Por Jorge Fernández Gentile
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Meses atrás, una nota publicada en este suplemento sobre los fantasmas que “habitan” en el Maipo, uno de los escenarios más afamados de la noche porteña, reavivaban la teoría de que existen espíritus fantasmales que suelen recorrer las salas en las que el arte se hace vivo.

Pero no ha sido el Maipo el único reducto del que se ha hablado a lo largo del tiempo: cíclicamente, alguna información, desde diferentes rincones del mundo, replica noticias con tintes parecidos, ya que de una u otra forma, muy seguido se conocen historias de fantasmas en lugares donde el arte dice presente. Así, esta vez una importante casa teatral de los Estados Unidos, como es el Paramount Theatre de Austin, Texas, fue el lugar donde un reconocido pianista y compositor de aquel país, Chad Lawson, logró una secuencia fotográfica luego de un ensayo, desde el mismo escenario, en el que una figura femenina aparece y desaparece, sin que al momento de hacer las tomas hubiera una mujer caminando por el lugar.

Subidas a Instagram, las fotos y la noticia ya dieron vuelta al mundo, a través de las redes sociales. Este es el caso en detalle. Dicen que las iglesias, los cementerios y los edificios abandonados son poblados por infinidad de entidades paranormales, esos espíritus fantasmales que suelen “habitar” lugares por los que, probablemente, en vida hayan recorrido.

Otro lugar que parece el preferido de esas entidades son los institutos escolares, las reparticiones públicas y los teatros. A los otros lugares nos referiremos en otras oportunidades, pero sobre las salas en las que generalmente se presentan obras, cantantes, grupos musicales, solistas, orquestas de todo tipo, les suelen dar vida, cargándolos de una energía enorme.

Quizá por eso mismo, y por aquello de que los artistas de los más variados géneros suelen perdurar con sus obras, más allá de la muerte, o por aquel otro dicho que menciona que “el show debe continuar”, aun después de la presencia física de una persona, los espíritus fantasmales suelen recorrer pasillos, camarines, escenarios, en general cuando se apagan las luces o entre bambalinas.

Aunque, muchas veces, se dejan ver. Eso le sucedió a Chad Lawson, quien fotografió el escenario del suntuoso Paramount, así como las butacas y la entrada al recinto, pero recién un rato después se dio cuenta de lo que había registrado…

Cómo tomó las imágenes

Días atrás, y como parte de una presentación en el Paramount, Lawson estaba sobre el escenario y, luego de culminar una prueba de sonido, hizo algunas tomas fotográficas del piano en el escenario para publicarlas en su cuenta de Instagram. Sin embargo, cuando Lawson regresó a la habitación del hotel donde se encuentra alojado, al mirar las fotos que había tomado, se sorprendió porque había una misteriosa figura en una de las imágenes, que no se encontraba presente en las otras dos tomas, que había hecho una tras otra, como en serie.

El mismo artista, reconocido internacionalmente y considerado una persona seria y creíble, que no es supersticioso, al respecto indicó: “Tomé tres fotos rápidas del escenario para compartir”, dijo Lawson. “En la foto puedes ver claramente a alguien en el entrepiso. Al verlo, miré las fotos primera y tercera y la persona no está”.

Historias varias

Luego de verificar que las tomas estaban bien, y visiblemente alterado, Lawson se abocó a saber más sobre el teatro Paramount de Austin, y si había relaciones con los fantasmas. Allí, navegando en la web, se desayunó con que ya había otras historias de fantasmas en el importante centro cultural.

Al respecto, en 2014 la cadena de televisión texana KVUE le solicitó a la periodista Natalie Groves una investigación, y ella se introdujo en el tema y descubrió varios casos. Así, el pianista y compositor se fue enterando de que, tras ser construido en 1915, el Paramount de Austin tiene una prolífica historia entrelazada con hechos paranormales, incluso en sus primeros años.

Ya por entonces la escritora se interiorizó del tema, hasta conocer la historia del espectro de una esbelta mujer vestida de blanco que hacía inesperadas apariciones y se la podía ver caminando por los pasillos del entrepiso, en el mismo sitio donde se ubica un muro independiente del Departamento de Guerra de la República de Texas, que hace referencia a la Guerra de Secesión.

Los relatos de la época citaban que, probablemente, esa mujer debió haber sido la mamá o la esposa de un soldado que murió durante la cruenta guerra civil. Esto hizo pensar de que, es más que probable que el espíritu fantasmal que lograra fotografiar de pie el pianista Lawson fuera justamente esa entidad. Asimismo, entre las bambalinas de un teatro lleno de historia, los trabajadores y empleados del complejo han citado que a menudo se puede ver cómo irrumpe la figura etérea de un hombre con un sombrero de copa y vestido con ropa de la década de 1920.

A este singular personaje se lo ha observado que pareciera estar sentado en una butaca, fumando un puro. Incluso, los que pudieron captar su presencia afirman que en ese sector suele haber olor a tabaco de puro…

De todas maneras, y más allá de otras historias fuertes (ver recuadro), lo real y concreto es que las fotos que tomó Lawson resultan, hasta el momento, la prueba más tangible de la presencia de entidades fantasmales. Una clara evidencia de que, a pesar del tiempo, continúa habiendo actividad paranormal en el Paramount.

Célebre proyectorista murió en el lugar

Aun cuando los antes citados han dejado sus historias, probablemente el espíritu fantasmal más reconocido del Paramount de Austin fue un proyectorista, Walter Norris, quien falleció hace 19 años, mientras se encontraba en una función en la que estaba proyectando su filme favorito, un clásico del cine estadounidense como ha sido -y es- “Casablanca”.

Memoriosos que estuvieron en dicha función afirmaron que, en medio de aquella función, de pronto la pantalla se puso en blanco. Y como la filmación no volvía y la gente comenzó a impacientarse, algunos compañeros acudieron a la sala de proyección, donde encontraron a Norris sin vida, caído sobre el equipo. Fue por eso, y por su fidelidad a la sala, que tras su funeral, los compañeros de Norris armaron algo parecido a un santuario para recordar al proyectorista fallecido en la cabina.

Así, como al difunto en vida le gustaba mucho comer dulces, en el pequeño altar generalmente nunca faltan chocolates, barras de cereal y caramelos, a modo de homenaje. Y todo hace pensar que su espíritu fantasmal sigue “habitando” el Paramount. Uno de sus compañeros explicó a Groves que, años después de la muerte de Norris, un proyector comenzó a funcionar con inconvenientes. Fue por eso que el personal de mantenimiento se abocó a la tarea de repararlo, algo que no parecía posible, pese a la insistencia.

Hasta que observaron que el altar-santuario de Norris no tenía dulces que “alimentaran” su alma… Inmediatamente colocaron unas golosinas en el sitio y, casi de inmediato, el proyector volvió a funcionar como si nada le hubiera pasado. Dicen que por eso, desde entonces una flor de su ataúd cuelga perenne en la pared trasera del escenario, enfocada directamente frente a la cabina de proyección, y que jamás faltan caramelos y chocolates. De todas maneras, su actividad no siempre ha sido amistosa en el teatro. Cuentan que un asistente de limpieza se negó rotundamente a limpiar un baño que se encuentra en un piso superior del edificio, casualmente bastante cerca de la cabina de proyección que utilizaba el malogrado Norris.

¿Los motivos para semejante negativa? Ha expresado que, en más de una oportunidad, dijo haber sentido en esa zona una presencia negativa y un clima raro, como enrarecido, al tiempo que escuchaba pasos y hasta gente que parecía hablar a lo lejos, en forma poco clara. Y lo que es peor, todo eso le ha sucedido a ese asistente como a otros de sus compañeros, maquinistas y empleados, quienes ratifican que escuchar pasos es lo más común, aun en la más absoluta de las soledades y en medio de la penumbra.

Aún así, y con varias historias rondando entre quienes trabajan en el complejo, fue el ex director artístico del teatro, John Bernardoni, quien afirmó sin pestañear que, en su momento, hizo un trato con los espíritus fantasmales, para que ayudaran a mantener el teatro, cuando decidió salvar al Paramount, entre los años 70 y 80, período en el que la crisis económica había afectado a la sala, por lo que estuvo muy cerca de cerrar definitivamente sus puertas.

Fuente: CronicaTV