Francia fue más desequilibrio individual que rendimiento colectivo. Puso en jaque a la selección australiana pocas veces, y siempre a través de la capacidad futbolística propia de sus jugadores. Algún desborde de Mbappé, un remate de media distancia de Griezmann, el tiro libre de Pogba… pero poca asociación en el juego.

Esa desconexión permitió que Australia creciera. Hizo que que los oceánicos se animaran a disputarle la tenencia. Que propusieran por los costados y que empujaran a Francia a cortar con infracción, y que posteriormente intentaran sacarle provecho a la pelota parada. Así comprometieron a Lloris, quien tuvo que esforzarse para sacar un cabezazo que se desvió en Tolisso y evitar lo que hubiera sido el 1-0 de los australianos.

Igual de parejo fue también el segundo tiempo, claro que allí el VAR jugó un papel fundamental (ver …..). Es que a los 12 minutos Andrés Cunha, el árbitro del recordado y polémico Lanús – River de la Copa Libertadores, sancionó penal para Francia por infracción de Risdon a Griezmann adentro del área apoyándose en el videoarbitraje.