Ya pasaron más de cinco años del accidente desde el accidente que sufrió Michael Schumacher, un lustro en el que la información acerca de su estado de salud se entrega a la prensa a cuentagotas. El hermetismo sobre su condición física ha generado muchas preguntas y el único que intentó revelar verdades concretas sobre el alemán terminó muerto.

Se vivió un inquietante episodio en el mes de junio del 2014, cuando el heptacampeón de Fórmula 1 fue trasladado desde el hospital de Grenoble, Francia, al de Lausana en Suiza. Habían transcurrido seis meses del trágico accidente, cuando un hombre se propuso robar el historial médico del alemán.

Todo estaba listo para su traslado el 16 de junio, Schumacher había presentado leves mejorías tras recibir dos operaciones cerebrales y la familia optó por llevarlo a un hospital más cerca de su hogar en Gland. Para ello, decidieron contratar a una de las empresas de rescate más prestigiosas del país: Rega.

La migración se realizó con éxito, o eso se creía, ya que unas semanas más tarde la representante del piloto, Sabine Kehm, lanzó un comunicado inesperado.

“Desde hace muchos días se están ofreciendo documentos y datos robados. Quien los ofrece asegura que se trata del historial médico de Michael Schumacher. No podemos afirmar si esos documentos son auténticos. De cualquier forma está claro que los documentos han sido robados. Se ha denunciado al ladrón y las autoridades ya están trabajando en el asunto”.

La familia del “Kaiser” se había enterado que alguien le estaba ofreciendo el expediente a la prensa de Alemania, Suiza y Francia a cambio de 50 mil euros. Varios periodistas, que comprendían y respetaban la privacidad del caso, se encargaron de hacerle llegar esa información.

El ojo de las autoridades se centró en la compañía Rega, que rápidamente emitió una notificación: “Rega no dispone de ninguna prueba de que uno de sus colaboradores haya estado implicado en el robo del historial y garantiza que en todo momento fueron preservados los derechos del paciente y el secreto médico”.

Sin embargo, la Policía francesa consiguió la dirección IP de la computadora desde la cual se contactó a los medios de comunicación y su ubicación coincidía con la de un funcionario de la empresa de rescate. La identidad del sospechoso siempre permaneció en secreto, pero una publicación del portal suizo Blick aseguró que se trataba de un directivo del establecimiento. Tiempo después, algunos medios confirmaron su nacionalidad (alemana) y su edad (54 años).

Posteriormente, Rega se vio obligado a reconocer que habían recibido un informe médico de Schumacher por parte del Hospital de Grenoble, para poder dar “una opinión técnica y organizar el traslado adecuado en ambulancia”.

Entre las pruebas, la policía estableció que el sospechoso se habría hecho de una copia de aquel historial, que días más tarde intentó vender a la prensa.

La denuncia llegó a la Fiscalía de Zúrich II, en la que se abrió una causa penal por violación de secreto profesional que se castiga con una pena de hasta tres años de prisión. El detenido tuvo un primer interrogatorio en el que negó haber sido protagonista de aquel robo del expediente y quedó demorado en la cárcel a la espera de una reunión con el fiscal.

Aquel momento nunca llegó. A la mañana del día siguiente, un guardia encargado de llevarle el desayuno lo encontró ahorcado en su celda de Zúrich.

“Las evidencias indican que en el ahorcamiento no ha estado implicada ninguna otra persona”, fue el comunicado que dieron las autoridades policiales, quienes afirmaron no haber visto signos de que el hombre fuera mentalmente inestable.

“Estamos sin palabras y profundamente conmocionados”, dijo a la agencia de noticias AFP Sabine Kehm, tras enterarse de lo sucedido.

El jefe de Rega, Ernest Kohler, expresó su tristeza: “Estamos profundamente afectados por saber que un empleado de Rega, que fue detenido ayer por sospecha de violar el secreto profesional, se suicidó en su celda. Este evento trágico nos deja sin palabras. Nuestros pensamientos y nuestras sinceras condolencias van a la familia y a los seres queridos del difunto”.

Desde Zúrich, se anunció que los procedimientos penales por incumplimiento del secreto profesional se suspendieron tras el suicidio y que el sospechoso tuvo el derecho “a la presunción de inocencia”.