Vayan para adelante, sueñen a lo grande, caminen con decisión mirando al futuro, pero primero apoyen un pie en sus raíces. Nunca se olviden de eso”, pide Francisco a través de la pantalla, y su prédica –frontal y sin rodeos– resuena en los pasillos de la Villa 31.

Allí mismo, decenas de jóvenes asisten a la inauguración de una nueva sede de Scholas Occurrentes, la red de escuelas que el mismo Papa creó a principios de siglo, cuando aún se lo conocía como el arzobispo Jorge Bergoglio. Esta frase en latín significa “escuelas para el encuentro“, y de eso se trata el programa impulsado por el Sumo Pontífice: un abrazo entre jóvenes de diversos lugares y clases sociales, que saltan por encima de los prejuicios y de toda barrera posible.

El viernes 11 de mayo –justo 44 años después del asesinato del padre Carlos Mugica, un nombre emblemático para este barrio– se organizó la videoconferencia donde Francisco bendijo el flamante emprendimiento. Estuvieron Horacio Rodríguez Larreta (jefe de Gobierno porteño), Diego Santilli (vice), personalidades del deporte como los ex futbolistas Fernando Cavenaghi y Alberto Acosta y, por supuesto, muchos chicos que participan de Scholas.

Se destacaron en especial los que integran el programa Huellas Musicales, que justamente se inició ahí, en la Villa 31: adolescentes y jóvenes de diferentes barrios se juntan para componer, grabar y hasta filmar un videoclip, mientras disfrutan de ese encuentro que los hace conocerse en profundidad.

Así se fundan amistades que, de otro modo, no hubiesen germinado. Y puede suceder aquí, muy cerca de Retiro, en pleno Buenos Aires, y también en Mozambique, México o Colombia. De hecho, Scholas tiene presencia en 190 países y su red integra más de 446.000 escuelas alrededor del planeta, con propuestas que abarcan desde lo artístico (como en este caso) hasta lo deportivo y lo tecnológico, dos áreas en las que los jóvenes se sienten identificados a pleno.

HIMNOS DE MI CORAZON. Jhore –tal su nombre artístico, porque en realidad se llama Jorge– tiene 21 años y rapea con una soltura que asombra. “Empecé a los 15. Escribo mis propias canciones y también improviso“, cuenta con una enorme sonrisa, que asoma debajo de la casi infaltable visera. “¿Qué busco con el rap? Brindar un buen mensaje de amor y paz, y contar cómo es la vida acá, en la 31, sacar lo que tenemos adentro y dejarte con una sonrisa en la boca… Por eso al Papa le gustó lo que hicimos“, asegura quien no dudó en mostrarle su talento al mismísimo Francisco.

Estoy en el programa de Scholas desde el año pasado. Me invitó William“, agrega Jhore en referencia a su amigo y compañero, otro rapero de ley. William tiene 17 años, también vive en la 31 y, además del rap, ama el reggae (por eso las rastas que asoman en su cabeza). El Papa ya lo escuchó rapear en octubre, también a través de una pantalla, y se deshizo en elogios. “Siempre me iba a componer mi música a una canchita de fútbol que hay por ahí. Hasta que un amigo me habló de Scholas y me encantó“, comenta William.

Milena y Manuel, coordinadores del programa, hacen hincapié en que las problemáticas que encuentran los chicos en el barrio son prácticamente las mismas que en otros países del mundo: educación, salud, bullying y violencia de género, entre las principales. En los talleres, chicos de diferentes religiones y realidades socioeconómicas se funden en esa “cultura del encuentro”, como le gusta decir a Francisco. La música, claro, es un vehículo inmejorable para que se produzca. “El lenguaje de los sentimientos es universal. El hecho artístico potencia lo que ya llevan adentro. Se trabaja en la composición, porque lo único que se necesita es que germine esa semilla interior“, comentan los coordinadores.

Antonella Arce, de 17 años, no sólo canta: desde los 15 también toca el violín. Ella vive en la Villa 21 de Barracas y su escuela fue sede de un encuentro de Scholas. “Empecé a conversar con chicos con los que jamás había hablado. Y nos dimos cuenta de que tenemos los mismos gustos… Está claro que la música te une“, se entusiasma Anto, quien ahora estudia en la Escuela de Música de Avellaneda. Cerca suyo, Damián Sambrotta (18) informa que es más amante de la guitarra que del rap, pero que también se anima al “free style”, un furor de estos tiempos.

Y, todos juntos, sin más, comparten su magia de repentización y estrofas. “No lo hacemos por moda, sino por sentimiento“, frasean, moviéndose ante la sonrisa de todos. Restan detalles para que quede inaugurado el salón de usos múltiples en el barrio y, con semejante sede, se sucedan encuentros y el arte fluya entre los jóvenes. “Sueñen, no se rindan, no se jubilen antes de tiempo, arriesguen”, les pidió el Papa, siempre tan cercano a la juventud. “Lo más importante es compartir valores, letras, canciones, ritmos...”, enumera Jhore. Queda claro que el mensaje de Francisco desde el otro lado del océano llegó a buen puerto.

Fuente: Infobae