El Presidente Alberto Fernández mantendrá este lunes una reunión bilateral con el Primer Ministro británico, Boris Johnson, encuentro que concita especial atención luego de la reciente resolución del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas que instó a la reanudación de las negociaciones por la Soberanía de las Islas Malvinas.

Según se pudo saber que a través de fuentes diplomáticas, la bilateral fue «solicitada por el Reino Unido».

Respecto de la temática a tratar, fuentes del Gobierno confiaron a esta agencia que «mañana (por el lunes) se verá cuáles son los temas que llevan los británicos a la mesa», pero aclararon que «la agenda de la Argentina es obvia, más aún cuando venimos de aprobar la resolución Malvinas del Comité de Descolonización».

La última semana, ese órgano de la ONU aprobó por consenso una resolución que llama al diálogo por la soberanía de las Islas Malvinas y restantes archipiélagos bajo control británico.

Durante ese encuentro celebrado en Nueva York, el canciller Santiago Cafiero sostuvo que ya era «momento que el Reino Unido deje en las páginas de la historia su ejercicio de potencia colonial» y afirmó que «la comunidad internacional debe actuar o será cómplice de la doble moral».

«Para el Reino Unido, Malvinas es dominación, especulación y oportunismo; Para mi país, es soberanía, justicia y dolor por nuestros caídos», expresó oportunamente el titular del Palacio San Martín.

Durante el viaje que depositó a Fernández y a su comitiva en Alemania, fuentes especializadas en la materia, explicaron que, si bien existe una posición tradicional del comité de Descolonización instando al diálogo, «siempre es bueno que, año tras año, se trate el tema».

Sobre Ucrania

El jefe de Estado considera que el orden mundial que agoniza estableció una profunda asimetría económica entre los países pobres del Sur y las Naciones del Norte. Y que tanto los socios del BRICS como los miembros de G7 tienen que tomar medidas globales para que la actual crisis de los alimentos y los hidrocarburos no perjudique -aun más- a los sectores débiles del sistema internacional.

Alberto Fernández condenó la guerra ilegal de Rusia contra Ucrania en su ponencia ante los BRICS, pero cometió dos fallas discursivas: nunca mencionó a Rusia y a Vladimir Putin. Una omisión que fue voluntaria.

China es socia de Rusia y tiene una política global para apalancar sus intereses con las necesidades de los países pobres. Xi Jinping aprovecha la pobreza de las naciones para cooptar o condicionar su toma de decisiones de Gobierno, a través de la financiación de obras que se consideran indispensables.

Entonces, Alberto Fernández hoy deberá explicitar con qué potencias cree que se debe acotar la brecha entre naciones ricas y estados pobres. China utiliza su iniciativa El Camino de la Seda (One Belt, One Road) para cerrar las asimetrías Norte-Sur, mientras que el G7 anunció ayer un proyecto de colaboración global que prevé un presupuesto de 600.000 millones de dólares en cinco años.

La situación es binaria: Argentina tiene que optar entre El Camino de la Seda de Xi o la Asociación mundial para las infraestructuras (Partnership por Global infrastructure), que anunció ayer la Casa Blanca.

No hay posiciones intermedias. Ese era un método que los países podían aplicar en el orden mundial que Putin hizo colapsar con su invasión a Ucrania.

Biden en un almuerzo con líderes de América Latina dijo que “el riesgo de una Tercera Guerra Mundial es muy grande”. Alberto Fernández estaba allí, y el presidente de los Estados Unidos dejó en claro que valora la inteligencia que le aportó la CIA sobre este tema. Su proyecto de Asociación mundial para las infraestructuras va en esa dirección: bloquear la posibilidad de que el peso global de China termine beneficiando a Rusia.

Fuente La Unión Digital

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