Sorprendió Alberto Fernández al decir que no quiere que le presten plata. Por ejemplo, rechazó 11 mil millones de dólares del FMI. El razonamiento general del presidente electo en sus propios términos es: “Discutamos el tiempo que necesito para poder volver a poner en marcha a la economía, pero no me den más plata”.

El planteo está lleno de absurdos. Por empezar, como dijo esta mañana en esta radio Carlos Sagristani, Fernández está rechazando algo que el FMI de ninguna manera le ha ofrecido. Es el propio FMI el que decidió dejar de enviarle dólares al propio Macri y no reabrir la canilla hasta no conocer algún plan de Fernández.

Pero no solo eso. Cuando Fernández dice que no quiere plata sino tiempo para poder pagar incurre en otra falacia. Sólo en un país con una sociedad financieramente analfabeta como la argentina esa demagogia puede sonar razonable. Porque pedir tiempo es exactamente lo mismo que pedir plata. ¿O qué se piensa Fernández que es lo que van a dejar de cobrar los prestamistas de Argentina si le dan dos años de cangüí sin cobrarle, como le gustaría a su equipo? Es plata. Tienen que resignarse a no recibir esa plata. Que en un libro contable es lo mismo que prestarla.

Otro clásico de Fernández. Dice que no quiere aplicarles una quita a los acreedores sino solo postergar pagos. Es lógico. Porque si hay quita el castigo del mercado sería mayor, y Argentina debería pagar por mucho tiempo tasas de interés más altas. Claro que, si no hay quita, la deuda total no se va a achicar. Y entonces hay que garantizarles a los acreedores que cuando llegue la hora uno va a tener la plata para pagar y que no se va a repetir la misma historia de hoy. Y entonces para eso los acreedores necesitan que Argentina se comprometa a ejecutar un plan de austeridad monitoreado por el FMI para garantizar que se cumpla. Pero entonces Fernández dice que no piensa aceptar un plan de ajuste del FMI, porque queda bien decir eso. Y lamentablemente no se puede tener todo. Si Fernández quiere tasas más bajas y plazos más largos, tiene que dar certezas de que va a pagar.

Estos planteos un poco berretas sólo sirven para el consumo interno. Fernández le sigue hablando al tablón, como si todavía siguiera en campaña, aunque le quedan sólo dos semanas para asumir. Los acreedores externos siguen esperando el momento de hablar en serio. Nosotros somos los defualteadores seriales del planeta. Y nos seguimos creyendo unos pícaros bárbaros, Pero ellos, los acreedores, ya hace rato que nos tienen picado el boleto.

Fuente Cadena 3 Argentina