Pocos recuerdan que a la guerra de Malvinas también fueron mujeres. Tenían entre 19 y 30 años y nunca se habían puesto un uniforme de fajina.

Seis instrumentistas quirúrgicas, que se alistaron como voluntarias, estuvieron en la bahía de Puerto Argentino, a bordo del Rompehielos ARA Almirante Irízar, que funcionó como buque hospital, a unos seiscientos metros de las islas.

“Los heridos llegaban muy sucios, de color negro, por la turba. Los lavábamos con cepillo. Se los veía muy delgados, mal alimentados, muchos tenían los pies congelados. Llegaban con una gran necesidad de hablar. Nos contaban de sus casas, nos comparaban con las hermanas, las novias”, recuerda Norma Navarro, una de las seis veteranas de Malvinas.

Otras jóvenes enfermeras, con rango militar, –alrededor de una docena– fueron reclutadas por la Fuerza Aérea y se desempeñaron en el hospital de campaña que se montó en Comodoro Rivadavia. Hubo también radio operadoras. Pero su participación fue invisibilizada y quedó casi en el olvido.

Tiempo más tarde, la periodista Alicia Panero rescató las experiencias de estas valientes mujeres y escribió el libro “Mujeres invisibles”.

En diálogo con nuestra emisora Panero relató: “Más allá de ser la esposa de un militar, jamás había escuchado hablar sobre la participación de las mujeres en Malvinas como enfermeras, radio operadoras, y comandantes”.

La escritora aseguró que “12 de ellas en particular eran menores de edad que el Estado tenia la tutela de ellas, el Estado de la dictadura tenía que cuidarlas porque se estaban educando, estaban terminando la escuela secundaria e iban a egresar como enfermeras. Si embargo las puso en contacto con heridos de guerra y les produjo un daño del cual nunca nadie se hizo cargo”.

Dorita Ruiz fue una de estas 59 mujeres que participaron, de alguna manera u otra, de este conflicto bélico. En 1982 Dorita era estudiante de medicina.

Respecto a su experiencia en Malvinas, Dorita Ruiz contó a los micrófonos de Radio María Argentina: “Se sumaba el miedo y el temor a la inexperiencia, al no saber lo que es la guerra. Se sumaba el ver lo que uno veía cuando llegaban los heridos: heridas, amputaciones, trincheras, el olor a sangre quemada. Son cosas que te marcan”.

FuenteRadio María
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