El 10 de marzo, primer domingo de la Cuaresma, el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, presidió la Misa de acción de gracias por sus 12 años de la ordenación episcopal, en la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle.

Concelebraron la Eucaristía el Vicario General de la Diócesis, Pbro. Julio Quiroga del Pino; el Delegado Episcopal de la Animación Bíblica de la Pastoral, Pbro. Oscar Tapia; y el Pbro. Francisco Urbanc, de la Arquidiócesis de Tucumán, quien llegó a nuestra ciudad para acompañar a su hermano en esta jornada especial.

Ante un templo colmado de fieles, entre ellos miembros de movimientos e instituciones eclesiales y áreas pastorales, Mons. Urbanc expresó: “En esta Santa Misa estoy dando gracias a Dios por los primeros 12 años de vida episcopal, fui ordenado un 10 de marzo de 2007, pero recién llegué acá, el 24 de marzo de 2007.

En este día agradezco este don del Señor, esta responsabilidad, y me encomiendo a la oración de todo el pueblo cristiano, para que Dios me ayude por medio de su oración a desempeñar fielmente este ministerio a favor de nuestra querida Iglesia de Catamarca”. Y destacó que en esta diócesis, “particularmente somos honrados por esta presencia de la cuatro veces centenaria de la Santísima Virgen en esta imagen de su Pura e Inmaculada Concepción, a la que desde hace tiempo inmemorial la llamamos la Virgen del Valle. Les agradezco a todos que recen por mí”.

Continuando con su homilía, se refirió a la Palabra de Dios escuchada que “nos propone reflexionar sobre la fe. Si estamos acá es porque el Señor nos ha regalado el don de la fe, que no sólo tiene contenidos doctrinales, sino fundamentalmente contenidos históricos. Nosotros creemos en hechos concretos y en palabras que Dios fue manifestando a lo largo de todo el tiempo de la salvación.

Luego meditó sobre los textos sagrados afirmando que “esta fe, que nos presentan las dos lecturas -del Antiguo Testamento y del apóstol Pablo-, es profundamente histórica, concreta, un Dios que se mete en la historia y también entra en la historia personal de cada uno, y tiene un matiz muy propio que es la confianza, porque fe y confianza van de la mano. Jesús para poder vencer las tentaciones tuvo una confianza absoluta en su Padre Dios y no permite que esa naturaleza humana que tiene por medio de la encarnación, se deje vencer por el maligno”. 

“Jesús se fue al desierto, nosotros también tenemos que hacer el desierto de estos cuarenta días, vamos a tener que privarnos de la televisión, del internet, de conversaciones inútiles, de comentarios dañinos, de alimentos. Eso es ir al desierto, como fue Jesús”, manifestó, agregando que al igual que “el pueblo judío, al que Dios lo tuvo dando vueltas en el desierto durante cuarenta años para que se purifique, para que confíe sólo en Él, Jesús estuvo cuarenta días en intimidad con el Padre, para que su naturaleza humana entre en comunión profunda con el plan de Dios, que esa naturaleza humana esté dispuesta a sufrir para la salvación del mundo. Eso no se improvisa, el Hijo de Dios hace un trabajo profundo, y dice que al final de esos días siente hambre y ahí aprovecha el demonio para tentarlo”. 

Pero “Jesús responde a las tentaciones con la Palabra de Dios, confía sólo en su Padre, que tiene poder absoluto sobre todo”, afirmó, apuntando que así “nos está dando ejemplo, para que nosotros podamos vencer la tentación, porque Él la venció, y nos da la receta: confíen en Dios, recen, mediten la Palabra, apóyense en ella y van a ver que vencen la tentación”.

En otro tramo de su reflexión señaló: “Qué bueno sería que cada catamarqueño pueda también hacer un acto de fe, una profesión de fe donde entre la Virgen. Nuestros antepasados han acogido, han recibido esta imagen y ella los ha ido acompañando y fortaleciendo, llevándolos al encuentro de Dios. Así debería hacer cada uno de nosotros, cada catamarqueño no puede excluir esto que dentro de la Providencia de Dios es la imagen de la Virgen, la presencia de la Virgen es una presencia real, comprometida, y esto hay que transmitirlo de generación en generación. Esto es parte de nuestra vivencia de la fe en la presencia de María”.

Al finalizar la celebración eucarística, Mons. Urbanc se dirigió hasta el atrio de la Catedral Basílica, donde recibió el saludo afectuoso de los fieles congregados en la jornada dominical.