¿Qué es un eclipse? Sabrina duda, mira el grabador. “¿Te digo?”, pregunta. Sí, decinos. Entonces se le dibuja una sonrisa en la cara y se lanza a explicar con sus palabras el fenómeno que está mirando desde una reposera en la plaza del Planetario. “La luna se está metiendo entremedio del sol y la tierra, y hace que la luz del sol no le dé a la luna, y la luna cuando está entremedio del sol y la tierra va bajando y se hace más oscura”, dice.

Sabrina tiene apenas 10 años y es el primer eclipse que ve en su vida. Llegó al Planetario acompañada de sus padres y su amiga Amelie, de 9. Juntas miraron la luna anaranjada desde uno de los 7 telescopios por lo cuales pasaron miles y miles de personas en la madrugada del lunes.

Según los cálculos de la gente del Planetario, hubo en la plaza cerca de 17 mil personas. Muchos estuvieron en vigilia más horas de las que la luna misma estuvo en el cielo. Ya desde las 19 fueron apareciendo las heladeritas y los manteles de los que eligieron pasar el domingo mirando el universo.

Fue un fenómeno particular, pero el show no se limitó a los astros. A las 22.30 horas en el auditorio se presentó un dúo de jazz compuesto por el guitarrista y cantante Juan Cuiñas y el armonicista Nahuel Castrillon, que tocaron primero para las 250 personas que entran en la sala, y después para el resto de la plaza ya con el eclipse comenzado.

La luna entró en la penumbra once y media de la noche, pero recién después de la medianoche comenzó a desaparecer (exactamente a las 00.34). El punto álgido fue entre la 1:40 y las 2:12, cuando la totalidad de la luna entró en el cono de sombra de la tierra y ganó su mayor tonalidad rojiza. Sin embargo, aunque es un espectáculo impresionante, lo más extraño sucedió en el llano, donde se reproducían charlas y rituales como si Buenos Aires fuera secretamente una colonia de astrónomos.

¿Qué es un eclipse? La explicación de Mariano Rivas podría ser llamada la “oficial”. Es el Jefe de Divulgación Científica en el Planetario, donde trabaja desde hace 19 años. “Esto es un fenómeno que no es ni raro ni infrecuente”, dice. “Es algo sencillo: la luna durante unas horas se mete adentro del cono de sombra de la tierra, que es como un túnel que la tierra proyecta hacia atrás. Y durante esas tres horas y media vemos esa variación de iluminación de la luna”.

Todavía se acuerda del primer eclipse que vio en su vida. “Fue el 17 de agosto de 1989. Tenía 18 años. Estaba en Palermo Viejo, en la casa de unos amigos en la calle Costa Rica. Estábamos en la terraza, fue en un horario parecido al de hoy, que es mi eclipse número 11. Me he perdido varios en el medio porque se nubló o algo por el estilo. Llevamos una estadística que dice que cada dos eclipses, uno te lo vas a perder por mal tiempo. Sin ir más lejos el año pasado hubo uno acá en Buenos Aires pero estuvo nublado y llovió”, cuenta.

Verónica Espino, la Gerente Operativa del Planetario, dice: “Este es un año especial porque hay eclipse de sol el 2 de julio, y eso es muy importante. Entonces hay un calendario agitado para este 2019, que comienza con este eclipse total de luna que vimos hoy”.

¿Qué es un eclipse? Para Lucía Giacosa, astróloga y una de las miles de personas que se acercó con su reposera al parque, no es tan importante como sí lo es la luna llena. “Esta es de leo. Afecta las emociones de casi todo el mundo porque está super cerca. Principalmente afecta a los acuarianos y a los leoninos, o a los que tienen ascendente en acuario o en leo. Es que la luna rige las emociones y cuando está tan cerca se ven afectadas. En general se exageran los estados. Y otra cosa que pasa es que los estados menos conscientes el sueño se tornan más bizarros”, dice.

A su lado, su novio mira el cielo fascinado. Tiene algo entre los dedos, un cigarrillo armado, o algo así. Ofrece a su novia, que rechaza. “¿Por qué estoy acá? Porque es zarpado”, dice con la sonrisa de los hombres felices. Y después mira al cielo una vez más y agrega: “Igual no está tan rojo como pensaba”.

Su observación tiene asidero. De hecho, se esperaba una “luna de fuego”, como la llaman algunos o una “luna en sangre”, que finalmente se presentó levemente pintada, no de manera tan intensa como en el 2015.

“No fue un colorado claro. Nunca podemos estar seguros de cuán rojo, naranja, marrón o hasta un poco gris va a estar la parte total de un eclipse de luna. Eso depende de las condiciones de la atmósfera. La luz del sol atraviesa la atmósfera de la tierra y se refracta, se inclina, se dispersa, se descompone, y todos esos fenómenos producen un reflejo que va a parar a la luna. Esa es la razón por la que en el momento de la totalidad del eclipse la luna no se oscurece por completo. Por eso que la podemos ver a pesar de que está metida por completo en el cono de sombra de la tierra”, explica Diego Hernández, que forma parte del equipo de divulgación científica del Planetario.

Minutos después de su explicación sucede uno de los pocos hechos inesperados de la noche. Son casi las dos de la mañana, el parque que rodea al Planetario sigue repleto de gente. Y de pronto, como si fuera un chiste, se activan los aspersores. La gente comienza a ser regada súbitamente. La explicación, mientras la luna está pintada de rojo, es agujero negro entre tanta maestría: los dispositivos de riego de la plaza dependen del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad, mientras que el Planetario del Ministerio de Educación de la Ciudad…

“¿Qué es un eclipse?… Esto”. La respuesta, la más contundente de la noche, la da una mujer que prefiere reservar su nombre. Lo que muestra no es el cielo con la luna roja sino su celular. Estuvo toda la noche tratando de tomar una buena foto a través de la lente de los telescopios. Cada vez que lograba acceder a uno, no miraba ni un segundo por uno de esos súper telescopios newtonianos, solo intentaba capturar la imagen. Recorrió los siete telescopios hasta que le pidieron que circulara, para que siguiera pasando gente. Como aún no tenía la placa, salió de la explanada y volvió a hacer la cola (salteándose a varias personas, confiesa sin ninguna vergüenza). Finalmente logró su fotografía a las 2:42 de la madrugada.

No es la única para la cual el eclipse fue una foto en su celular. La mecánica se repitió durante toda la noche: la gente accedía al telescopio y antes de meter el ojo mandaba el teléfono. Quienes no tuvieran vista al cielo le habría bastado con abrir dos segundos cualquier red social para ver el fenómeno. ¿El del eclipse o de la afición por postearlo todo? Pregunta sin respuesta. O con respuesta espejada: lo único capaz de eclipsar semejante suceso es -fue- la intención de mostrarlo.