aventura de emigrar a aquella zona del país, posteriormente aquella región supo de la calidad de docentes, médicos, periodistas y referentes de otras profesiones que dejaron su sello en la Patagonia. Al respecto, nuestro entrevistado dejó su opinión:

En la Feria Internacional del Libro.

“En un principio la gran mayoría de los catamarqueños fueron a trabajar como peones, obreros y, lo que sería una hoja de ruta habla de General Mosconi, especificándose que en el buque-tanque “12 de Octubre” iban desde 12 hasta 500 o 600 catamarqueños con destino a la explotación petrolera en Comodoro Rivadavia. De estas “órdenes de viajes” hay miles. En mi libro he puesto unas cuatro o cinco solamente como un punto de referencia, pero hay miles. Después, con el tiempo, los hijos de los primeros catamarqueños empezaron a profesionalizarse allá. Y posteriormente, fueron profesionales desde Catamarca, en especial los maestros, los llamados maestros regionales que poblaron la Patagonia. Tengo familiares en el Sur que hoy tienen entre 70 y 80 años y que apenas recibidos se fueron a trabajar al Sur como docentes. Al respecto, hay algo con lo cual he renegado mucho tiempo, algo muy simbólico: “El Gorosito”, monumento que está en Caleta Olivia. Representa a un tipo fuerte, enorme, de gran contextura física con overol de petrolero, y todos los monumentos que se hacen tienen el mismo estilo. Mi reniego es que nunca se ha utilizado como símbolo para un monumento a alguien que ha usado la capacidad intelectual. De pronto, apareció un monumento que se inauguró hace un par de años en uno de los pozos históricos, en el cual se inscriben todas las profesiones que llevaron los catamarqueños, dejando en claro que los catamarqueños también aportamos desde el punto de vista intelectual y no solamente desde el esfuerzo físico”.

Fuente: Esquiu