El Swissotel es un cinco estrellas con un toque suizo en su moderna fachada. Está ubicado en la zona de San Isidro, una de las más acomodadas de Lima, y sus empleados tienen por estas horas más trabajo que de costumbre. Aquí está alojado desde el lunes a la noche el último campeón de la Copa Libertadores, que hoy comenzará la búsqueda de su primer bicampeonato de América de la mano del técnico que cambió la historia moderna de River. Hasta la llegada de Marcelo Gallardo, a mediados de 2014, el club de Núñez había conseguido cinco títulos internacionales. Y con el Muñeco al frente del equipo obtuvo otros seis.

Es evidente que Gallardo cuenta con una receta especial para dar vueltas olímpicas en el marco de las competencias de la Conmebol. Cuando River ganó la Sudamericana 2014, el club llevaba 17 años sin títulos internacionales. Y lo logró luego de vencer en la final a Atlético Nacional de Medellín y de eliminar previamente a Boca en las semifinales, con lo cual levantó un viejo pagaré histórico: su clásico rival lo había dejado afuera en las semifinales de la Libertadores 2004, por penales en el Monumental. Ya en 2015, el River del Muñeco levantó la Recopa tras superar a San Lorenzo y ese mismo año consiguió la primera de sus dos Copas Libertadores al ganarle a Tigres de México en la final, y la Suruga Bank ante el Gamba Osaka, en Japón.

La cadena de éxitos internacionales se extendió en 2016 con la conquista de la Recopa Sudamericana ante Independiente Santa Fe de Bogotá y tuvo su pico máximo en diciembre del año pasado, al ganarle a Boca en el Santiago Bernabéu la final de la Libertadores que para muchos fue el título de clubes más importante de la historia, incluso a nivel mundial.

Ahora bien, ¿cómo se explica un ciclo tan ganador, que además incluye la obtención de tres copas nacionales: las Copas Argentinas de 2016 y 2017, y la Supercopa Argentina frente a Boca, en marzo de 2018, en Mendoza? En primer lugar, en que River, con Gallardo, se volvió un equipo con una fuerte tensión competitiva para los duelos mano a mano. Tanto, que una de las cuentas pendientes de Gallardo es ganar un campeonato de liga, competencias de largo aliento en las que a su equipo le ha costado enfocarse del mismo modo que cuando participa de torneos internacionales o incluso de copas nacionales con definiciones mano a mano. Un ejemplo estadístico lo resume: desde su asunción como técnico del equipo, el River de Gallardo ganó 42 de las 52 series mano a manoque jugó entre competencias internacionales (22 de 27) y nacionales (20 de 25).

La mentalidad ganadora del equipo, la personalidad y la determinación con la que sale a jugar los duelos importantes lo volvieron un conjunto muy respetado por los rivales, al punto de que Gremio, que en 2017 había sido el campeón de América, le jugó con planteos cautelosos las semifinales de 2018 tanto en el Monumental como en Porto Alegre. Y en la final de Madrid quedó la sensación de que, a partir del segundo tiempo, Boca también lo respetó de un modo excesivo.

Además, Gallardo demostró ser un estratega de primer nivel para las definiciones de «pierde, paga»: modifica los planteos tácticos según los rivales a los que enfrenta y no se ruboriza si, por caso, tiene que apelar a alguna formación más combativa, como hizo en los duelos coperos ante Boca de la Sudamericana 2014 y de la Libertadores 2015, aquella del tristemente célebre episodio del gas pimienta en la Bombonera.

En el medio de ese camino ganador, Gallardo se dio el gusto de superar a Boca en los cuatro enfrentamientos mano a mano que los dos equipos más populares del país tuvieron en los últimos cuatro años: en las semifinales de la Sudamericana 2014, los octavos de final de la Libertadores 2015, la final de la Supercopa Argentina 2018 y las finales de la Libertadores 2018. Todos esos logros lo pusieron al Muñeco en el Olimpo de los máximos ídolos de River junto a Angel Labruna, el principal ícono histórico del club.

Desde que está Gallardo, River ganó dos de las cuatro Libertadores que jugó en ese lapso. Y en las que se quedó en el camino, fue eliminado poco menos que de casualidad. En los octavos de final de la edición 2016, el 2 a 0 que sufrió en la ida ante Independiente del Valle en Quito lo terminó complicando sobremanera: en la revancha en el Monumental fue infinitamente superior al rival, pero las fallas en la definición solo le posibilitaron ganar 1 a 0. Y en las semifinales de 2017, frente a Lanús, la eliminación se produjo de un modo insólito: la serie estaba 3 a 0 en favor de River y Lanús le dio forma a una remontada heroica para el 4 a 3. Desde River también le apuntaron a la mala utilización del VAR a la hora de justificar el resultado final, aunque es justo señalar también que en la edición pasada el VAR lo favoreció en la serie de cuartos de final frente a Independiente.

Las celebraciones del «Millonario» tras obtener la Libertadores frente a Boca

La Libertadores será nuevamente la prioridad de River este año. Y el equipo tiene argumentos para intentar conseguirla nuevamente: más allá de que Jonatan Maidana, Gonzalo Martínez y Rodrigo Mora ya no están en el plantel, mantuvo la base de un plantel muy calificado, cuenta con buen recambio y sumó a refuerzos que ya le respondieron como el paraguayo Robert Rojas y Matías Suárez (es una incógnita cómo rendirán Fabrizio Angileri y el colombiano Jorge Carrascal, las otras dos caras nuevas). Además, se ganó el respeto del resto de los equipos, que en muchos casos le juegan con extrema cautela, en especial cuando van al Monumental. La imprevisibilidad del fútbol todo lo puede, pero River sabe que iniciará su camino, ante Alianza Lima, como uno de los principales candidatos al título.