Por Darío Coronel

El apellido Reutemann, uno de los más ilustres en la historia del automovilismo argentino, volvió a acaparar la atención. Se trata de Ian, un joven piloto de 15 años que tiene un parentesco con Lole: su abuelo era primo del papá del subcampeón de Fórmula 1 en 1981. El chico, también santafesino, tuvo un breve paso por Europa, pero por falta de presupuesto volvió a correr en el país. Arrancó su primer año en autos con techo y se lució en su segunda carrera en el TC Pista Mouras que es la tercera categoría promocional en el camino hacia el TC.
Ian Reutemann nació el 7 de marzo de 2003 en Humboldt, un pueblo de 4.700 habitantes ubicado a 61 kilómetros al noroeste de la capital santafesina. Infobaehabló con él y se lo nota tímido, de pocas palabras, pero claro a la hora de declarar. Su vínculo de sangre con Carlos Alberto Reutemann quedó evidenciado a los seis años cuando le pidió a su padre, Mauricio, que lo llevara a correr en karting. Ahí empezó una promisoria carrera. «De chiquito siempre me gustó el automovilismo. Arranqué en el Karting del Litoral. Fui campeón en 2011 y 2012 en la categoría Escuela de 110 cm3. En 2013 logré el título en la categoría Rotax. Y en 2016 conseguí el campeonato provincial cordobés en 125 cm3», contó dando detalles acerca del inicio de su campaña.
Con cuatro títulos en seis temporadas en 2017 tuvo su primera incursión en el exterior. «Probé en Adria un auto de Fórmula 4 Italiana que es del equipo Prema, escuadra vinculada a Ferrari. Fue algo muy lindo», recordó sobre aquella experiencia en el autódromo italiano.
En ese ejercicio también quiso debutar en la Fórmula 3 Santafesina con apenas 13 años, pero no le fue otorgado un permiso especial. Tuvo que esperar para hacerlo en 2018, cuatro días antes de cumplir 15 años. Fue con un abandono en Paraná, autódromo entrerriano que suele visitar la categoría zonal.

«El año pasado también corrí cuatro fechas del campeonato alemán de karting donde compiten entre 30 a 35 pilotos. No conocía las pistas, pero en una de las carreras (Oschersleben) fui quinto y con récord de vuelta incluido. También corrí algunas carreras en la Fórmula Metropolitana (promocional argentina)».  La falta de presupuesto lo hizo recalar en el ámbito local. En este verano surgió la posibilidad de sumarse al mundo de la Asociación Corredores Turismo Carretera (ACTC) y pudo debutar en el TC Pista Mouras, que es la cuarta categoría de la entidad. Es el primer paso para poder llegar al TC, donde Lole en 1968 corrió con el recordado Ford Falcon «Angostado».
Hace dos semanas en el Autódromo Roberto Mouras de La Plata, a bordo de un Dodge atendido por el equipo Galarza Racing, se convirtió en el piloto más joven en la historia en hacer una pole positions y ganar una serie en las divisionales de la ACTC. Largó adelante en la final, pero una falla técnica lo marginó al 15º lugar. «Tuve un problema eléctrico. Igual me fui muy conforme ya que desde el viernes vi que tenía un auto coche muy competitivo», explica.
Ian no tiene registro de conducir, pero en la pista le compite de igual a igual a varios corredores que le duplican la edad. «Todos los pilotos me respetan mucho», aclara. Con 68 kilos maneja un auto que tiene entre 350 a 360 caballos de fuerza, sin dirección hidráulica, que llega a 230/235 kilómetros por hora de velocidad máxima y pesa 1.315 kilos.

¿El joven Reutemann obtendrá también un nuevo récord de precocidad en el TC? En los 1.000 Kilómetros de Buenos Aires de 2017, Juan Tomás Catalán Magni, como piloto invitado de Juan Manuel Silva, se convirtió en el más joven en ganar en la historia de la octogenaria categoría con 18 años, seis meses y 30 días, batiendo la marca de su coterráneo arrecifeño, el recordado Luis Rubén Di Palma, quien venció con 19 años, siete meses y cuatro días, en la VL Vuelta de Arrecifes de 1964.

Ian pudo conocer personalmente a Lole. Fue en 2015 en la propia casa del actual senador nacional. «Es una gran persona. Me firmó el casco y hablamos sobre nuestro parentesco. A veces hablamos por teléfono, pero no suele darme consejos porque me dice que hace tiempo que no sigue las carreras. Pero es un orgullo tener contacto con él», asegura. Aparte de Carlos sus referentes en el automovilismo son Agustín Canapino y Matías Rossi a nivel nacional y en el ámbito internacional el monegasco Charles Leclerc en la F-1, flamante piloto de Ferrari.

Carlos Reutemann le contó a Infobae que el padre de Ian le envió la filmación cuando corrió en el Autódromo Mouras, y también buscaron su consejo cuando intentaron probar suerte fuera del país. Lole sigue la carrera de su pariente por los medios santafesinos: «me enteré de que ha andado muy bien».
El joven de Humboldt cursa el tercer año en un colegio técnico de su localidad. «No tengo decidido una carrera, pero con seguridad seguiré algo vinculado a los autos. Voy al colegio a la mañana y por la tarde al gimnasio y también practico con el simulador», cuenta.

Está claro que Ian no corre solo por apellido. Su talento está. Pero que sea un Reutemann no lo excluye de un mal que atraviesan muchos jóvenes argentinos desde hace más de tres décadas: la falta de presupuesto para afianzarse en el automovilismo internacional e intentar llegar de forma sólida a la F-1. Algo normal en un país con tantos vaivenes económicos. «Está muy complicado juntar el presupuesto para correr afuera. Ojalá que pueda volver a competir en el exterior. Mi sueño es llegar a la F-1», confiesa. Su caso es uno más entre varios desde la época de Oscar Rubén Larrauri (campeón europeo de F-3 en 1982) en los años ochenta y otros que han demostrado su potencial, corriéndole de igual a igual y hasta ganándole en categorías promocionales a pilotos que luego se mantuvieron por años o brillaron en la Máxima como, por ejemplo, Norberto Fontana (en 1995 le ganó el título de F-3 Alemana a Ralf Schumacher), José María López (corrió contra Lewis Hamilton) y Esteban Guerrieri (compitió vs. Sebastian Vettel y Daniel Ricciardo).
Fue justamente Lole junto aquél equipo de F-2 Europea armado en 1970 por el Automóvil Club Argentino y con el apoyo del Estado, con patrocinantes como por caso YPF, el último gran proyecto argentino a nivel internacional. Fue la base para que el ex piloto santafesino pudiera ingresar a la F-1 en 1972 y que luego hizo su exitoso camino. Luego de él solo cuatro compatriotas con proyectos privados llegaron como pudieron a la Máxima: los propios Larrauri (1988 y 1989) y Fontana (1997) y luego Esteban Tuero (1998) y Gastón Mazzacane (2000 y 2001).

«La Fórmula 1 se terminó para mí, que pase el que sigue», dijo Carlos Alberto Reutemann el 28 de marzo de 1982. Había pasado una semana de su última carrera en la Máxima con un abandono en Brasil. Él mismo ni nadie se imaginaban que luego de 37 años ningún otro argentino iba a poder sumar al menos un punto en la Máxima. El caso de Ian Reutemann demuestra que la cantera argentina de talentos es inagotable a pesar de la falta de apoyo económico. ¿Será el heredero de Lole?

Artículo anteriorCrece el temor en el macrismo por las elecciones en la provincia de Buenos Aires
Artículo siguienteCronograma de entrega de guardapolvos y kits escolares