El ingeniero catamarqueño Emanuel Andrada es parte de un equipo de investigación europeo que descubrió cómo caminaban hace casi 300 millones de años los primeros vertebrados terrestres. El trabajo es tapa de la última edición de la revista Nature, la más prestigiosa publicación científica del mundo. Andrada, egresado de la promoción 1993 de la escuela industrial Vicente García Aguilera, es doctor-ingeniero del Instituto de Zoología e Investigación Evolutiva de la Universidad Friedrich Schiller de Jena (Alemania). Hoy, sus investigaciones se valen de herramientas de alta tecnología como simulaciones en computadora y el desarrollo de robots.
Las contribuciones de la ingeniería, la informática y la robótica al apasionante estudio de la evolución de las especies no dejan de sorprendernos. Esta vez, un nuevo descubrimiento echa luz sobre la forma de la locomoción del Orobates, uno de los primeros animales vertebrados que caminaron sobre nuestro planeta, 30 millones de años antes que los primeros dinosaurios posen sus garras sobre suelo prehistórico.
El Orobates es un animal parecido al cocodrilo, perteneciente a los Diadectomorfos, un grupo intermedio entre anfibios y reptiles que vivió en la actual Alemania hace 280 millones de años. Las simulaciones en las que participó Andrada indican que estos vertebrados primitivos aprendieron a caminar de un modo más eficiente sobre la tierra varios millones de años antes de lo que se pensaba. Hasta ahora, se creía que este tipo de locomoción había surgido después del origen de los amniotas (reptiles, aves y mamíferos cuyos huevos o crías no necesitan del medio acuático para desarrollarse). Pero mucho tiempo antes, el Orobates caminaba más erguido y no arrastraba la panza en el piso, inaugurando una manera mucho más eficiente de locomoción para alejarse del agua más de lo que se esperaba y comenzar a poblar tierra firme.
El equipo de investigadores que contribuyeron a este descubrimiento es liderado por Prof. John Nyakatura, de la Universidad Humboldt en Berlín (Alemania) e incluye a científicos de Suiza, Reino Unido y otras universidades alemanas como la Friedrich Schiller de Jena, en donde Emanuel Andrada es profesor e investigador. “Mi trabajo en este grupo fue el desarrollo de la técnica para medir las fuerzas de las salamandras y pequeños reptiles y ayudar en los experimentos y en el entendimiento de los datos biomecánicos de los animales. También en la coordinación entre biólogos y robóticos”, detalló el científico argentino.

Del fósil al robot

La investigación se viene realizando hace ocho años. Primero, se escaneó tridimensionalmente el esqueleto del Orobates de muestras fósiles (algunas de ellas conservan las huellas de sus pasos, un elemento fundamental para inferir cómo se desplazaba). Luego se construyeron modelos por computadora que simulaban su forma de locomoción. Para enriquecer este modelo, se integraron imágenes de rayos X de especies actuales similares al Orobates, tales como las salamandras o los caimanes. En base a estos parámetros crearon a OroBOT, un biorrobot de 6 kilogramos con la forma del Orobates que se pasea por los laboratorios y con el cual pudieron contrastar y validar sus predicciones respecto cómo caminaba este animal prehistórico.
“Lo interesante de este trabajo es que no se usó biología para mejorar la robótica sino que la robótica se usó para entender la biología, para entender paleontología, por eso es que esto se llama ´ingeniería reversa´“, remarcó Andrada. El ingeniero, de 43 años, asegura que la tecnología de locomoción artificial avanza a paso firme. “La robótica tiene la ventaja de que no solamente el robot es un fin en sí, sino que las tecnologías necesarias para construir otro robot, generan nuevos materiales y nuevos sistemas mecatrónicos que se pueden aplicar para otras cosas”. Como al pasar, Andrada efectúa una previsión que pone plazo a un futuro tantas veces imaginado en libros, películas y series de ciencia-ficción: “La tecnología robótica de locomoción creo que va a estar lista dentro de 20 a 30 años, para que veamos robots caminando por la calle”.

De Catamarca a Jena

A pesar de la distancia y los años transcurridos, el doctor en Biomecatrónica valora mucho su paso por la Industrial. “Tuve grandes compañeros y profesores y es allí donde se sentaron las bases de mi formación técnica”. Andrada luego se recibió de Ingeniero Mecánico en la Universidad Tecnológica Nacional de Córdoba y de allí en 2003 cruzó el Atlántico para establecerse en Alemania, donde vive junto a su mujer Silvia y sus dos hijas Celeste y Sophie.
Allí, completó estudios de doctorado y pudo alcanzar el título de Private Professor. “Mi trabajo para mí es como un sueño, yo vivo mi sueño porque realmente trabajo de lo que me gusta. Trabajar en Alemania es realmente muy cómodo porque hay mucho material con el que trabajar, hay mucha competencia, por otro lado, hay gente muy capaz. Generalmente los grupos de trabajo son muy exigentes y competitivos pero también es realmente muy gratificante y muy divertido trabajar con gente tan capaz”, dijo.