No hay sortijas para todos”. Era viernes al mediodía y la frase del fiscal Carlos Stornelli retumbó fuerte en los oídos de uno de los abogados defensores de Juan Carlos de Goycoechea, ex-CEO de Isolux. Una metáfora fue suficiente para que el letrado bajara del quinto al cuarto piso de Comodoro Py, de la fiscalía al juzgado, y se plantara frente a su defendido: “La cosa viene en serio”.

El abogado fue aún más directo. “El escenario más probable es que quedes detenido”, le dijo al exejecutivo de Isolux. Fueron palabras determinantes para obtener el gran objetivo del juez y el fiscal: lograr que un empresario se quiebre.

De Goycoechea había llegado la noche anterior por tierra desde Esquel, donde el pedido de detención lo sorprendió esquiando. Esquivó el avión, como para no quedar detenido al tomar el vuelo. Esa noche hubo reuniones en el estudio de abogados Landaburu, Feder, Carrió, Mayer & Rosental. La estrategia a la que se arribó era no arrepentirse.

“Acá no sale nadie”, le dijo Stornelli al abogado de De Goycoechea, Javier Landaburu. Mientras, el empresario estaba en el juzgado de Bonadio a la espera de ser indagado. En pocos minutos, Landaburu le trazó el panorama que venía. “No salís. Las opciones son dos: o te quedás a pelear el proceso detenido o subimos y hablamos con el fiscal. En todo caso, lo escuchamos”, dijo.