Al final, River. A la final, River. El River que gana los mano a mano, el River que saca partidos. El River al que no le pasa lo que a otros grandes cuando juega con los chicos. Ese River pasó por Córdoba y le ganó 2-0 a Estudiantes de Caseros por una de las semifinales de la Copa Argentina. Ante 48 mil hinchas, River se dio otra alegría en un 2019 feliz.

El gol de Javier Pinola (en el cierre del primer tiempo) abrió el camino para que River se saque de encima a un Estudiante digno y de respetar. El gol de Eequiel Palacios (a los 50) le sacó el drama de un posible empate que nunca llegó. 

Jugará con Central Córdoba de Santiago la final de la Copa Argentina. Antes, claro, jugará “la” final: el 23, en Lima, ante Flamengo por la Libertadores. Al final, River. Esa es la cuestión en un partido que tuvo episodios antes de ese final feliz.

Se iba el primer tiempo en el que River no había pateado al arco, víctima de un Estudiantes corajudo y tenaz para ocupar espacios y “entregar” cuerpos de jugadores ofensivos para que se sacrifiquen en coberturas defensivas. Se iba el primer tiempo en el que Estudiantes había hecho todo a la perfección: esperar en bloque sin quedar expuesto en los uno contra uno, cerrando líneas de pases y saliendo como un rayo para quedar en zona de disparo (la prueba fue el zurdazo de Lautaro Montoya y tres tiros de esquinas que preocuparon a los de Gallardo).

Se iba el primer tiempo en el que River había dado muchos pases, pero no “el” pase. Se iba el primer tiempo en el que todo River se quejaba del árbitro Vigliano, nada permeable a cobrar a favor de River esos forcejeos que suelen ir para el lado de los “grandes”. Se iba el primer tiempo que parecía un cero a cero que dejaba a River urgido, porque se le repetía la película de Rosario Central.

Se iba… pero Nico de La Cruz hizo lo que nadie había podido hacer: patear desde lejos. Su bombazo le quemó las manos a Facundo Altamirano. Del córner llegó a solución de todos los males para River: cabezazo en el primer palo y entrada de Javier Pinola por el segundo. A los 47, River rompía un primer tiempo que parecía condenado a un cero que lo iba a poner en aprietos. No pasó: pasó que River quedó en ventaja, con todo a favor para un complemento en el que Estudiantes tenía que hacer lo que no hizo.

Obvio que la línea de cinco defensores de Estudiante se esfumó del mapa del partido. Obvio que River siguió teniendo posesión suprema. No fue obvio que a River le costara tanto llegar al pase filtrado. Y más con un Estudiantes audaz. Gallardo metió los cambios que había que hacer para cerrar un partido que se podía transformar en pesadilla si Estudiantes acertaba una escapada y 2un córner o metía un “zapatazo” desde lejos.

No pasó. Estudiantes tuvo su zapatazo pero en el rebote que dio Armani hubo foul. Y lo que sí pasó fue que River acertó en la última: corrida de Palacios a arco vacío y gol para un 2-0 de esos que River siempre saca. Al final, River. A la final, River.