Hay muchos tipos de turismo: ecoturismo y de aventura, artesanal y cultural, gastronómico y astroturismo, entre tantos más. Todas son opciones para descubrir y explorar en estas dos provincias del noroeste argentino que tienen lugares, costumbres y gente inolvidables.

En La Rioja se puede iniciar la aventura “ahicito nomas”, al decir de los lugareños, conociendo algo insólito: el encuentro de dos ríos que traen aguas de colores totalmente contrastantes, el Agua Negra y el Río Amarillo y que no logran fusionarse enseguida y corren varios metros separadas entre sí mostrando un cauce de dos colores. Este fenómeno se puede apreciar en Chilecito, localidad más importante de la región, rodeada por las sierras de Velasco y de Famatina.

Allí también se puede hacer turismo minero ya que el Cerro Famatina, a 4.600 msnm, fue uno de los distritos más importantes con producción de oro, plata, hierro, cobre y plomo, con la reconocida Mina La Mejicana. Para desarrollar esta explotación, a principios del siglo 20 se construyó un funicular de 35 km de longitud, hoy llamado “Cablecarril Mina La Mejicana” abierto al turismo, y que constituyó una de las mayores obras de ingeniería del mundo.

Al suroeste riojano hay un impresionante camino de cornisa con farallones de color rojo intenso, se trata de la Cuesta de Miranda, una ruta llena de escenarios maravillosos que comienza en su cruce sobre el río Miranda y finaliza en el Mirador de Bordo Atravesado, donde alcanza su punto más alto de más de 2.000 msnm. Para el intrépido y soñador, esta región es ideal para hacer astroturismo, observando los caminos de las estrellas en sus noches diáfanas.

El sistema vial andino Qhapaq Ñan, patrimonio mundial de la UNESCO compartido por Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, es una obra monumental que muestra el gran desarrollo de las culturas originarias y recorre La Rioja y Catamarca, entre otras provincias. Estos caminos preservan valiosos vestigios del pueblo inca en tanto algunos fueron adaptándose al desarrollo económico y social, y ofrecen las comodidades que el turista moderno requiere. Pero todo es ruta, montaña, paisaje y belleza.

Los volcanes, las lagunas y los salares son típicos de Catamarca, igual que su clima árido. Tal es el caso de “La Ruta de los Seismiles”, una de las zonas más elevadas de la Cordillera de los Andes, donde se encuentran 19 volcanes de más de 6 mil metros de altura, como el Inca Huasi, el Pissis, el Galán y el Ojo del Salado.

Su flora es desértica y escasa, lo que contrasta con las lagunas que tiene a su alrededor, hábitat de bellos flamencos rosados, que conviven con burros y guanacos. Para llegar hay que partir de Fiambalá, pequeña localidad recostada sobre la frontera con Chile, que ofrece, además de buena infraestructura y servicios, sus aguas termales curativas que permiten recuperar energías.

Allí hay que visitar el sitio arqueológico “Shincal de Quimivil”, ubicado en el departamento catamarqueño de Belén. Situado al noroeste de la localidad de Londres, se accede por la quebrada del Río Quimivil, a través de un camino de acceso que parte de la famosa Ruta Nacional N°40.

El Shincal fue construido y habitado por los incas en un territorio de los calchaquíes, en los siglos 15 y 16, y se enmarca en un paisaje extraordinario. Es interesante destacar que el noroeste argentino tiene la mayor proporción de los santuarios de altura del Imperio Inca. Además de conocer el complejo arquitectónico, se pueden apreciar y adquirir artesanías creadas por los artesanos locales, fieles custodios de la cultura originaria.

La Rioja y Catamarca, con sus valles y ciudades, sus imponentes cerros y volcanes, las hacen un destino ideal para el montañismo y los deportes extremos, así como conocer su rica cultura.

Fuente Infobae

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