Catorce años después del fuerte sismo que sacudió a la provincia, se conmemorará hoy por primera vez con un feriado el denominado “Día del Milagro”, para recordar el costado más feliz de aquel traumático suceso, sin dudas marcado por la ausencia de víctimas fatales.

Se trata en verdad de un gesto colectivo de agradecimiento a la Virgen del Valle y todo lo que representa para la mayoría del pueblo catamarqueño, más allá de que la específica definición de lo que es un “milagro” excede por cierto los ámbitos legislativos donde se instauró la fecha.

Lo concreto es que las crónicas de la época indican que a las 8,53 de la mañana, un movimiento sísmico de magnitud de 6,5 en la escala de Richter hizo temblar a los catamarqueños por aproximadamente 70 interminables segundos.

El terremoto se percibió en 14 provincias argentinas y en países limítrofes tales como Chile y Paraguay.

Más de mil viviendas, capillas y edificios públicos sufrieron daños de distinta importancia, desde caída de mampostería o rotura de vidrios hasta derrumbes totales.

Con la perspectiva histórica que ofrecen los años, ya despojados de los temores lógicos del momento y con más calma para la reflexión, cabría preguntarse si se enseñó lo suficiente en materia preventiva, y si todos sabemos cómo actuar ante un sismo.

¿Aprendimos a evacuar escuelas, organismos públicos y edificios, que -dicho sea de paso-, son muchos más que en 2004? ¿Hay caminos de emergencia, sistema de comunicación adecuados, un protocolo por todos conocido?

Si las respuestas no son positivas, convendrá trabajar para que lo sean. Porque por muy hermoso que pueda ser un milagro, adoptarlo como primera opción ante una emergencia no es lo más aconsejable.