La semana pasada, la reconocida revista internacional Forbes publicó un artículo sobre las lideresas políticas a nivel mundial. En él se destacaba el rápido ejercicio y las medidas tomadas por parte de Katrín Jakobsdóttir (Islandia), Angela Merkel (Alemania), Erna Solberg (Noruega), Tsai Ing-wen (Taiwán), Sanna Marin (Finlandia), Jacinda Ardent (Nueva Zelanda) y Mette Frederiksen (Dinamarca) dentro del contexto del Covid-19.

Claro está que el común denominador es que todas son mujeres, sin embargo, lo que llamó la atención fue que esas decisiones llevadas adelante fueron las resoluciones más rápidas y eficientes hasta el momento.

Forbes vinculó estas medidas tomadas por las primeras ministras con la actividad del cuidado que se nos adjudica a las mujeres históricamente. Si bien no hay evidencia científica al respecto sí la hay en tanto nos enfoquemos en los aspectos culturales y sociológicos.

Actualmente, las agrupaciones feministas tratan de evidenciar que el cuidado humano está extremadamente ligado a nosotras, naturalizado y poco reconocido como una labor trabajosa, valga la redundancia. Incluso, muchas veces, el cuidado que ejercemos para con otros/as nos impide desarrollar con libertad nuestras profesiones. Si ponemos la lupa en casos puntuales, los trabajos de enfermería y de educación inicial/primaria tienen una mayor cantidad de mujeres que de hombres en ejercicio. Muchas de esas mujeres, luego de cumplir con su labor profesional, siguen haciendo lo mismo en sus casas como una obligación más (que en muy pocos casos es compartido con el género masculino).

No es casualidad, entonces, que Forbes haya hecho esta salvedad con respecto a las decisiones de políticas públicas llevadas adelante por las lideresas de varios países del mundo.

¿Cuáles son los tópicos en común utilizados por las primeras ministras? La utilización prematura y acertada de la tecnología, la rigurosidad y transparencia a la hora de emitir la información y la empatía para con el otro, sumadas a las políticas públicas básicas que también fueron establecidas por el resto de los países liderados por hombres.

Katrín Jakobsdóttir en Islandia determinó, además de cerrar todos los centros educativos, realizar de forma gratuita para todos los ciudadanos y ciudadanas el test de la detección rápida del virus Covid-19. El próximo 4 de mayo comenzará el desconfinamiento de forma progresiva.

En Alemania, Angela Merkel decidió dar desde un principio información directa a la población. La canciller, al comienzo de la propagación del Covid-19, en cadena nacional explicó que existía la posibilidad fehaciente de que el virus infectara al 70% de las y los alemanes aproximadamente. Destacó, más de una vez, que la situación era grave y que debían tomarlo en serio.

De ahí, las medidas estrictas y duras que posteriormente fueron aceptadas sin cuestionamiento por parte del pueblo alemán. Si bien el número de muertos es alto, es uno de los más controlados en comparación a Italia o España.

Una de las medidas más sorprendentes que implementó Noruega fue que su primera ministra, Erna Solberg, hiciera una conferencia de prensa exclusiva para niños y niñas.

Allí respondió a todas sus preguntas e incluso les afirmó que era normal sentir miedo ante esta situación. En éstos últimos días, están probando en varias dependencias una aplicación que se puede descargar en celulares y rastrear el contacto de personas con casos positivos. Es decir, la app (con datos anónimos) le avisa a los usuarios si han estado cerca de algún infectado. En unos días, las escuelas desde jardín hasta cuarto grado volverán a la normalidad y comenzarán a abrirse algunas instituciones de trabajo como, por ejemplo, las peluquerías.

La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, fue la que más rápido actuó. En enero, puso en marcha 124 medidas para frenar la propagación del Covid-19, pero sin tener restricciones totales.

Sin ir más lejos, fue el primer país en utilizar la tecnología para el rastreo de la gente obligada a realizar la cuarentena: si no la respetaba, a través de sus teléfonos celulares, se le avisaba a la policía que se presentaba en el lugar que marcaba el dispositivo de forma inmediata. La multa es actualmente de 33.000 dólares. Hoy Taiwán envía 10 millones de máscaras faciales a los Estados Unidos y Europa y es el país que más está auxiliando a los que peor se encuentran.

Sanna Marin tiene 34 años y en diciembre de 2019 fue elegida primera ministra de Finlandia. Se asume que, al ser una de las políticas más jóvenes del mundo, entiende la importancia del uso de las redes sociales y, por ende, los actores que de allí se desprenden.

Es por ello que implementó el uso de influencers como puntos fundamentales en una propaganda mediática contra del Covid-19. Asimismo, aisló por completo la región con más cantidad de población (en la que está incluida la capital, Helsinki) para que no se disperse el virus y lo puedan controlar. También mantiene cerrada las escuelas de todos los niveles y las universidades, al igual que las fronteras.

Jacinda Ardent dispuso que todas aquellas personas que ingresaran a Nueva Zelanda debían autoaislarse de forma obligatoria. Esa medida no sería tan relevante si no se supiera que se implementó sólo cuando había 6 casos en todo el país.

Sumado a ello, se le prohibió la entrada a extranjeros y extranjeras y se ordenó que las y los neozelandeses que regresaban al país permanecieran 14 días en cuarentena, no en sus casas sino en lugares designados.

En Dinamarca, la primera ministra Frederiksen decidió cerrar las fronteras al mismo tiempo en que suspendió la totalidad de las clases (desde los jardines de infantes y las escuelas primarias y secundarias, hasta las universidades). Asimismo, prohibió terminantemente las reuniones con de más de 10 personas permitiendo así un confinamiento moderado pero no absoluto. Hace unos días, las y los estudiantes daneses de jardín y primaria volvieron a clases normalmente.

Se puede constatar, en las situaciones concretas de los próximos levantamientos de la cuarentena en estos países, que las medidas fueron precisas y atinadas. Probablemente haya habido una mirada más empática ligada al género porque, claro, hemos sido educadas bajo un mandato universal en cuanto a que las que debemos cuidar de los otros somos las mujeres. Justamente por ello, la idea de deconstruir esa imagen es tarea de estos tiempos. Es una situación que debemos cambiar para que sea una labor más equitativa. No podemos negar que las mujeres hemos crecido en una sociedad patriarcal en la que nos asignaron que el cuidado es nuestro deber natural, cuando claramente es cultural e impuesto. Estamos en proceso de cambio y ese cambio nos compete a todas pero también a todos.