El Hno. Guy Consolmagno, Director del Observatorio del Vaticano, publicó en el blog de la Fundación del Observatorio Vaticano, The Catholic Astronomer, una detallada explicación sobre la forma como la Iglesia calcula la fecha de la solemnidad de la Pascua que resulta en fechas variables. «De manera contraria a la concepción popular, el Observatorio del Vaticano no fija la fecha de la Pascua», aclaró el religioso. «Pero desde que la reforma del calendario del Papa Gregorio en 1582 marcó el inicio del apoyo del Vaticano a la astronomía, tenemos una conexión histórica».

Los calendarios tienen una inevitable dependencia con los eventos astronómicos. El Hno. Consolmagno recordó por ejemplo que la duración del mes proviene del período de 29.5 días de la luna, mientras que la duración del año proviene de la observación del movimiento aparente del sol. Las actividades de las sociedades determinan cuáles de estos sucesos son tenidos en cuenta. «Si su cultura se centra en los animales: pesca, caza, cuidado de los rebaños en la noche, la luz de la luna y las mareas controlarán su vida y su calendario seguirá la Luna», comentó el astrónomo. «Si cultiva, las estaciones son más importantes y un calendario solar tiene más sentido».

«El calendario judío, incluyendo festividades como la Pascua, es lunar; el calendario civil de Roma, establecido por Julio César, es solar», recordó el religioso. «El calendario de la Iglesia es un matrimonio sagrado de ambos. Así, la mayoría de los días de los Santos se fijan en el calendario anual, como Navidad; pero la Pascua fue establecida por el Concilio de Nicea como el primer domingo después de la Pascua».

Para la Edad Media, el estudio astronómico ya permitió a anticipar la fecha de los eventos lunares pero los cálculos son notablemente difíciles en la práctica. «En el siglo XVI, cuando el cristianismo se extendió por todo el mundo, se hizo más urgente encontrar una forma simple y confiable de informar a todos con anticipación cuando se celebran la Pascua y sus fiestas asociadas», relató el Hno. Consolmagno. Por este motivo se abandonó la práctica de determinar la posición de la luna de forma perfecta y anticipar con precisión el primer día de la primavera, para lograr una forma más sencilla y bastante cercana de cumplir el precepto de celebrar la Resurrección del Señor el primer domingo después de la Pascua.

El autor de las correcciones al calendario es el gran astrónomo Aloysius Lilius, quien estableció una nueva fórmula que además requirió «desaparecer» 11 días para su implementación. Este es el Calendario Gregoriano, el principal calendario en uso en la actualidad, e incorpora un ciclo variable para la celebración de la Pascua que no depende de las observaciones de la Luna. «Lo más temprano que puede caer la Pascua es el 22 de marzo; esto ocurre aproximadamente una vez cada dos siglos. Una fecha del 23 de marzo, como la que tuvimos en 2008, es un evento de una vez cada siglo; la próxima es en 2160», describió el astrónomo. «Mientras tanto, la Pascua más tardía puede ocurrir el 25 de abril, lo que sucederá en 2038; en ese día, el miércoles de ceniza será el 10 de marzo».

«Lo que es más significativo, sin embargo, es el principio subyacente detrás de esta fórmula arbitraria», concluyó el Director del Observatorio. «El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado: nuestras fiestas religiosas no están controladas por la Luna».